Introducción. Sobre la construcción del mito de la Bauhaus y objetivos de este texto
Cuando la Bauhaus cerró sus puertas en 1933 nada hacía pensar que acabaría convirtiéndose en un mito de la modernidad. Unos años después, y con miles de kilómetros de por medio, aparecerían en EEUU los primeros balances mediáticos de esta experiencia de la mano de algunos de sus protagonistas. Así, comenzó a construirse un relato –en buena medida romántico- que enfatizaba cuestiones como la revolución estética, el legado internacional o el impacto contemporáneo de la Bauhaus, centrándose especialmente en su dimensión más formal (o formalista). Al mismo tiempo, este relato esquivaba realidades incómodas y pasaba de puntillas por toda la complejidad política que no sólo envolvió, sino que de hecho atravesó de lleno a la institución a lo largo de sus 14 años de vida. De esta manera, la Bauhaus se presentaba ante el mundo prácticamente vacía de contradicciones internas, y toda su interacción con la deriva reaccionaria del contexto de entreguerras quedaba reducida a una dialéctica dentro-fuera, en la que la idea moderna, vanguardista y progresista que la escuela abanderaba era asediada y finalmente extinguida por antagonistas externos. Esta mirada, excesivamente aséptica y maniquea, minimizaba o directamente olvidaba la permeación de elementos y prácticas reaccionarias dentro de la propia institución, y por descontado, ignoraba el impacto y la centralidad que el movimiento estudiantil en general, y en particular la militancia comunista, tuvieron en el devenir de la escuela.
En este artículo he querido explorar la conflictividad y las contradicciones que tuvieron lugar en la Bauhaus, proponiendo un acercamiento a su historia política más allá del mito, con sus luces y con sus sombras, dedicando una atención especial al desarrollo del movimiento estudiantil y su impacto en la escuela. Esto no representa ninguna novedad (a las fuentes me remito[1]), pues la revisión crítica de la historia de esta experiencia lleva en marcha décadas. No obstante, sí es cierto que más allá del ámbito de la investigación más especializada, el relato complaciente original ha quedado instalado en la memoria colectiva y sigue siendo reproducido de manera sistemática en prensa, exposiciones, productos culturales e incluso en el mundo académico.
Y aunque aquí no se encontrará más que una aproximación divulgativa al tema, el texto recoge información dispersa y de escaso recorrido en la literatura sobre la Bauhaus en castellano, que creo que puede resultar de utilidad, aunque sea como punto de partida, para aquellas personas -especialmente militantes- interesadas en la historia del arte y del diseño, en su pedagogía, y en la forma en que todos estos campos se vinculan a la lucha de clases. El objetivo es, en última instancia, entender con mayor profundidad y exactitud la experiencia de la Bauhaus, e idealmente, extraer aprendizajes que nos puedan servir para afrontar (ya sea como diseñadores, artistas, estudiantes o militantes) el nuevo escenario de lucha política que está tomando forma internacionalmente, y en el que, salvando las inevitables y evidentes distancias, parecen emerger de nuevo muchas de las claves que caracterizaron a la Europa de entreguerras: deslegitimación de la socialdemocracia, auge reaccionario, autoritarismo, nacionalismo, belicismo y anticomunismo.
Contexto y primeros años
Tras la derrota del Imperio alemán en la I Guerra Mundial, Alemania atravesaba un período de devastación económica y fuerte convulsión social. En este clima, diferentes cosmovisiones y proyectos políticos chocaban violentamente.
Por una parte, el Partido Socialdemócrata Alemán (SPD) y las facciones progresistas de la burguesía alemana trataban de consolidar un régimen liberal: la conocida como República de Weimar. Para ello, llegarían a aliarse con los Freikorps (paramilitares de extrema derecha) para frenar y reprimir al creciente movimiento proletario, que impugnaba la vía de la reforma y aspiraba a internacionalizar la revolución socialista iniciada en Rusia, articulándose en torno a los consejos obreros y al recién fundado Partido Comunista de Alemania (KPD). A su vez, diversas propuestas conservadoras, nacionalistas y fascistas trataban de catalizar el malestar por la situación económica, así como el sentimiento de humillación por las condiciones del Tratado de Versalles. Entre estas fuerzas destacaría finalmente el Partido Nacionalsocialista Obrero Alemán (NSDAP) con Adolf Hitler a la cabeza, que desde las propias instituciones y legalidad republicanas, y con el apoyo decidido del gran capital financiero e industrial alemán[2], lograría hacerse con el poder político en 1933.
La Alemania de entreguerras fue, como ha sido descrita, una época de “inestabilidad, revolución y contrarrevolución”[3]. Esto imprimiría cierto dinamismo en el campo del arte y la cultura, generando las condiciones para que emergieran gran cantidad de propuestas que se retorcían -unas desde la impotencia y otras desde la rebeldía- ante la miseria, la guerra y el capitalismo, comprometiéndose a menudo con un mundo nuevo que luchaba por abrirse paso ante la oposición de quienes trataban de apuntalar el anterior. Así, surgirían corrientes como la Nueva Objetividad de Otto Dix y George Grosz, o el Teatro Épico de Bertolt Brecht; así como colectivos de artistas militantes como el Grupo de Noviembre[4], la Asociación de Artistas Visuales Revolucionarios[5], el Grupo de Artistas Progresistas[6] o el Consejo de Trabajo para el Arte[7]. También tendrían un fuerte impacto corrientes como el expresionismo (quizás la más representativa de la época), el dadaísmo, el constructivismo, De Stijl o el Arts & Crafts. Muchas de ellas, de hecho, influirían y arraigarían en diferentes momentos de la historia de la Bauhaus.
