Notas crítico-analíticas sobre la abstención electoral

Este artículo ha sido redactado a partir de ciertas ideas que ya estaban plasmadas de manera caótica y germinal en un texto publicado hace dos semanas en Contracultura (“Apuntes sobre las elecciones, la no-democracia, la abstención y la reacción”). Para su elaboración se han tomado algunas de esas nociones pre-elaboradas y profundizando en ellas se ha intentado desgranar, complementar, desenmascarar, complejizar y estudiar la idea de la abstención.

La intención del texto no radica en pretender promover directamente y en abstracto el boicot activo al juego parlamentario, sino en analizar desde distintas perspectivas y enfoques todas las aristas que atraviesan la abstención (desde qué grupos sociales históricamente han tendido en época democrática a participar negativamente en las elecciones hasta el papel y el impacto que dicho acto -el de abstenerse- juega en la correlación de fuerzas partidista y en la política, entendida ésta como proceso).

– 1. Papel de las elecciones en la estructuración política del capitalismo tardío:

Prensa, televisiones públicas (nacionales, autonómicas) y privadas, medios de comunicación digitales, periodistas a título personal, todos se aúnan y se postulan conjuntamente como centros de irradiación, de la capital importancia que presenta participar con el voto en la próxima sucesión de elecciones (generales, autonómicas-municipales, europeas). Por su parte, el conglomerado de partidos políticos institucionales insertados en el engranaje parlamentario y en la vorágine electoral reclaman a todos los ciudadanos a que introduzcan una papeleta (del color que sea, no importa) dentro de una urna.

En los debates, análisis, mítines, barómetros y estimaciones la gran olvidada (de manera intencionada) es la abstención (que recordemos fue la decisión y opción mayoritaria, con un 41% y superando a cualquier otro partido, en las últimas elecciones andaluzas). El discurso que se está armando (enfocado en suscitar la mayor participación posible sin importar qué partido sea el apoyado) demuestra dos cosas: 1)  la necesidad que impera en el sistema de disminuir al máximo la abstención (la cual se mantiene conscientemente dentro de lo indecible y del no-valor), y 2) la pretensión de los poderes fácticos de reconstruir al individuo como sujeto político pasivo tanto frente a las elecciones (en este caso concreto) como frente a lo político (en términos generales).

Como acertadamente indicó Lenin a principios del siglo pasado en varias de sus obras, los Estados capitalistas contemporáneos tienen dos medios de perpetuar su existencia, reproducirse y permitirse su continuidad. La primera sería a través de la violencia, de la represión directa y sistemática. En la actualidad es la más atípica (aunque en ciertas ocasiones los aparatos represivos del Estado, como monopolizadores de la violencia que son, se ven “obligados” a hacer uso de ella -aplastar movilizaciones, manifestaciones, intentos de paralización de desahucios-). Esta represión totalizadora y a todos los niveles (desde el ámbito público hasta el privado-íntimo) se hace necesaria cuando el velo democrático se ha desenmascarado, cuando la crisis de representación es tan radical que peligra la sustentación de lo establecido (véanse las distintas dictaduras que han sido instauradas en el pasado). Pero no es una manera muy efectiva de facultar la prosecución del sistema político, de ahí su inestabilidad, fragmentación y poca durabilidad (para hacerse extensivo y conservar el poder político tiene que coaligar este proceder con otros).

La segunda manera, es mediante la legitimidad. El poder político que ostentan el gobierno y los partidos políticos es percibido y aceptado como legítimo, la obediencia ciega de las masas posibilita que el sistema perdure. Gracias a esta rutina inmóvil, falta de conciencia, desorganización de las masas, reconocimiento acrítico de lo establecido, en definitiva, gracias a la confianza inconsciente del pueblo, las clases dominantes se permiten seguir dirigiendo el entramado político sin necesidad de recurrir como dinámica continuada a la coacción violenta y sin encontrar una oposición verdaderamente efectiva. Esto no implica que la violencia haya desaparecido, pues esta recorre el sistema y a veces sigue re-mostrándose, pero es sustituida por la amenaza del uso de ella y la legitimidad.

