Contestar al poder en los valores fundamentales: Vox y la derecha española

Se han vertido numerosos análisis sobre la cuestión del voto a Vox que corresponden a una metodología más cuantitativa. Esto es, datos. Análisis que se quedan, y los hace perfectamente válidos, en achacar el voto a factores como la corrupción, los impuestos, o que el PSOE se haya mantenido en el gobierno andaluz durante 36 años. Pero hace falta una aproximación mucho más terrenal al asunto. Desde luego, lo primero que debemos asimilar para entender el fenómeno de la derecha liberal de Vox es que no es un asunto de outsiders, ni de extraños.

Vox es un partido que recibe el voto de gente con una profunda ideologización por lo cultural; que beben de lo que algunos consideran franquismo sociológico, cosa errónea, y que no es otra cosa que la amalgama identitaria superviviente a la hegemonía cultural de, ahora sí, la Dictadura franquista. Si algo caracterizaba a la Dictadura en el apartado cultural era la retórica de defensa de los valores tradicionales de la familia y la moral religiosa, el sentimiento de pertenencia militante a una nación, y la seguridad. Estos elementos, que vertebran a Occidente y en gran parte a los países herederos de la Hispanidad, nunca fueron contestados por la izquierda española durante la Transición, ni después; a diferencia de lo ocurrido en América Latina, y de la izquierda de la Segunda República.

Son valores, núcleo de la identidad de buena parte de España, que han sido regalados a la derecha incluso con desprecio durante toda la democracia posfranquista de este país. Y esto resulta asombrosamente extraño, casi de marca personal de nuestra izquierda, porque somos, por raíces, herederos de una izquierda que pudo resistir durante tres años el envite fascista de la Guerra Civil del 36 precisamente por no haber regalado ninguno de los anteriores elementos a la derecha. Así, la derecha hoy no tiene la necesidad de guerrear en el campo con la izquierda porque no les está negando lo más profundo de los valores españoles, sino que se los está regalando. Pero fue esa negación, esa contestación de lo básico, la que en 1931 trajo a España la Segunda República y la que sostuvo la esencia misma de la democracia hasta 1939. Fue incluso, aunque indirectamente, la que pudo traer hace 40 años la Constitución del 78 tal y como la conocemos, y no de otra forma.

Con esa falta de negación y de lucha por los valores esenciales de muchos españoles, y volviendo al presente, tenemos hoy dos extremos sociológicamente verticales, por renta, propiedades, etcétera, de un mismo fenómeno: los que votan (y votarán) a Vox por arriba, y los que votan (y votarán) a Vox por debajo. Los 12 escaños andaluces del 2D son el resultado de un voto transversal, ahí tienen los datos; aunque se correlacionen más en el arriba que en el abajo; sumándose a la casuística propia de municipios como El Ejido, donde el voto a Vox, precisamente, tiene que ver mayoritariamente con la movilización más radical por una visión particular de los valores que antes dije, y sobre todo de la seguridad.

Por un lado, el voto por arriba no es nada nuevo. Esto se lo analizará cualquiera que también haya querido estudiar el voto en datos. Subjetivamente, este voto es heredero, casi de tirolina, de los que han seguido defendiendo el franquismo desde los primeros días de la muerte de Franco. Vox es liberal, y su mayor justificación para el voto por arriba está en la cuestión económica; a diferencia de otras derechas europeas para las que es justo a la inversa, y el factor económico justifica el voto por debajo de muchos.

Pero la cuestión fundamental está en el voto por abajo. Y es aquí cuando más sentido tiene mencionar que se hayan regalado a la derecha los valores, citándome, tradicionales de la familia, la moral religiosa, el sentimiento de pertenencia militante a una nación, y la seguridad. Valores y conceptos para los que la izquierda ha abandonado el conflicto de las hegemonías. Valores que no son solo de obreros y pobres, sino que son los más transversales. Y si la izquierda ha dejado de hablar de estos valores, la izquierda ha dejado de hablar para las mayorías.

Tal vez no haya pesado tanto lo económico directamente en el voto de Vox, porque Vox es un partido liberal (no promete la protección y el subsidio), sino que hayan sido cuestiones más de fondo, factores más abstractos, que explican en realidad todo tipo de votos. Y algunos intelectuales dicen que se ha perdido en Andalucía porque la izquierda es incapaz de luchar en el terreno al que “los medios” y también los partidos, según ellos, han llevado el debate; un terreno supuestamente en el que, si se lucha, la izquierda pierde. La misma izquierda posmoderna, que hoy no es otra cosa que valores abstractos e inmateriales (cuestiones de género, identidad personal, individualismo…), ¡dice que no puede luchar en un terreno de valores abstractos e inmateriales porque pierde! No hay palabras. No saben que lo que hay que querer no es no perder, sino crecer. No tenemos que no perder en ese terreno, sino que queremos ganarlo. Guste o no. Hay que luchar en ese terreno y contestarle los valores al poder hegemónico. Disputar valores que, gane o pierda el control político la izquierda o la derecha cada 4 años, están hoy por hoy en manos de los mismos que beben culturalmente de la Dictadura franquista.