Hasta ese momento, en Weimar, la Escuela de Artes y Oficios (de carácter fundamentalmente técnico) y la Escuela de Bellas Artes (de carácter más humanístico) habían mantenido sus estructuras diferenciadas, reproduciendo la tendencia histórica a la escisión entre artes aplicadas y bellas artes, así como la separación entre formación profesional y enseñanza universitaria. Estas divisiones, que todavía hoy tienen vigencia, no eran sino proyecciones en el ámbito del arte y de la educación, respectivamente, de la división entre trabajo manual y trabajo intelectual, que adquirió un sentido específico y sistémico durante la Revolución industrial, pues la burguesía necesitaba incorporar al proletariado a nuevos procesos productivos, y estos requerían de un mayor grado de especialización y de formación.
El arquitecto berlinés Walter Gropius se oponía a esta comprensión segregada y segregante del arte. Así que, cuando en 1918 le ofrecieron la dirección de las dos instituciones educativas -la técnica y la humanística- vio la oportunidad de poner en marcha, mediante la unificación de ambas, un nuevo proyecto que desdibujase las diferencias entre artistas y artesanos.
Así, finalmente, tuvo lugar en Weimar en 1919 el nacimiento de la Staatliche Bauhaus. De esta forma quedaría reflejado en el manifiesto fundacional[8] de la nueva escuela:
¡Construyamos pues un nuevo gremio de artesanos sin la distinción de clases que levanta un muro de arrogancia entre artesanos y artistas!
Permitámonos todos juntos desear, concebir y crear el nuevo edificio del futuro, que combinará todo en una única forma: arquitectura, escultura y pintura, y que un día se alzará hacia el cielo de la mano de un millón de artesanos como símbolo cristalino de una nueva fe.
Aunque hasta cierto punto abstracto, el proyecto político de Gropius para la Bauhaus se sostenía sobre una cosmovisión eclécticamente progresista (con muchos matices[9]) de la que se derivaba una apuesta específica de organización de la producción social. En concreto, buscaba democratizar el acceso a bienes funcionales y estéticos, entendiendo el diseño como una herramienta útil para mejorar la vida cotidiana de las clases populares. Además, su concepción integradora de las artes aplicadas y las bellas artes, de alguna forma desafiaba -aunque fuera superficialmente- uno de los pilares del modo de producción capitalista, como era la división social del trabajo.
La nueva escuela recibió apoyo (y dependió institucionalmente) fundamentalmente del gobernante SPD y de otras fuerzas de izquierda liberal. Esto la situaría en el punto de mira de la oposición derechista, y la encajonaría en un equilibrio complicado que condicionaría desde el principio tanto su discurso como su práctica, forzándola a moderar ambos en un escenario adverso en el que la continuidad del proyecto corría permanentemente peligro.
Entre el estudiantado, sin embargo, la contención fue menor. El contexto general de frenesí político y agitación cultural tuvo su reflejo dentro de los muros de la escuela desde los primeros años en Weimar, e iría aumentando en intensidad y grado de organización poco a poco hasta alcanzar su forma más desarrollada en Dessau a finales de los años 20 y principios de los 30 (no por casualidad en paralelo a la agudización de las contradicciones en el resto de esferas de la vida política, cultural, social y económica de Alemania).
Cabe señalar que la presencia de profesores y estudiantes de derechas, aunque minoritaria, fue no obstante notoria. De hecho, los primeros movimientos anti-Bauhaus, aunque partían de impulsos externos a la propia escuela, especialmente desde la burguesía nacionalista de Weimar, contaron con un visible apoyo en el interior por parte de algunos sectores del profesorado y del estudiantado (mayoritariamente de entre los provenientes de la Academia de Bellas Artes[10]). Y a medida que en Alemania se desataba la reacción, aparecían también dentro de la escuela grupúsculos de estudiantes fascistas.
En paralelo, es conocida (aunque hasta cierto punto se ha sobredimensionado) la presencia en la Bauhaus durante los primeros años de la secta racista Mazdaznan, a cuya doctrina se adhirieron un puñado de estudiantes liderados por los profesores Johannes Itten y Georg Muche.
Jugaron también un papel reseñable los estudiantes y los profesores “apolíticos” o contrarios a la politización de y dentro de la escuela, cuya voluntad antipolítica escondía a menudo, de facto, formas de política reaccionarias, y específicamente anticomunistas[11]. De hecho, la retórica derechista en general aludió a la politización de los estudiantes o de la escuela como un aspecto negativo, al tiempo que trataba de hacer pasar su propio proyecto político por neutral. Destacan en este grupo figuras como Vasili Kandinski, Josef Albers, o el último director de la escuela, Mies van der Rohe.
Sin embargo, las posiciones tanto comunistas como en general progresistas fueron las que tuvieron un mayor desarrollo entre los estudiantes desde los primeros años, y la movilización en este sentido preocupó a los responsables de la escuela más que ninguna otra, puesto que la institución, ya de por sí objeto de un mediatismo no deseado, veía la agitación estudiantil en un contexto crecientemente hostil como un elemento que le jugaba a la contra. Por ello, ya en 1920, se prohibiría toda actividad política dentro del campus, aunque con escaso efecto en la práctica.
Ese mismo año sacudió Alemania durante varios días el putsch de Kapp, un golpe de Estado de extrema derecha que, aunque detenido gracias a una masiva huelga general, dejaría numerosas víctimas, entre las que se contaron 9 trabajadores de Weimar asesinados durante una manifestación. Estudiantes de la Bauhaus participarían en su funeral, secundando un cortejo que recorrió la ciudad con pancartas que confeccionaron dentro de la propia escuela, desafiando así la prohibición de Gropius[12].
