La constricción del tiempo y el espacio: la violencia de la aceleración

Texto escrito por Ángel Soler (@hegelomania). Ilustración de Victo Ngai.

La modernidad ha empujado al sujeto a una lógica depredadora, aceleracionista, donde el sujeto se diluye en el devenir propio de una competitividad galopante. Los nuevos modos de vida, de relación con la realidad exterior, van mutando hasta llegar a un punto muerto donde el sujeto desaparece en el nombre de una aceleración abstracta y vacía. Este es el leit motiv de una de las joyas filosóficas surgidas en el corto siglo XXI, Alienación y aceleración de Hartmut Rosa, uno de los máximos exponentes contemporáneos de la Escuela de Frankfurt. El libro inicia con una clásica pregunta filosófica: “Por lo tanto, en este libro quiero regresar a la pregunta más importante que existe para nosotros los humanos: ¿qué es una buena vida y por qué no la tenemos (…)? (2016: 8) En ese aspecto, Rosa contesta que en las sociedades modernas la constricción del tiempo es el quid pro quo de una vida desgarrada en su interior desentendida de su misma ética; en definitiva, la empresa de Rosa es la de estudiar la lógica de la aceleración social.

La importancia de este texto es capital. Junto a Realismo capitalista de Fisher, Alienación y aceleración es la expresión principal de una caída al abismo. Si el primero estudia principalmente los fenómenos culturales surgidos a raíz del capitalismo tardío, el segundo se pregunta el por qué estamos inmersos en este. Pero ambos mantienen un denominador común: la alienación en su sentido amplio. El sujeto se diluye en un sistema depredador: por una parte, pretende arrastrar violentamente a este en una inmanencia vacía de significado, su máximo objetivo es justamente el de vaciar al sujeto de toda forma de autoconciencia. Esa misma lógica, arrastrada hacia el ámbito cultural, es aquello que estudia Fisher: la vacuidad de los fenómenos culturales en el capitalismo no es más que la expresión de un vacío de significado de su mismo agente: el ser social moderno. Así pues, uno de los pares fundamentales que interesan a Rosa a la hora de analizar el tiempo en las sociedades capitalistas modernas es el espacio. “En la edad de la globalización y la “u-topicalidad” de la red, cada vez más se concibe el tiempo como capaz de comprimir, o aun aniquilar, el espacio.” (2016: 23) Así pues, si algo es característico del capitalismo tardío es el de constreñir el tiempo y el espacio: Rosa afirma poco después que las localizaciones concretas terminan por convertirse en un non lieux, o séase, lugares sin historia. El capitalismo tardío no únicamente convierte en Körper al sujeto particular, sino que también momifica sus espacios de desarrollo. En ese aspecto, el tiempo funciona como verdugo del espacio, aniquilando a los sujetos, pero sentenciando a estos últimos. Puede ser que tenga sentido la constante privatización de los espacios públicos: al vaciar de contenido al sujeto, al desgarrarlo inmanentemente, también provoca que su espejo particular en el mundo (el espacio) termine por convertirse en un ente inorgánico.

