La cuestión de la inmigración: una mirada escéptica

El momento actual sobre la inmigración ha estado convulso, el que fuera Coordinador General de Izquierda Unida Julio Anguita hace unos meses hizo unas declaraciones sobre la inmigración que muchos de los miembros de sus filas criticaron duramente. El lleno de Vistalegre de Vox, el resultado de las elecciones andaluzas del 2D, y el auge de partidos anti inmigración por toda Europa hacen que sea el momento de que la izquierda europea tenga un debate sosegado sobre el fenómeno de la inmigración, sus causas y sus consecuencias. Pero llevamos décadas de repliegue moral en temas como el de la inmigración o la religión, convirtiendo ciertos temas en tabúes que solo pueden ser pronunciables para seguir en el mismo análisis simplista sin profundizar.

Podría resumir los tabúes que actualmente acumula la izquierda en torno a esta cuestión en:

  1. La comparación de los “valores europeos” con el colonialismo eurocéntrico. Que Europa se ha beneficiado de las colonias y ha explotado medio mundo es un hecho, no puede ser negado ni por la izquierda ni la derecha. Pero el debate actual debe ser actualizado por la izquierda, no podemos seguir hablando de capitalismo y eurocentrismo como si fuesen lo mismo, porque el neoliberalismo se ha demostrado capaz de adaptarse a todo tipo de culturas. Podría incluso decirse que actualmente el capitalismo europeo puede tener una cara progresista mientras mantenga esa posición abierta a la diversidad cultural. Además que muchos de los anteriormente mencionados “valores europeos” (Estado del Bienestar, igualdad ante la ley, derechos humanos) bien articulados podrían ser críticas al actual estado de la Unión Europea y el capitalismo inherente a ella.
  2. Que cualquier crítica hacía el Islam sea tachada de islamofobia o racismo. Frente a la tradición laica de la izquierda vemos como las posturas del progresismo internacional (desde el partido demócrata americano hasta partidos de la izquierda europea) actual tienden a luchar por el reconocimiento de más religiones en las escuelas. La izquierda se enzarza en un debate moral en el cual hechos que en Europa se desprecian en países de mayoría musulmana se justifican entorno a un supuesto respeto a la religión y tradición ajena. Ese repliegue hace que posturas radicalizadas ganen terreno frente a la impasibilidad de la izquierda que no quiere ofender ese sentimiento religioso, es por ello que cuanto más tolerante se es con que el Islam gane terreno en el ámbito de la educación más fuerte se hace y puede optar a defender posiciones más radicales. Por último otra forma de apoyar este tipo de religiones minoritarias es decir que son contrarias al capitalismo y por ello son aliadas de la causa socialista, algo que es una premisa falsa desde el principio (véase Emiratos Árabes Unido, que está totalmente integrado en el capitalismo).
  3. La banalización del término fascista. Este tabú es el más nocivo, debido a que se basa en un desconocimiento o manipulación, que en muchas ocasiones es contraproducente para el que pronuncia esos improperios. Proteger el modo de vida que llevamos es fascismo, o al menos una versión light de xenofobia. La estrategia que suele llevar a cabo la izquierda es cuando un derechista (conservador, populista de derechas o fascista) produce una idea sobre la inmigración y/o religión se posicionan totalmente en contra, entonces hay que defender lo más alejado a lo anteriormente mencionado. Esto es palpable en muchos debates sobre la religión islámica en la cual los conservadores se oponen a su entrada en la educación y los progresistas liberales actuando por contraposición la apoyan. Los progresistas, en vez de haber defendido que el populismo de derechas es más nocivo que ciertos grados de inmigración controlable, ha optado por el camino moralista en el cual se critica toda postura que no sea la suya (al igual que los populistas anti inmigración) y han polarizado el debate, lo peor aún es que no tienen una solución diferente a las anteriores, pero tampoco pueden comentarlas de manera explícita ya que no gustaría a sus votantes.

Creo que todos vemos como una tragedia que los jóvenes con mayores estudios (principalmente pagados por el Estado mediante becas) europeos se vayan a Alemania a trabajar. Estas personas, que suelen ser las que lideran cambios en muchos aspectos de la sociedad y de las ciencias se marchan fuera, y es triste ver como el dinero público invertido en ellos repercute en beneficio de otros países.

Lo que me cuesta comprender es que muchas de esas personas que se oponen a que esto ocurra en Europa, no se oponen cuando ocurre de África hacia Europa. Y que no se me malinterprete, no estoy pidiendo devoluciones en caliente ni salvajismo policial, porque si estas personas ya están viniendo no podemos hacer otra cosa que ayudarles y darles el trato que merecen como personas que son. Pero parece que los que critican a los que nos cuestionamos estos fenómenos migratorios critican menos a los dirigentes que con supuesta bondad y humanitarismo los deja abandonados en guetos y con problemas de documentación, con la consiguiente explotación laboral que eso conlleva y la competición desigual en salarios.