En cualquier caso, a pesar de los esfuerzos por parte de la dirección de la escuela por alejarse de la política, lo cierto es que la Bauhaus era percibida en los círculos poderosos de Weimar como una institución “antialemana” de tendencia “espartaquista/bolchevique”, y un símbolo de la “decadencia cultural”, donde se favorecía a los extranjeros y se daba espacio a estudiantes involucrados en “conductas inmorales”[13]. Ante este clima y debido al cada vez mayor hostigamiento político e institucional, la escuela buscaría alternativas en otras ciudades, encontrando refugio finalmente en la pequeña ciudad obrera de Dessau, donde se inauguraría en 1926 la nueva e icónica facultad de la Bauhaus, que sería el escenario de los años más determinantes de la escuela en lo programático, pero también en lo político: tanto en su relación con la dimensión más general de la política alemana, como en la dimensión más específica de la política estudiantil (sin duda, ambas formas intrínsecamente relacionadas).
El movimiento estudiantil y la célula comunista
Aunque la nueva sede tenía una pequeña residencia para los alumnos, la mayor parte de ellos, en torno al 80%, vivían fuera del campus, en barrios obreros como Ziebigk, donde alquilaban habitaciones y convivían en muchos casos con trabajadores locales. Este caldo de cultivo posiblemente favoreció el contacto entre estudiantes y obreros militantes y simpatizantes locales del KPD, que enraizaba en Dessau durante esos años[14]. Así, el clima de movilización en las calles y la elevación de las capacidades organizativas del movimiento obrero resonarían rápidamente intramuros, convirtiéndose la escuela en el escenario de frecuentes mítines y actividades políticas de todo tipo, especialmente tras la articulación durante el verano de 1927 de una célula bauhäusler de la Facción Estudiantil Comunista (Kostufra), la organización estudiantil del KPD.
La célula rápidamente se convertiría en el grupo militante mejor organizado de la escuela, en el principal motor del movimiento estudiantil y en un importante activo del movimiento obrero en Dessau, pues las capacidades técnicas y artísticas de los bauhäuslers fueron aprovechadas y requeridas recurrentemente por las organizaciones del movimiento comunista local.
Los estudiantes conocidos involucrados en la actividad de la célula fueron en torno a 50 entre militantes y colaboradores, y en contraste con la composición social del resto de alumnos, los de Kostufra provenían en su mayoría de clases populares[15].
Dentro de la Bauhaus, intervenían entre el estudiantado en torno a conflictos y cuestiones específicas de la escuela, pero también introduciendo cuestiones externas. Realizaban trabajo “sindical”, denunciando la presión económica sobre los estudiantes obreros y defendiendo la exención de las matrículas; o directamente se enfrentaban a aquellos profesores que consideraban reaccionarios.
Organizaban protestas y huelgas; llevaban a cabo labores de formación, organizando cursos sobre economía política y ciencias sociales; realizaban trabajo de agitación, propaganda y producción teórica y cultural, montando campañas, editando publicaciones y organizando exposiciones y grupos artístico-políticos (que rivalizaban con los “apolíticos” oficiales de la escuela). También recaudaban fondos y materiales para financiar huelgas, así como organizaciones como el Socorro Rojo Internacional o Ayuda Internacional de los Trabajadores.
La célula comunista logró de esta manera ganarse el apoyo de una parte importante del resto de los estudiantes, que no veían en ella una ruptura con el proyecto político pretendidamente socialista[16] de la Bauhaus, sino una herramienta efectiva para su cumplimiento.
Además, la célula también realizó trabajo político fuera de la escuela, dando soporte al movimiento obrero de Dessau, poniendo sus capacidades creativas y técnicas como diseñadores y artistas al servicio del KPD, produciendo material gráfico y realizando labores de agitación y propaganda. También participaban activamente en las movilizaciones obreras que tenían lugar en la región, llegando a movilizar en algunas de ellas a hasta el 60% de los estudiantes de la Bauhaus.
Así, los bauhäuslers se ganarían la aceptación y el respaldo de la clase trabajadora local, incluso entre sectores que inicialmente los habían mirado con desconfianza[17]. Prueba de ello es que Albert Buske, líder de Kostufra hasta su expulsión de la Bauhaus, acabaría siendo dirigente del KPD en Dessau[18].
Los años de Meyer
En 1928 Gropius dejó su cargo como director y nombró como sucesor a Hannes Meyer, un arquitecto con un enfoque más pragmático, quien reorientaría la escuela alejándose de formalismos para centrarse en la utilidad y la funcionalidad, impulsando la enseñanza de la arquitectura, el estudio de las ciencias sociales y la colaboración entre estudiantes, profesores e industria en proyectos reales.
Si bien el nuevo director estuvo inicialmente bien valorado y no despertó suspicacias entre la prensa y la política institucional local, pronto pasaría a convertirse en diana de conservadores, nacionalistas y socialdemócratas tras conocerse sus simpatías políticas marxistas[19], siendo entonces acusado de tratar de convertir la Bauhaus en una institución comunista. No obstante, cabe señalar que, hasta ese momento, Meyer había sido visto como una figura neutral y la Bauhaus bajo su dirección había gozado de una perfecta aceptación entre las instituciones capitalistas, tanto públicas como privadas. Las reformas que Meyer había impulsado habían supuesto un mejor rendimiento en términos económicos, ya que lograban cierta autonomía financiera para la escuela, lo que descargaba económicamente al Ayuntamiento; además, la industria se beneficiaba del trabajo de estudiantes y profesores; y los propios estudiantes accedían a trabajo remunerado dentro de la escuela, lo que les facilitaba la permanencia en la misma y su subsistencia. Meyer, en rigor, no sólo no hizo de la Bauhaus una institución comunista, sino que sofisticó e hizo más sostenible su funcionamiento sin salirse ni un ápice del marco de las relaciones sociales y de producción capitalistas.