Y es en este punto, el desarrollado en el párrafo precedente, donde entran las elecciones. Éstas actúan como mecanismos que proporcionan legitimidad a los desemejantes gobiernos (al régimen político), y los ciudadanos que en ellas participan proceden como meros sujetos que refrendan ese poder político que ya ostenta el conglomerado oligárquico de partidos políticos -de tipo burgués- (constituyéndose el poder de arriba a abajo). A este respecto, y apuntándolo ya de manera iniciática, la abstención activa y crítica tendría como intención deslegitimar tanto al gobierno saliente como al proceso de elección, al sistema parlamentario-institucional, al entramado jurídico-político, etc. Es decir, no se afirma que la participación negativa presente (como acto aislado en si) potencialidades innatas o resultados inmediatos, el objetivo (de quien a esta opción se adhiere) es mostrar rechazo, generar debate y cuestionamiento y subordinar esta actitud a la construcción de aquel movimiento que arrastre consigo (superando y aboliendo) toda la vieja sociedad para acabar constituyendo un Nuevo Reordenamiento de lo real. Y algo debe ser recordado, el carácter social del gobierno de turno no está determinado por las buenas intenciones que tenga, sino por el carácter de clase del (y el tipo de) Estado vigente.

– 2. Tipos de abstenciones:

La abstención puede darse por razones y motivaciones muy diversas (esta ordenación que presentamos a continuación está realizada a partir de un texto clásico de Manuel Justel): 1) técnica o forzosa, 2) antisistema, 3) protesta, 4) perplejidad, 5) ineficacia del voto, 6) desencanto o retirada y 7) falta de opción. En el siguiente párrafo pasaremos a desglosarlas para tratar de edificar una imagen mental de las propiedades de cada una.

  1. Alguien que en principio quería votar pero que por diferentes razones se ha visto imposibilitado para ello (ya sea por enfermedad, edad, problemas con el censo, incompatibilidad de las fechas, etc.). Sería una no-abstención.
  2. Posición marxista o anarquista. Rechazo frontal de las reglas de juego a todos los niveles. Se critica al sistema político-institucional por actuar como garante del poder económico.
  3. Forma de posicionarse contra la coyuntura política que en ese determinado momento se está dando.
  4. Incomprensión de la política. Incapacidad para entender el desarrollo político.
  5. De manera racionalista, atendiendo a las implicaciones que un voto puede representar, el sujeto considera que su participación no posibilita como acto aislado que se genere nada.
  6. Sujeto despolitizado, pasivo. No cree que los problemas puedan ser resueltos a través del voto.
  7. El partido político del individuo en cuestión no se presenta (ya sea por temas legales, véase la izquierda abertzale en su momento, o por pertenecer al ámbito de partidos extraparlamentarios).

Esta descomposición de los abstencionistas puede re-estructurarse en tres tipos: técnica, apática y activa-crítica. La diferencia entre los dos últimos estriba en el carácter proactivo del tercer modelo. Quien se abstiene activa-críticamente no ve las elecciones como el fin último, ni la acción de no participar en ellas como un hecho que presente potencialidades per se, lo vital para dicho sujeto es aquello que se realiza el resto del año (articulación de la crítica constante al sistema establecido, la organización, la movilización continua, es decir, la política entendida como proceso y el individuo como sujeto que interfiere en la historia conscientemente). Aunque la realidad en este sentido es bastante negativa, y la mayoría de los abstencionistas se sitúan a caballo entre el segundo y el tercer tipo. Esto es, intuitivamente, de manera empírica, de forma pre-reflexiva asumen que la política institucional, que el voto que lleven a cabo no tiene la facultad de cambiar su cotidianidad (que apoyar a cualquiera de los partidos no va a servir para que sus condiciones de existencia se modifiquen), pero este pre-análisis no se transforma en un estadio superior, se queda estancado en la despolitización y falta de movilización. Lo realmente interesante pasaría por trasladar, a través de la polítización y la toma de conciencia, a esa masa apática hacia posturas proactivas (convertir la intuición viva en pensamiento abstracto y éste en práctica).