“Por lo tanto, sugiero que, para desarrollar una sociología sistemática de la aceleración social, deberíamos recurrir al concepto de “contracción del presente” …” (2016: 25). Esta contracción a la que hace referencia Rosa implica una realidad devastadora: la imposibilidad de la utopía. Koselleck, un famoso historiador conceptual, trató este tema acuñando un nuevo concepto que surge a raíz de la modernidad, principalmente con Kant: la temporalización de la utopía. La colonización llevada a cabo por Europa hacia otros continentes implicaba, de manera sistemática, la negación para imaginar nuevos espacios. Una Utopía al estilo de Moro o una Nueva Atlántida de Bacon eran, pues, imposibles. Todo había sido descubierto, pero quedaba aún un territorio por conquistar: el tiempo. Kant es, pues, el mayor exponente de la temporalización de la utopía en tanto que la meta última del ser humano se encuentra en un horizonte asintótico, en una bajada del Reino de Dios en la tierra que prácticamente se convertía en ideal. Pero todo se truncó a partir del siglo XIX. La aceleración social, tecnológica y del ritmo de vida surgida de la Revolución Industrial arrojaba una realidad devastadora: el tiempo había sido también colonizado, se hallaba bajo las garras de un sistema capitalista in crescendo. La utopía era pues, imposible. El capitalismo, en su ansía de dominación, terminaba por cerrar toda perspectiva de un horizonte nuevo y alternativo. Y, entre tanto, también impedía al sujeto moderno siquiera pensar un nuevo futuro, amarrándolo a sus mismas cadenas y vaciando por completo su mismo reconocimiento. Ni siquiera este mismo sujeto puede ser ya en-sí y, mucho menos, terminar siendo un ser-para-sí. La aniquilación de la posibilidad, de la potencialidad, es el momento racional-positivo concreto de nuestra realidad histórica. Un momento que para nada se construye como un Aufheben hegeliano, si no que más bien busca obstinadamente su negación misma. La superación dialéctica del sujeto moderno termina arrastrándole a una negación en sí misma, en un retorno de lo idéntico. La posibilidad de cambio ya fue cancelada, el siguiente paso es la negación del pensar cualquier posibilidad de emancipación. Los non lieux no se adecuan únicamente a los espacios, sino también a los mismos sujetos: el sujeto ahistórico burgués simplemente fue la avanzadilla, su culminación es sencillamente el Körper moderno; el sujeto sin historia, en su máxima extensión.

Siguiendo la estela dibujada anteriormente, cabe preguntarse en este punto el por qué el sujeto moderno, en su extensión, deviene Körper. La patología social por excelencia, la misma genética del sistema productivo capitalista, es la competitividad. Rosa expone: “Por lo tanto, la aceleración social en general y la aceleración tecnológica en particular son consecuencias lógicas de un sistema de mercado capitalista competitivo.” (2016: 42) Todas las ventajas que podría otorgar esta lógica se desvanecen cuando esta misma niega toda posibilidad de emancipación. Los sujetos devienen Körper, cuerpos sin-vida, cuando deben cosificarse para convertirse en mercancía. Y lo mismo pasa con el espacio. El holismo del capital, en definitiva, aniquila toda perspectiva de futuro. Adquiere prácticamente un estatus mitológico: “Por el contrario, quiero argumentar que el motor de la aceleración también está impulsado por una poderosa promesa cultural: en la sociedad secular moderna, la aceleración sirve como el equivalente funcional de la promesa (religiosa) de vida eterna.” (2016: 47) Si, como dijeron Adorno y Horkheimer, la razón cayó en mito en la Europa de posguerra, la aceleración y la competencia persiguen los caminos inescrutables del capital, sobreviniendo en aquello que Hegel y Schelling denominaron razón mitológica.

En conclusión, el capitalismo termina por convertirse en Märchen, en un simple cuento de hadas, donde el lenguaje mágico, la competitividad en su actuación como núcleo central de su desarrollo, termina por resacralizar las mismas estructuras que, antaño, quedaban fuera de todo dominio mitológico. La aceleración y su misma cara, la competencia, no son más que la expresión de un sistema que, llevando a cabo un proceso de desmagificación en un sentido, termina por sacralizar su mismo comportamiento, su misma idiosincrasia. En resumen, la constricción del tiempo y el espacio, la competencia y la aceleración no son nada más que el comportamiento de un sistema que termina por desarrollarse sin saber exactamente por qué: “Sie wissen das nicht, aber sie tun es” («No lo saben, pero lo hacen»), dejando a su paso una suma de no-lugares y de cuerpos-sin-vida; pero, principalmente, una negación completa de cualquier tipo de cambio. La cuestión, en última instancia, es preguntarse donde podremos encontrar ese cambio, pero, principalmente, el entender como negar esa negación prácticamente holística del capital. El construir un verdadero Aufheben, un momento realmente positivo-racional donde el nuevo sujeto pueda cancelar a su ser precedente para constituirse como tal, como sujeto.

Bibliografía

Rosa, H. (2016). Alienación y aceleración (1a ed.). Buenos Aires, Argentina: Katz editores.

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