Así pues, cabe cuestionarse, entonces, si la campaña contra Meyer la motivó y la motiva todavía hoy una crítica a su programa pedagógico y su reestructuración de la escuela, o si por el contrario el centro de la cuestión estuvo en el laissez-faire con el que por norma general afrontó (o mejor dicho no afrontó) la agitada y ruidosa vida estudiantil. Meyer tendió a respetar (aunque no siempre) la libertad de organización, de expresión y de manifestación del estudiantado. Y esto, claro, supuso que los estudiantes implicados en actividades políticas tuviesen más facilidad para operar y se dejasen oír fuera de la escuela, llegando a convertirse en un “problema” a nivel local. Sin embargo, es importante señalar que el aumento de la actividad política y la elevación de la conciencia de los estudiantes no tenían tanto que ver con la mano de Meyer -quien, como hemos visto, en gran medida se limitó a no evitar que sucediera-, sino que era un reflejo del estado de ánimo y del clima político general en Alemania, que, tras unos años de relativa calma, atravesaba la Gran Depresión.
Así, Meyer se granjearía, en general, una buena relación con el estudiantado, inversamente proporcional a la que tenía con algunos profesores, especialmente los más formalistas. Estos se veían desplazados por la nueva vocación de la escuela, decididamente funcionalista, y presionados en un ambiente estudiantil políticamente cargado en el que sus propios alumnos les exigían un mayor compromiso político desde el campo del arte[20]. Incluso el histórico Vorkurs (curso preliminar), controlado por Kandinski y Albers, sería objeto de protestas estudiantiles al considerarse que allí eran filtrados los aspirantes a ingresar en la Bauhaus en función de su ideología y enfoque artístico.
Lo cierto es que, aunque el sentir político de Meyer podía ser más o menos cercano al de los estudiantes, su voluntad de mantener una buena relación con ellos no estuvo por encima de la de mantener una buena relación con las instituciones locales, de las cuales era dependiente. Tanto es así que llegaría a expulsar a varios alumnos y a declarar disuelta la célula de Kostufra después de que la prensa local reseñase (bajo el titular “La hoz y el martillo soviéticos sobre Dessau”) que un grupo de estudiantes habían cantado La Internacional en una fiesta de la escuela. En respuesta a las medidas disciplinarias, los militantes de Kostufra comenzarían a editar y a distribuir una publicación periódica hectografiada, llamada Bauhaus. Portavoz de los estudiantes. Órgano de Kostufra, a modo de medio de expresión pública de la célula comunista. En sus páginas se trataban temas como la represión en la escuela, las demandas de los estudiantes de clase trabajadora, teoría estética, teoría marxista, actualidad política, etc. Estas publicaciones generaron revuelo tanto dentro como fuera de la escuela, levantando fuertes críticas en la prensa -tanto la de derechas como la de la socialdemocracia- pues eran la prueba de que la dirección de la Bauhaus no estaba tomando medidas reales contra los estudiantes comunistas, que seguían operando igual o más enérgicamente que antes de las expulsiones y la “disolución” de la célula.
Finalmente, tras un proceso altamente irregular, Hannes Meyer sería despedido por el alcalde de Dessau, quien afirmaría que “el SPD nunca toleraría una Bauhaus dirigida por comunistas”. Para ello se apoyaría en una información (cuya filtración se atribuyó al entorno de Kandinski) según la cual el director habría donado 50 marcos en una colecta organizada por Kostufra en beneficio de familias de obreros en huelga[21].
El verano no impidió que hubiese protestas estudiantiles contra el despido, que finalmente se haría efectivo, por lo que Meyer optaría por emigrar a la Unión Soviética. Su popularidad entre el estudiantado aumentó al convertirse en una especie de mártir de la presión reaccionaria sobre la escuela, y algunos alumnos lo siguieron en la que fue conocida como Brigada Roja de la Bauhaus[22], mientras que los que se quedaron en Dessau se prepararon para comenzar el curso dando un golpe sobre la mesa.
En agosto, Kostufra planeó una huelga estudiantil y publicó el tercer número de su boletín, en el que señalaban abiertamente a Kandinski y a Gropius en la portada relacionándolos con el despido de Meyer y con las medidas represivas contra los estudiantes, declarando la guerra tanto a las autoridades de la Bauhaus, ahora encabezadas por el nuevo director Mies van der Rohe, como a las de Dessau. Ese mismo mes, en un mitin comunista, estudiantes de la Bauhaus desplegaron una pancarta con el lema “Abajo la reacción cultural en la Bauhaus”.
Giro autoritario en el interior y ascenso del fascismo
Como arquitecto, Mies van der Rohe estaba especialmente interesado en la honestidad estructural, la simplicidad, la elegancia y la perfección técnica, y al contrario que su antecesor, daba mucha más importancia a la forma que a la función. Políticamente, el nuevo director adoptó un enfoque falsamente neutral que en la práctica fue una expresión excepcionalmente coherente con el momento político que vivía Alemania, caracterizado por el auge de la reacción, el autoritarismo y la represión. Quiso ganarse el favor de las autoridades fuesen cuales fuesen[23], incluso aunque estas estuviesen actuando en contra de los intereses de la Bauhaus, y se propuso acabar con cualquier ápice de política revolucionaria dentro de la escuela.
El 3 de septiembre de 1930 se inauguraba el curso en la Bauhaus con una huelga estudiantil organizada por Kostufra.
Antes de que van der Rohe llegase al campus acompañado del alcalde y del Consejo de Maestros, los estudiantes ocuparon el comedor y se negaron a desalojarlo hasta que el nuevo director se reuniera con ellos. Estos, de acuerdo con la cultura de relativo autogobierno estudiantil que había imperado durante los años anteriores en la Bauhaus, querían que van der Rohe les explicase detalladamente cuál era su proyecto para la escuela y discutirlo conjuntamente, así como evaluar su idoneidad o no para ocupar el cargo de director. Tras una discusión en la que se exigió a los estudiantes que identificasen a los autores del último boletín de Kostufra, y tras la negativa de estos a delatarlos, van der Rohe mandó a la policía a desalojar el comedor[24].