– 3. Evolución histórica de la participación de los españoles en las distintas elecciones:

No se entendería un texto sobre la abstención sin exponer el estudio y el examen de la evolución que ha tenido la participación en los diversos procesos electorales. Para ello de manera breve, extractada y sintética tomaremos en consideración una serie de datos con el fin de mostrar ciertas tendencias.

Ilustración 1: Fuente: “Las Elecciones Generales en España, de 1977 a 2016”, publicación llevada a cabo por el Ministerio del Interior

Teniendo en cuenta la gráfica de la “ilustración 1” constatamos que la participación ha ido decayendo de manera paulatina tras los primeros años del siglo XXI (siendo los datos de las generales y las europeas los más bajos hasta la fecha). La abstención, en los plebiscitos a puestos políticos dentro del Estado, supera, tanto a nivel local como autonómico y general, el 30% (situándose a la par de las cifras de otras naciones europeas occidentales, como Alemania, Reino Unido, etc.). A destacar es la cada vez menos disposición de la ciudadanía a interferir en las elecciones europeas, concurriendo en las de 2014 menos de la mitad del censo electoral (de 1987 a ahora el dato de votantes se ha visto notablemente mermado, dándose una bajada de 25 puntos porcentuales).

Esto demuestra el poco valor que otorgan los españoles a la capacidad de influenciar (o determinar los acontecimientos) que tiene el voto en una instancia supranacional tan determinante como la Unión Europea. Y este dato no es sólo una especificidad española, la media de la participación en todos los Estados que conforman la UE llega a un escaso 43%. ¿Cuáles son los motivos? ¿La in-competencia ideológica? ¿La imposibilidad de esperar que se constituya una alternativa? ¿La desinformación en cuanto a la labor que ejerce el Parlamento europeo? ¿La incomprensión del papel que Europa juega en nuestra cotidianeidad? Las preguntas son muchas, y la respuesta probablemente recorre todas ellas, pero algo falla (a pesar del silencio que rodea todo esto) si menos de la mitad de los ciudadanos deciden no participar en unas elecciones (manifestándose la incapacidad de este mecanismo para funcionar como representación del “pueblo”).


Ilustración 2: Fuente: “Las Elecciones Generales en España, de 1977 a 2016”, publicación llevada a cabo por el Ministerio del Interior

Esta segunda imagen nos otorga la facultad de comprobar el progreso histórico que la participación ha tenido desde las primeras elecciones generales (finales de los 70, principios de los 80) hasta las últimas de 2016. Por un lado, al fijarnos en la figura de arriba a la izquierda advertimos que en 1982 únicamente en la Comunidad Autónoma de Galicia los votantes descendían del 70%, en el resto del país los datos rondaban en torno al 70-80%, eligiendo representantes más de ocho de cada diez personas en la mayor parte del territorio. Por otro, tomando en consideración la última representación verificamos el notable ascenso de la abstención, mientras que antes rondaba el 20-30%, ahora llega a situarse en el 35%. Y si rescatáramos el resto de las imágenes correspondientes a la concatenación de elecciones generales que ha habido en España nos cercioraríamos de que la intervención de los ciudadanos ha tendido a decaer.