El plan de los progresistas es dejar que los inmigrantes entren sin pararse a pensar si son capaces de atenderlos y darles una cobertura pública como es debida, que es lo que ocurre en la actualidad en muchos países. Esto frente a lo que los conservadores piden tiene muchos efectos similares en los inmigrantes.

Ahora hablemos de sobre qué cosas no están pensando los progresistas cuando claman puertas abiertas:

  • Número de inmigrantes. Normalmente ambas posturas tienden a manipular los datos de inmigración, y voy a explicar como lo hacen. Por un lado los conservadores y populistas tiran de calificar de invasión y a inflar las cifras o incluso inventárselas, además de decir que al llegar les han dado dinero, un móvil y cualquier cosa que se invente el columnista antiinmigración de turno.
  • Por otro lado los progresistas cogen datos normalmente correctos, pero los comparan con el conjunto de la población, como si esas personas fueran a repartirse igualitariamente por todos los territorios, cuando no es así. Las personas que emigran de África tienden a acabar en las zonas más deterioradas de las ciudades, en estas zonas se sustituye a su población de origen por personas que no tienen apego por la zona. Los especuladores se frotan las manos porque así los barrios se deterioran más rápido y pueden comenzar sus planes de gentrificación y maximizar sus beneficios, a costa de sufrimiento tanto de nativos como de inmigrantes que han acabado en los barrios más pobres del país. Todo esto a pesar de que normalmente los inmigrantes que vienen están formados y en edad de trabajar, pudiendo optar a un trabajo, pero de su desesperación económica nace el beneficio de cualquier empresario desalmado, es por ello que suelen acabar trabajando en trabajos para los que tienen una cualificación superior.
  • El papel que las mafias juegan. Gran parte de los inmigrantes han contactado con mafias, grupos sin escrúpulos que cobran sumas indecentes por transportar en embarcaciones precarias a gran cantidad de población. Una vez salen de las costas de Libia normalmente acaban a la deriva en el mar y estos grupos llaman a las fuerzas marítimas de las aguas en cuestión para que los recojan y hagan la otra parte del trayecto, no siempre es así, pero las mafias lo tienen todo atado, mueran o sobrevivan en el trayecto no van a volver así que el trato que les dan es inhumano. Aquí podríamos hablar como la inmigración desde estos países del norte de África, en especial Libia, y por otro lado Siria tienen relación con las intervenciones militares occidentales y los efectos de muchas multinacionales que en estos países actúan, por los cuales ningún gobernante europeo va a rendir cuentas.
  • Pensar que los inmigrantes tienen una opinión unánime positiva de la inmigración. Muchos progresistas piensan que los inmigrantes votaran por ellos si facilitan la llegada de inmigrantes, lo que no saben es que una vez llegan y se asientan tienden a volverse conservadores y rehuyen de estas posturas. Es un tema mucho más complejo de cómo los progresistas lo han planteado

Quiero rescatar a Thomas Sankara y a otros luchadores por un África soberana, socialista y autosuficiente. Todos estos líderes criticaron que los procesos migratorios extirpaban parte de la sociedad más preparada a sus países de origen perpetuando situaciones desiguales. Me gustaría saber qué pensaría Lumumba al ver la Crisis de Refugiados Sirios o Sankara sobre  los procesos de inmigración de Libia, y que opinarían ambos de todos esos jóvenes progresistas de clase media celebrar que parte de la población africana emigre después de haberse preparado intelectualmente allí.

Antes de acabar querría hacer una síntesis de lo pantanoso que es el debate. Los conservadores están dando discursos anti inmigración y criminalizando a los inmigrantes para crear inseguridad y anular la capacidad de lucha de los inmigrantes, de esto se aprovechan las empresas para maximizar sus beneficios. Por otro lado, los progresistas apelan mas a los sentimientos, debemos aceptar a los inmigrantes porque somos occidentales, y por consiguiente los causantes de su situación. Esto desembocaría en la competición laboral de personas nativas españolas, extranjeros ya asentados y los que llegan, compitiendo y viéndose como enemigos, desembocando en una pelea de pobres. Esta es la obra maestra del capitalismo, cuando las luchas son entre personas pobres y no contra la élite, la victoria de los poderosos esta ya asegurada.

Por tanto podemos ver que el capitalismo, como sistema económico no ve en la inmigración un problema, y que si este es capaz de criminalizarla se beneficiará aún más de ella, se alimenta de ella. Debemos ver entonces si es el capitalismo el principal problema existente y si reemplazarlo por un sistema económico distinto sería una opción viable para resolver este asunto.

Por último, con este artículo lo único que se busca es que el lector reflexione, que trate de percibir los costes y beneficios que la inmigración aporta, también  qué partidos se encajan en cada bloque ideológico explicado. Siendo muy optimista, también para que salgamos del conformismo ideológico y podamos tener un debate pausado sobre el asunto, porque esta es la tarea de este medio de difusión: construir un pensamiento crítico innovador que sea capaz de reinterpretar fenómenos que están en el debate público dominados por la interpretación fácil.

Por Manuel Buñuel – @Mbunleo en Twitter

Politólogo, graduado en Sociedad, Administración y Política por la Universidad Pablo de Olavide
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