La huelga se extendería hasta cinco días después, cuando van der Rohe decretase el cierre temporal de la Bauhaus hasta nueva orden. Los estatutos vigentes fueron abolidos y se redactaron unos nuevos en los que se prohibió cualquier tipo de actividad política en la escuela, se eliminó el Consejo Estudiantil, se suprimieron los representantes estudiantiles en el Consejo de Maestros, se modificó el programa educativo y se redujo el aprendizaje experiencial, dando prevalencia a la instrucción teórica. Además, se subió el precio de la matrícula y se acabó con el trabajo remunerado en los talleres, que era utilizado por los estudiantes de clase obrera para financiar sus estudios. En adelante, las becas deberían devolverse realizando trabajo gratuito.
Desde este momento, cualquier tipo de reunión debía comunicarse previamente al director, y el comedor (que había sido el centro neurálgico del movimiento estudiantil) solo estaría abierto durante los horarios establecidos para las comidas. Los alrededor de 170 estudiantes que en ese momento tenía la Bauhaus fueron desmatriculados automáticamente, teniendo que volver a solicitar su reingreso, que pasar una entrevista personal con van der Rohe y que firmar un reglamento en el que se comprometían a no involucrarse en ningún tipo de actividad política dentro de la escuela. Una treintena de estudiantes sospechosos de ser comunistas fueron expulsados, entre ellos cinco extranjeros, para los cuáles la policía emitió una orden de deportación, dándoles 24 horas para abandonar la ciudad. Los estudiantes deportados fueron acompañados entre banderas rojas por sus compañeros de la Bauhaus en una manifestación desde la facultad hasta la estación de trenes de Dessau[25].
La nueva dirección de la Bauhaus y las instituciones municipales esperaban con las medidas represivas implementadas por van der Rohe haber erradicado la actividad comunista en la escuela. Así, según queda recogido en el boletín de Kostufra, el alcalde Fritz Hesse habría afirmado en el Ayuntamiento: “La mano dura del magistrado ha purgado la Bauhaus de comunistas”. A lo que el concejal del KPD, Paul Kmiec, habría respondido: “Te sorprenderás”[26].
Estas palabras no eran un farol. Si las expulsiones y la restricción de los derechos políticos de los estudiantes fueron un golpe a las posibilidades de la militancia estudiantil, no consiguieron sin embargo desarticular la célula comunista, que pasó entonces a operar en condiciones de mayor clandestinidad, pero mantuvo e incluso intensificó su actividad, desafiando abiertamente a la “dictadura”[27] de van der Rohe. Las hostilidades contra el director, los profesores reaccionarios (especialmente Kandinski y Albers) y las instituciones capitalistas, cada vez más fascistizadas, continuaron.
Los estudiantes siguieron con su trabajo de apoyo al movimiento obrero local, protegiendo actos o realizando tareas de agitación. Por ejemplo, diseñando pegatinas con las que trasformar carteles nazis en carteles antinazis; realizando pintadas y colocando pancartas; elaborando cartelería y folletos, etc. Por algunas de estas acciones Kostufra sufriría arrestos e incluso el encarcelamiento de algunos militantes.
La célula sería entonces ilegalizada por el juzgado de Dessau, lo que daría carta blanca a van der Rohe para agudizar la represión contra los estudiantes, llegando a expulsar a varios de ellos por su actividad política fuera de la escuela, así como a otros quince después de que la policía, por orden del director, entrase al centro para disolver una asamblea estudiantil.
Esta política represiva fue respondida con el bloqueo de la escuela durante casi tres meses por parte del estudiantado[28]. La dirección, al tiempo que abanderaba el apoliticismo, promovía perspectivas conservadoras y reaccionarias sobre cuestiones artísticas, filosóficas o científicas, contratando como profesores invitados a figuras vinculadas a la derecha y al nacionalsocialismo; o censurando en exposiciones realizadas en la escuela obras que trataban cuestiones como el aborto, aludiendo mal gusto o carácter ofensivo.
En esta época, aparecería en la Bauhaus un grupúsculo estudiantil fascista que desarrollaría su actividad en connivencia con algunos miembros reaccionarios del profesorado.
Por ejemplo, actuaron como chivatos de la policía, delatando la presencia dentro de la escuela de un estudiante comunista que había sido expulsado, provocando su detención. Pero la acción más notoria de este grupo fue, sin duda, la campaña de acoso y derribo contra la profesora Gunta Stölzl, primera y única mujer maestra de taller en la Bauhaus. Stöltz había estado casada con un judío, y le llegaron a pintar una esvástica en la puerta de su casa.
Por estos hechos, los estudiantes de la Bauhaus, reunidos en asamblea, decidieron excluir a tres de sus compañeros, identificados como fascistas. No obstante, estos fueron protegidos desde las instituciones locales para que no se les expulsase de la escuela, siendo la única persona expulsada (o en este caso despedida) la propia Stölzl. El clima en la Bauhaus, como en general en el resto del país, era cada vez más irrespirable.
Durante estos años los boletines de Kostufra jugaron un papel clave en la respuesta a la metamorfosis reaccionaria de la Bauhaus, y leídos con la perspectiva del tiempo, aportan una radiografía nítida del ascenso del fascismo en Alemania. En ellos, Kostufra realizó los primeros balances críticos de la historia política de la escuela, identificando sistemáticamente la Bauhaus como un proyecto originalmente progresista pero estructuralmente limitado, dependiente política y económicamente del Estado burgués, y por lo tanto impotente a la hora de emprender transformaciones revolucionarias en un sentido que trascendiese lo meramente formal. Esta comprensión daba un marco teórico al repliegue autoritario y represivo de la Bauhaus, negando la vocación apolítica e independiente de la institución y afirmando que la deriva reaccionaria de esta no era sino una dimensión más de la reacción política que estaba teniendo lugar de manera general a nivel internacional.