– 4. El prototipo abstencionista (configuración sociológica):

Para llevar a cabo esta parte del artículo es pertinente plantearse una serie de cuestiones: ¿qué estratos sociales son aquellos que de manera mayoritaria han tendido y tienden, elección tras elección, a abstenerse? ¿qué características sociológicas y políticas presenta el abstencionista? ¿cuáles son los factores (hábitat, ideología, estatus, etc.) que influyen en la participación política? ¿cuál es el tipo de perfil de aquellos que tienen cuantitativamente más propensión a votar? Intentaremos hacer una pequeña aproximación a la cuestión respondiendo a dichas preguntas a través de la extracción de diversos datos, ideas y reflexiones ya planteadas por otros autores, y también mediante la generación propia de contenido.


Ilustración 3: “Análisis de los factores determinantes de la abstención electoral en España”, de Luis Castellanos, Emilio Costa y Montserrat Díaz

Hay ciertos elementos individuales (estado civil, sexo o condición religiosa) que al presentar poca incidencia no permiten explicar la participación, en cambio la variable autoubicación ideológica si actúa como condicionante (y por ello nos adentraremos en ella). Como comprobamos al observar la ilustración precedente cuanto más se acercan las fechas de las elecciones a la actualidad más se percibe el binomio identidad de (ext)-izquierdas y abstención. Los electores que ideológicamente se sitúan en la derecha tienden a votar más. Ajustándonos a los años de las elecciones del 93, 96, y 2000 esto puede darse por dos razones: descontento hacia el PSOE (crisis de identificación el partido mayoritario de izquierdas) e interés porque un partido como el PP arrebatase el poder y sacase de las instituciones al gobierno de Felipe González. Más adelante confirmaremos la continuación de esta tendencia hasta el presente.

Antes de empezar con los condicionantes económicos deben ser expuestas dos consideraciones acerca de los factores explicativos: 1) la edad del elector también influye, siendo los jóvenes y los ciudadanos de más de 65-70 años los que más escogen la abstención (el tipo de perfil más interactivo sería el individuo entre los 30 y 50 años), y 2) dependiendo del hábitat de residencia encontramos alteraciones en el nivel de voto (en los territorios con menos habitantes, quizá debido a la presión social, el residente acude más a las urnas).

Ilustración 4: Fuente: “Análisis de los factores determinantes de la abstención electoral en España”, de Luis Castellanos, Emilio Costa y Montserrat Díaz                                  

La hipótesis principal que manejamos y que será corroborada a lo largo del texto es que la situación económica del elector es el aspecto que más influye en su decisión de acudir (o no) a las urnas. En la gráfica de la cuarta imagen aparecen interconectados los porcentajes de participación y la renta familiar disponible per cápita. Estos datos corresponden a las elecciones del 2000. Tal como advierte la figura 4, mientras que aquellos con una situación económica muy favorable (+ 6010€) acuden en masa a votar, cuanto más disminuye el nivel de renta más se acrecienta la abstención. En esta época la correlación entre ambas variables era palpable pero todavía débil, y es en la medida en que pasan las fechas electorales cuanto más acusada se convierte esta tendencia (especialmente tras la crisis del 2008, la cual genera tal miseria que agudiza la distancia que separa a los distintos estratos sociales).

Ilustración 5: Fuente: “Análisis de los factores determinantes de la abstención electoral en España”, de Luis Castellanos, Emilio Costa y Montserrat Díaz

A colación de lo ya precisado, comprobamos en los indicadores de esta quinta ilustración que la autoubicación social también interfiere en la voluntad que el individuo presenta de apoyar o no a alguno de los partidos institucionales. Los sujetos pertenecientes a una clase social media-alta participan en mayor medida que las personas autoubicadas socialmente en las escalas más bajas (habiendo en este caso concreto 6 puntos de diferencia).