Así, es primordial comprender la importancia de estos valores, pues son los que justifican el fondo del voto. Vox se ha hecho más fuerte de lo proyectado precisamente por vender un mensaje que atacaba en el terreno que la izquierda ha regalado. Lógico. Es fundamental entender que a Vox se le ha votado por defender una idea de nación, una idea de familia, y una idea de moral, justo cuando más falta hace, y por vender todo eso junto a la oferta de seguridad frente a la inseguridad económica y física.

Así, el voto de Vox en el 2D se ha dado principalmente por tres cuestiones derivadas de los valores que he repetido.

Por una parte, Andalucía es la región española, sin olvidarnos de Ceuta ni Melilla, más atacada por el paro; es la región que más necesita al resto de españoles en su camino por salir de los problemas que nos son también comunes a los demás. Es la comunidad que más necesita una identidad con España; lo que entra en conflicto con lo que ha ocurrido de las regiones ricas de España económicamente hablando, pues son las que promueven su identidad nacional sin España. ¿Qué ha hecho la izquierda? Vender un mensaje andalucista, de autosuficiencia imposible. Todo lo contrario, entonces. Primer problema.

La segunda cuestión tiene que ver con la familia y la moral, cuestión sobre la quiero dar solo un par de pinceladas. Todos tenemos una familia, todos queremos evitar el hambre y el frío, y todos queremos que los nuestros estén bien. Vox ha vendido un mensaje de defensa de la familia (a su modo), que se centra únicamente en el tipo de familia más común de España. Ha vendido un mensaje que apuntaba directamente a un tipo de familia que la izquierda ha olvidado cómo defender, haciendo entrar en el debate una idea de la defensa de la familia totalmente derechizado, pero coherente según su moral, que plantea resolver los problemas de muchas de las familias de España: divorcios y rupturas, imposibilidad económica de tener hijos y la cuestión moral del aborto, etcétera. La izquierda ha dado por afianzados logros como el derecho al aborto por sí solos, independientes, sin introducir directamente la cuestión en el problema económico de muchas familias para sacar adelante una familia y no tener que recurrir al aborto. Nadie se sorprenderá si digo que el aborto no es psicológicamente gratuito, y es algo que moralmente (palabra clave) afecta a las mujeres y familias que se ven obligadas a recurrir a ello por la cuestión que sea, por mucho que indiscutiblemente defendamos este derecho. Toda esta cuestión de la defensa de la familia y de la moral, como digo, ha sido olvidada y constituye uno de los factores básicos del voto a Vox de hoy y de mañana. Segundo problema, que además les hará crecer para las siguientes elecciones generales, y que les conecta a ellos con la extrema derecha europea; y a la izquierda española con el fallo también europeo de la socialdemocracia.

Y la tercera cuestión tiene que ver con la inmigración. Vox es xenófobo, pero se vende en clave de seguridad contra inseguridad. Los votantes de Vox no tienen por qué ser racistas, pero es seguro que, como toda persona, quieren seguridad en sus barrios, casas, y trabajo. Su mensaje consiste en querer hacer ver que la inseguridad que viven o perciben los habitantes de los municipios más receptores de inmigración tiene que ver con cuestiones inherentes a la inmigración y a las personas inmigrantes. Así, Vox y la derecha ofrecen seguridad a cambio de la inmigración. Y el mensaje de la izquierda tendría que ir en la dirección de ofrecer seguridad con y en favor de la inmigración. La oferta de seguridad es lo primordial, cosa que además resolvería muchos de los problemas de la izquierda no solo española sino europea. ¿Cuál es el mensaje izquierdista mayoritario en la cuestión de la seguridad? Ninguno. Se obvia. Se pasa por encima y se ignora. Tercer problema.

Y hay otras muchas cuestiones que quedan fuera, pero a mi ver lo que más ha marcado el voto de Vox del 2D, y para el futuro, tiene que ver con unos valores fundamentales, clave, que la izquierda ha dejado de batallar en el terreno hegemónico: la idea de nación, la defensa de la familia y el factor de la moral, y la oferta de seguridad.

Politólogo por la USAL.
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