La revista abordaba temas diversos, desde las fugas de capitales hasta las expulsiones de estudiantes; desde las reducciones de las becas hasta los tambores de guerra en Europa. Número tras número, los militantes y colaboradores de Kostufra describían y analizaban en sus páginas los eventos políticos que estaban teniendo lugar en el mundo, y en particular los conflictos concretos que atravesaban a la propia escuela. También, teorizaban en torno a cuestiones como la estética y el papel del arte y de los artistas en el impulso de la Revolución; se daba espacio a estudiantes y obreros para expresarse en sus páginas; se realizaban recomendaciones de lecturas marxistas para armar críticamente al estudiantado ante la nueva coyuntura; o se adjuntaban cartas de la Brigada Roja de ex-estudiantes de la Bauhaus establecidos en la URSS; entre otras muchas cuestiones.
En el número 14, de verano de 1932, se mencionaba ya el cierre inminente de la facultad de Dessau por orden de las autoridades. No obstante, se afirmaba también la continuidad de la revista (y por lo tanto de la célula) fueran cuales fueran las circunstancias, incluso aunque la Bauhaus se convirtiera “en un templo nacionalsocialista”[29]. Solo unos días antes, unos 20.000 nazis habían marchado sobre Dessau para asistir a un mitin de Hitler en la ciudad. Poco tiempo después, la icónica facultad de la Bauhaus sería reconvertida en un centro de instrucción del NSDAP.
Mies van der Rohe, ya sin apoyo estatal, privatizó y trasladó entonces la escuela a Berlín, donde funcionaría brevemente en una antigua fábrica de teléfonos. Si en los años anteriores la mayoría de los estudiantes habían sido progresistas y los estudiantes nazis representaban una exigua minoría, durante esta última etapa se habían girado las tornas[30]. No obstante, Kostufra siguió operando clandestinamente en la escuela de Berlín, como muestra el hecho de que allí se publicase, en noviembre de 1932, el último número conservado de su boletín.
En enero de 1933 Adolf Hitler fue nombrado canciller. La disposición de van der Rohe a colaborar con las autoridades nazis no impidió, sin embargo, que en abril de ese mismo año la Policía Secreta (que unos días después pasaría a ser la Gestapo) decretase el cierre de la escuela, después de realizar una redada que acabaría con la detención de varios estudiantes tras encontrarse propaganda comunista. La Bauhaus no volvería a abrir sus puertas.
Los desarrollos estéticos y funcionales de la Bauhaus, así como buena parte de su producción artística, fueron objeto de cuestionamiento y censura por parte del Régimen nazi, que entendía estas obras como “arte degenerado”. Sin embargo, no es menos cierto que, poco a poco pero en buena medida, en la pretensión del Reich por mostrarse ante el mundo como una suerte de vanguardia cultural y tecnológica, muchas de estas obras y desarrollos estéticos acabaron encontrando un cierto acomodo y aceptación en la Alemania nazi (y posteriormente también dentro del bloque capitalista occidental con la internacionalización, por ejemplo, del “estilo Bauhaus”, cuya capital es hoy en día Tel Aviv), lo que nos invita a reflexionar al respecto de la actual caracterización mediática de la Bauhaus como experiencia inequívocamente revolucionaria.
En cuanto a lo que respecta a las trayectorias vitales de las personas que pasaron por la Bauhaus tras el cierre de esta en 1933:
Hannes Meyer, quien había salido de Alemania tras ser despedido en Dessau, pasó la mayor parte del resto de su vida en el exilio, primero en la URSS y después en México y en Suiza.
Los otros dos directores de la Bauhaus, Walter Gropius y Mies van der Rohe, se quedaron tentativamente en Alemania, trataron de adaptarse al nuevo contexto y aceptaron colaborar profesionalmente con el III Reich. Van der Rohe incluso llegaría a firmar una petición de respaldo a Hitler. Un caso similar sería el de Herbert Bayer, quien había sido tanto alumno como profesor en la Bauhaus, y que, a pesar de estar casado con una mujer judía, aceptaría varios encargos propagandísticos por parte del régimen nazi. Posteriormente afirmaría que cometió el error de pensar que el arte podía ser apolítico[31]. Los tres acabaron exiliándose en EEUU.
No fueron los únicos bauhäuslers que colaboraron, de una forma u otra, por supervivencia o por convicción, con el nacionalsocialismo. En torno a 190 alumnos y profesores de la Bauhaus pasaron por las filas del NSDAP, incluso ocupando puestos de responsabilidad y aplicando conocimientos técnicos adquiridos en la escuela. El maestro de taller Alfred Arndt ejercería como jefe de propaganda en la ciudad de Probstzella. Fritz Ertl, por su parte, llegaría a ser oficial de las Waffen-SS y se convertiría en uno de los arquitectos del III Reich. Entre su siniestra obra destaca la dirección del proyecto de expansión de Auschwitz, siendo uno de los responsables de la construcción de las cámaras de gas donde morirían asesinadas muchas de sus compañeras.
Unos 130 alumnos y muchos de los profesores se vieron obligados a exiliarse fuera de Alemania.
Tras la caída de la Bauhaus, buena parte de quienes habían sido militantes de Kostufra (así como muchos otros estudiantes, continuaron políticamente comprometidos). Selman Selmanagić, Albert Mentzel, Otto Koehler… fueron decenas los bauhäuslers que participaron en la resistencia contra el fascismo en Europa.