Ilustración 6: Fuente: “Los excluidos también pueden votar: abstención y exclusión social en España” y “Urnas vacías en los suburbios de las ciudades”, de Braulio Gómez y Manuel Trujillo

Prosiguiendo con el componente económico aquí se entrelazan las zonas con manifiesta exclusión social y la no-participación del habitante. En esta ilustración (sexta), por un lado, a la izquierda, aparecen los 15 barrios con la abstención más elevada de las elecciones generales de 2008, y por otro, a la derecha, se halla el ranking de las secciones electorales más abstencionistas de las elecciones municipales de 2015. Ambas tablas nos señalan un punto muy claro, en los distritos con una exclusión social muy marcada (paro masivo, pobreza generalizada, elevada inmigración, falta de infraestructuras y servicios públicos, etc.) la abstención llega a ser crítica. En zonas como la Cañada Real, el Polígono Sur o Vallecas solo votan una o dos personas de cada diez, el resto, la gran mayoría de la población, no acuden ese día al colegio electoral. Debido a lo cual, y tomando como referencia tanto el año 2008 como el 2015 podemos ratificar la potencial correlación existente entre una participación muy escasa y las zonas con una exclusión social extrema.

Ilustración 7: Fuente: “Los hogares más pobres votan menos: hasta 10 puntos de diferencia en los distritos con más y menos renta de Madrid”, de Raúl Sánchez y David Noriega; y “Paro y voto: ¿afecta al voto la experiencia del desempleo?”, de Miguel Caínzos y Carmen Voces

Hemos apuntado al principio de este apartado que la hipótesis central de nuestro análisis se basa en afirmar que el factor principal de determinación de la participación electoral es la situación económica del sujeto adscrito al censo electoral. Las figuras de la “Ilustración 7” siguen demostrando estos patrones a través de dos formas: 1) en la Comunidad de Madrid (y también dentro de los límites de la propia ciudad) la abstención oscila en 10 puntos entre aquellos que viven en los distritos y municipios con más y menos renta, y 2) la diferencia entre tener o no trabajo influye en el hecho de participar en las elecciones (en las elecciones de 2011 los parados se abstuvieron entre 5 y 10 puntos más). Dicho de otro modo, y repitiendo lo ya expuesto, tanto el tramo de renta como el estar o no inmerso en el mundo de trabajo condiciona la participación en las elecciones (peor situación socioeconómica menos tendencia a votar).

Ilustración 8: Fuente: artículo “De espaldas a las urnas” de Kiko Llaneras para El País

Si nos retrotraemos a las elecciones generales de 2016 y concretamente a la ciudad de Bilbao, tal y como se puede percibir en la foto, comprobamos cómo la participación más alta estuvo concentrada en los distritos emplazados en el centro (Gran Vía e Indautxu, entre un 75 y un 83 por ciento). En cambio, cuanto más nos alejamos del núcleo residencial de Bilbao y llegamos a la periferia, más se eleva la abstención. En los barrios de Rekalde o Zorroza (considerablemente precarios) sólo entre el 55 y el 60 por ciento de los ciudadanos optaron por votar, mientras que en zonas donde la exclusión social está altamente extendida (Otxarkoaga – con un paro que suele doblar al de otros términos de Bilbao-, o Txurdinaga) la participación rondó entre el 45 y el 57 por ciento.

Ilustración 9: Fuente: Anuario socioeconómico Bilbao 2016

Para hacernos una representación mental muy clara de lo que comentábamos en el párrafo precedente vamos a relacionar y cruzar los datos participativos (imagen 1) y los económicos (imagen 2). La renta familiar media en un barrio como Otxarkoaga en 2015 era de 21.935€ (con un 40-50% de participación), en Indautxu, por el contrario, la renta promedio de la población que habita en dicha zona llegaba a 70.795€ (acudiendo a votar el 75-80% de los electores censados). Vemos, por tanto, que cuanto más disminuye la renta disponible (individual y familiar) más se reducen también los datos de aquellos que toman parte “positivamente” en las elecciones (llegando a haber una diferencia de 25-30 puntos porcentuales). De tal manera que, por un lado nos encontraríamos con distritos como Bilbao la Vieja (55-60% y 26.000€), La Peña (60-65% y 29.000€), Uretamendi (51-60% y 21.748€) o Iturrigorri-Peñascal (55% y 21.600€), y por otro lado hallaríamos territorios como Abando (72-75% y 72.702€), Castaños (75% y 59.000€), Ciudad Jardín (70-75% y 48.000€) o el ya mencionado Indautxu (75-83% y 70.000€).