En esta nueva etapa, las capacidades técnicas que habían desarrollado durante su paso por la Bauhaus resultaron especialmente útiles.
Por poner algunos ejemplos de esto, el militante de Kostufra Max Gebhard, que tras graduarse fue miembro del departamento de agit-prop del Comité Central del KPD, pasó a la clandestinidad tras la toma del poder por parte de los nazis, realizando tareas de diseño, impresión y distribución de propaganda. Su compañera en la célula estudiantil (y una de las responsables de la edición del boletín comunista en la Bauhaus) Irena Blühová, abrió una librería en Bratislava y utilizó la trastienda para producir y distribuir prensa comunista. Moshe Bahelfer falsificaba documentación para la Resistencia en Toulouse durante la ocupación nazi de Francia.
Muchos fueron detenidos, torturados y encerrados en cárceles y campos de concentración, como Klaus Bücking o Reinhold Rossig. Algunos fueron enviados forzosamente a la guerra, como Hermann Werner Kubsch, quien usó su paso por el frente para entrar en contacto con la Resistencia danesa, o como Waldemar Alder, quien participó en la organización de una red clandestina de difusión de información antifascista en un campo de prisioneros británico. También los hubo, como Georg Adams-Teltscher o Ernst Scholz, que viajaron a España para combatir al fascismo durante la Guerra Civil.
Algunos pagaron con la vida su actividad política. Friedl Dicker-Brandeis fue exterminada en una cámara de gas tras haber militado en el KPD falsificando pasaportes y diseñando propaganda y collages antifascistas. Dentro del campo daba talleres de dibujo a los niños presos. Igual que ella, en torno a 25 estudiantes de la Bauhaus fueron exterminados en campos de concentración nazis. Otros, como Willi Jungmittag, fueron fusilados. En su caso por dar cobijo a presos comunistas y participar en la producción de material de agitación. Albrecht Heubner fue internado en un buque lleno de prisioneros que fue bombardeado y hundido.
En algunas de las condenas (cuando las hubo) se utilizó como agravante la formación recibida por estas personas en la Bauhaus.
Los integrantes de la Brigada Roja, tras emigrar a la Unión Soviética y participar en su construcción, sufrieron además las consecuencias del pánico que se extendió durante los años 30 contra muchos extranjeros. Algunos de ellos fueron asesinados, sospechosos injustamente de ser espías nazis, como Peer Bücking o Béla Scheffler, uno de los fundadores de Kostufra, quien fue posteriormente exculpado y rehabilitado por Decreto del Presidium del Soviet Supremo de la URSS. Otros abandonaron el país, como Philipp Tolziner o Konrad Püschel, que fue años después uno de los arquitectos encargados de restaurar la sede de la Bauhaus en Dessau.
Allí, en 1986, pasados cuarenta años desde el final de la II Guerra Mundial, algunos de los supervivientes que habían sido durante su etapa estudiantil militantes y personas del entorno de Kostufra, se reunieron por última vez en un acto del Partido Socialista Unificado de Alemania.
Conclusiones
El relato más habitual que explica la Bauhaus reduce esta experiencia a sus aportes formales y metodológicos. Esta visión vacía la Bauhaus de su dimensión política y la aísla de su contexto histórico. O en el mejor de los casos, la presenta como una experiencia uniformemente progresista que se opone y que es finalmente derrotada por un fascismo exterior.
La Bauhaus, más allá del mito, fue un espacio de tensión y de conflictividad política que condensó, con sus particularidades, las contradicciones existentes en la sociedad alemana de entreguerras. La relación entre la Bauhaus y el nacionalsocialismo fue, por lo tanto, mucho más compleja de lo que tradicionalmente se ha explicitado.
Tampoco -al contrario de lo que han sostenido sus enemigos- fue nunca la Bauhaus una institución comunista. Ni siquiera bajo la dirección de Hannes Meyer. Originalmente la escuela se sostuvo sobre los fundamentos teóricos del socialismo utópico y estuvo a su vez atravesada por pulsiones reaccionarias en mayor o menor grado durante toda su existencia, incrementándose en su etapa final. La institución fue siempre dependiente de y coherente con el modo de producción capitalista, adoptando formas más pluralistas o más autoritarias en función de los requerimientos y posibilidades del momento histórico. Por lo tanto, y sin desmerecer el valor y la importancia de sus aportes formales o funcionales, no puede decirse que constituyese una experiencia revolucionaria (no al menos en un sentido político).
Aunque la Bauhaus como institución no fue comunista, muchos de sus estudiantes sí lo fueron. La célula comunista que operó dentro de la escuela estimuló y dinamizó al movimiento estudiantil, lo vinculó al movimiento obrero, y convirtió al estudiantado bauhäusler en un agente político de primer orden en el ámbito local. No puede entenderse el devenir histórico de la Bauhaus sin atender y dar la centralidad que le corresponde a la organización comunista.
Por su parte, el movimiento estudiantil fue censurado y reprimido por las autoridades de la Bauhaus, con mayor o menor intensidad, bajo el mandato de sus tres directores, que buscaron así conciliar la existencia de la institución con un ambiente crecientemente reaccionario.
Y por último, no tiene sentido vaciar políticamente la Bauhaus y limitar su legado a sus aportaciones formales o metodológicas. Todo ello, de hecho, debe vincularse a su historia política, cuyo estudio y análisis crítico está en marcha, pero ni mucho menos acabado. Esta perspectiva no desmerece la importancia de la Bauhaus en la historia. Al contrario, la sitúa en ella, y desde ella, busca recoger aprendizajes útiles para el presente y el futuro.