Ilustración 10: Fuente: artículo “El 15% del voto de Vox en Andalucía viene de la izquierda”, de Marisa Cruz para El Mundo

Para proseguir con nuestra re-construcción del retrato robot del abstencionista debemos situarnos en las últimas elecciones que han tenido lugar en España, concretamente en la comunidad andaluza (las autonómicas de 2018).  La participación (58,65%) fue la segunda más baja de toda la historia democrática tras la de 1990 (que no llegó ni al 55%). Respecto a las anteriores el voto bajó 5 puntos, y si cogemos como referencia las elecciones de 2004, introdujeron su voto en las urnas un 17% por ciento menos de personas (un dato a tener en cuenta). ¿Qué se esconde tras esa bajada drástica de la participación? ¿Peores condiciones socioeconómicas? ¿Crisis de identificación con el sistema, los partidos y/o los proyectos políticos? ¿Desapego hacia las instituciones, desafección democrática, actitud crítica con el régimen político? Sin entrar en profundidad a analizar los porqués, y teniendo en cuenta la existencia de una abstención continua apática, es la mezcla de todos esos factores los que intervienen en la fluctuación de la participación.

Previamente hemos comentado que aquellos sujetos que se autoubican en los parámetros políticos de la izquierda tienden estadísticamente y en mayor medida a no acudir a las urnas. En el caso andaluz esto se confirma. Tres cuartas partes de la abstención provienen de individuos que en las anteriores elecciones habían depositado su confianza en el PSOE, Podemos o Izquierda Unida. Es decir, (y respondiendo en cierta medida a las preguntas antedichas) personas que, en su momento, -ante la perspectiva de un posible cambio-, decidieron votar a estos partidos, el año pasado ya sea por desesperanza hacia el desarrollo de estos proyectos políticos, por pérdida en la creencia del alcance decisivo del voto o por falta de identificación optaron por dejar de secundarles. Y se puede afirmar también que. en esta ocasión, en la reordenación y correlación de fuerzas políticas la abstención jugó un papel predominante.  

De tal manera que, y acopiando todo lo señalado hasta ahora, el “tipo ideal” (el perfil) de abstencionista (estableciendo esto como representación, no como traslación pura) sería aquel que ideológicamente esta autoubicado en la izquierda o extrema-izquierda, con una renta media inferior a la media, en situación de precariedad y con un estatus socio-económico bajo. El hecho de que la participación baje o suba está altamente relacionado con la coyuntura política (desgaste de los partidos, desencanto democrático, estancamiento político, hartazgo, repetición, sobreexposición, etc.) y con las condiciones y el contexto económico (crisis cíclica del capitalismo, aumento del paro, expansión de la miseria, “recuperación” económica, subida de los salarios, etc.).

Aunando todo lo que hemos venido apuntando en este apartado, y aunque las características individuales (sexo, estado civil, confesión religiosa, etc.) tengan cierto impacto (la edad es la única variable influyente), se puede manifestar que son las condiciones políticas y económicas los agentes más relevantes en la fluctuación de la participación política (los que determinan y explican la abstención).

– 5. ¿Qué hacer en las elecciones?

Este tipo de preguntas son falsas preguntas en la medida en que establecen como preferente lo que ese día en concreto se haga, desplazando toda la importancia a un acto aislado y específico. La cuestión medular no es qué hacer el día particular de las elecciones, sino cómo actuar el resto de los días, qué proyecto construir (y cómo se contribuye a ello) durante todo el año, qué discurso verdaderamente contrahegemónico articular, etc.