[1] Para profundizar en el tema recomiendo leer Student life at the Bauhaus, 1919-1933 (Cimino, 2003), Bauhaus: Crucible of Modernism (Hochmann, 1999) y Bauhaus. Sprachrohr der studierenden. Organ der Kostufra (Bauhaus Dessau Foundation, 2022). Estos trabajos recogen la mayor parte de la información sobre la que se sostiene este artículo.
[2] Pawels, J. (2017). El gran capital con Hitler.
[3] Stutterheim, K. (2017). Bauhaus. El mito de la modernidad. Pág 11.
[4] Asociación de artistas vinculados en general al expresionismo y socialmente comprometidos.
[5] Popularmente conocida como Asso o por sus siglas ARBKD, fue una Asociación de artistas militantes del KPD.
[6] Grupo de artistas militantes del área de Colonia y Dusseldorf.
[7] Su nombre en Alemán era Arbeitsrat für Kunst. Fue una asociación de inspiración socialista, vinculada al SPD y posteriormente al USPD y a los Consejos de Trabajadores y Soldados. Su director fue el futuro fundador de la Bauhaus, Walter Gropius.
[8] Gropius, W. (1919). Manifiesto Bauhaus.
[9] Es conocida, por ejemplo, la posición y la práctica retrógrada de Gropius en cuestiones de igualdad de género: se negó a dar formación a mujeres en ámbitos como la arquitectura, y las dirigía sistemáticamente hacia áreas que consideraba “femeninas”, como el taller textil. También les exigió mayores aptitudes que a los hombres, precisamente para igualar la proporción de estudiantes de uno y otro género en un momento en que las mujeres representaban la parte mayoritaria entre del estudiantado.
[10] Cimino, E. (2003) Student life at the Bauhaus, 1919-1933. Pág 22.
[11] Talesnik, D. (2016). The Itinerant Red Bauhaus, or the Third Emigration. Pág 90.
[12] Varios de estos estudiantes fueron reprendidos por el director, aunque este no llegó a tomar medidas en su contra, posiblemente porque simpatizaba con la causa de su movilización. De hecho, el propio Gropius diseñaría un monumento a los caídos de marzo en homenaje a estos mártires.
[13] Cimino, E. (2003) Student life at the Bauhaus, 1919-1933. Pág 76-80.
[14] Siebenbrodt, M. (2007). Zur Rolle der Kommunisten und anderer fortschrittlicher Kräfte am Bauhaus.
[15] Bauhaus Dessau Foundation. (2022). Bauhaus. Sprachrohr der studierenden. Organ der Kostufra.
[16] Esta percepción informal de la Bauhaus como proyecto político, la ejemplifica, por ejemplo, el hecho de que el profesor Oskar Schlemmer escribiese un manifiesto para la primera exposición de la Bauhaus en 1923 en el que se refería a esta como “Catedral del Socialismo”. No fue un texto oficial de la institución y de hecho esta censuró su distribución. No obstante, algunas copias escaparon y su contenido fue asumido por al menos una parte del estudiantado como su propio programa; como “una misión que cumplir” (The letters and diaries of Oskar Schlemmer. 1972. Pág 225).
[17] Bauhaus Dessau Foundation. (2022). Bauhaus. Sprachrohr der studierenden. Organ der Kostufra. Pág. 85.
[18] Lthöner, W. et al. (2022). Linke Waffe Kunst, Die Kommunistische Studentenfraktion am Bauhaus.
[19] Gropius argumentaría posteriormente que Hannes Meyer no le había avisado de sus posiciones políticas. Por otra parte, Meyer nunca fue militante del KPD ni de ningún otro partido, y aunque promovió el acercamiento entre la Bauhaus y Vkhutemas, así como la realización de conferencias de inspiración socialista, no se declaró abiertamente marxista hasta 1930. De hecho, los estudiantes comunistas no consideraban que Meyer lo fuera, y solo le concedieron el mérito de ser “un intelectual que quiere salir de su clase luchando”, y de ser “el mejor arquitecto burgués”.
[20] Schlemmer, O. (1972). The letters and diaries of Oskar Schlemmer.
[21] Ynzenga, B. (2017). Hannes Meyer: hacia, en y después de la Bauhaus. Pág 16.
[22] Schlemmer, O. (1972). The letters and diaries of Oskar Schlemmer.
[23] Fue resonada y mal recibida entre los estudiantes su frase “El nuevo tiempo es un hecho, existe independientemente de si le decimos sí o no. Pero no es mejor ni peor que cualquier otro momento”.
[24] E, Cimino. (2003) Student life at the Bauhaus, 1919-1933. Pág 89.
[25] Talesnik, D. (2016). The Itinerant Red Bauhaus, or the Third Emigration. Pág 138.23. E, Cimino. (2003) Student life at the Bauhaus, 1919-1933. Pág 89.
[26] Bauhaus Dessau Foundation. (2022). Bauhaus. Sprachrohr der studierenden. Organ der Kostufra. Pág. 251.
[27] Los estudiantes comunistas se expresaban en estos términos en referencia a los poderes casi absolutos autoconcedidos por el van der Rohe en los nuevos estatutos. Bauhaus Dessau Foundation. (2022). Bauhaus. Sprachrohr der studierenden. Organ der Kostufra. Nº4.
[28] Torres, J. (2017) Bauhaus. El mito de la modernidad. Pág 35.
[29] Bauhaus Dessau Foundation. (2022). Bauhaus. Sprachrohr der studierenden. Organ der Kostufra. Nº14.
[30] En esta época hay constancia de un grupo de estudiantes fascistas que utilizó el nombre “Gruppe nationaler Studierender am Bauhaus Berlin”. Desconozco si se trata del mismo grupo que protagonizó la campaña de acoso a Gunta Stölzl.
[31] Vicente, A. (2024, 29 de junio). En la Bauhaus no solo hubo héroes: la gran escuela de arte también colaboró con el nazismo. El País.