Al día siguiente de las elecciones, sea cual sea el resultado e independientemente de quien pueda ostentar el cargo de presidente de gobierno, la explotación creciente del modo de producción capitalista va a persistir (y esto es lo que realmente hay que recalcar y tener presente). Más allá de que une acabe votando por tacticismo o absteniéndose, lo fundamental reside en no ver las elecciones como un fin en sí mismo, en desmitificarlas, y en seguir perseverando en la articulación de una política emancipatoria (esta formulación puede sonar idealista para aquellos que sólo ven el hoy, sin entender que lo que hay que conquistar es el mañana).

Esto es, la reproducción de la miseria, la explotación capital-trabajo asalariado, la omnipotencia del poder económico, la actitud imperialista del Estado, la represión a cualquier intento de cuestionar el statu quo, la subyugación de la precariedad, la expansión del relato reaccionario va a seguir existiendo antes y después del día de las elecciones, y nuestra posición, por muy pragmática que sea (abstención o voto), como acto individualista, no va a cambiar esto. La política no puede ser vista como un hecho aislado o como una concatenación caótica y sin sentido de actos defensivos, debe entenderse como un proceso compacto, móvil y estructurado que dirija a las masas hacia su emancipación real y efectiva.

– 6. Consideraciones finales:

Sintetizando la parte más analítica del texto se pueden extraer una sucesión de ideas: 1) los datos y las cifras expuestas nos revelan que en los últimos años la participación política ha sufrido un considerable descenso, 2) siendo esta caída extrapolable a las distintas elecciones, son las europeas las que menos movilización política presentan, 3) la abstención puede darse de tres formas : forzada, apática y activo-crítica, 4) los factores que más influyen en la oscilación de la abstención son (principalmente) los aspectos económicos (nivel de renta, mayor paro y precariedad, momento de crisis cíclica del capitalismo, etc.) y la situación política (poca competición entre proyectos, desgaste de los partidos y un largo etcétera), 5) de las variables individuales la única que explica la oscilación de la participación es la edad (la juventud participa en menor medida), 6) la autoubicación ideológica del sujeto condiciona su posible intervención positiva en las elecciones (los individuos que en el eje político clásico se sitúan en la izquierda se inclinan en mayor medida por no votar) y 7) cuanto más se eleva el grado de miseria social y económica menos electores intervienen el día de las elecciones (llegando a darse una abstención crítica en las zonas que sufren un alto grado de exclusión social).

En definitiva, y tratando (de manera personal) de confrontar con el discurso que comienza a hacerse preeminente, abstenerse o votar de manera in-activa nos retrotrae al punto de partida, lo sugestivo es la lucha y el esfuerzo por conquistar la hegemonía ideológica y política que rodea a todo esto, lo prioritario es la articulación (y re-apropiación) de un discurso que despierte al individuo de su postración pasiva ante la realidad, que le suelte de las garras de la ideología dominante que le tienen preso y en una situación inerte.

Frente a esos alegatos agónicos de youtubers famosos, de actores conocidos, de cuentas en redes sociales con muchos seguidores, que instan a votar sin encuadrar esto en ningún análisis, sin preocuparse el resto del año por las condiciones de las masas más precarias, debemos ostentar la crítica como arma ideológica, la crítica al parlamentarismo, a los distintos partidos y su fraseología vacua, al sistema económico y a la máquina estatal que la sustenta.

El fin de todos ellos (de los representantes -y garantes- del poder) es el de constituir sujetos políticos pasivos que en el terreno político exclusivamente se dediquen a dar su voto cada cuatro años sin replantearse absolutamente nada, y ante esto, aun cuando implique ir a contra corriente, debemos separarnos del corto-placismo “prágmático” profundamente liberal y estructurar un tipo de sujeto consciente con voluntad de transformar lo real, de incorporarse a la vida política activa (en otras palabras, emancipar a los individuos de las clases subalternas de la influencia de aquella ideología dominante que procura y trata de aletargarles políticamente).

Politólogo. Estudiante del Máster Universitario en Historia Contemporánea por la UPV.
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