Hispanidad, apariencia de unidad hacia el capital

Otro 12 de Octubre, otro año más en el cual asistiremos a la tensión constante entre los socialchovinistas recalcitrantes que aún sueñan con el imperio y aquellos que sin crítica constructiva, sin análisis en perspectiva histórica, rechazan todo lo relacionado con la Hispanidad.

Se reincide en la fiesta nacional cuando aún en la memoria perdura aquella transacción que supuso la Transición, el paso de la Dictadura hacia una democracia burguesa como las del resto de Occidente, donde verdugos y afines al Caudillo quedaron libres ocupando puestos en el gobierno, en las altas jerarquías militares, en la judicatura y en las grandes empresas (aquellas que se beneficiaron de su relación con el franquismo).

El ciclo se repite y a su vez se replicará el eterno debate respecto a su conmemoración, originalmente el Día de la Raza, como el descubrimiento de América por parte de Cristóbal Colón en 1492. Un día de celebración ideado en pleno siglo XX, cuando el Imperio Español mismo ya había dejado de existir, como una rémora en el tiempo, una añoranza por lo que dejó de ser.

Este día festivo que junta diversas celebraciones (como es la fiesta religiosa de la Virgen del Pilar) reúne un elenco de diversos actores, empezando por aquellos que abanderan el rechazo hacia el imperialismo que otros atesoran en la memoria, de siglos atrás. Sin caer en presentismos históricos de una mentalidad actual frente a la formación imperialista de los siglos XV y XVI. Conocer el pasado de forma correcta, sin omitir la verdad, sin caer en maniqueísmos, es tan necesario como no valorar, con nuestra moral y ética, hechos del pasado. Rechazando caer en sentimentalismo o en falsas excusas al compararnos con otros imperios europeos con mayor brutalidad hacia pueblos e indígenas colonizados y esclavizados.

El Día de la Hispanidad, el nombre que ahora asume el por entonces Día de la Raza, es el día nacionalista del Estado Español, alzamiento de sentimentalismo nacional. Al igual que cualquier país burgués de turno. Al igual que cualquier otro país, en tiempos pasados se cometieron crímenes, genocidios, expolios. Para el ciudadano normal poco que celebrar.

Ante todo, los trabajadores no tienen patria, ¿qué tienen entonces que exaltar?

Sobre el ataque sobre los sentimientos de los herederos de aquellos que fueron oprimidos, atacados y expulsados de sus tierras, es probable que tengan más sangre de los conquistadores de aquella época que el español que habita la península ibérica, migrantes por naturaleza.

El día de celebración nacional tiene un carácter ideológico, un derecho de ser tanto como la legitimidad del propio estado capitalista que lo forma. Al igual que los estadounidenses celebran el 4 de Julio como su día, conmemorando su propia independencia. El 14 de Julio es para los franceses su fiesta nacional, conmemoración de la toma de la Bastilla. El 3 de Octubre tomando la reunificación de Alemania como día nacional.

Estos días que se deben a un momento histórico, reciente o de siglos pasados, que se utilizan para exacerbar y alentar el nacionalismo, y alimentar a su vez la alienación de los mismos trabajadores, anteponiendo sus intereses nacionales frente a los de clase. Dividiendo así el internacionalismo de los que son oprimidos por un sistema capitalista cada vez más extensivo, globalizado y mundial. El gasto en los festejos, en la movilización de tropas es parte de la ideología dominante frente a la percepción de aquellos que no son conscientes de su propia condición de oprimidos y la imposibilidad de la paz entre clases y volcándose de forma chovinista en la guerra entre pueblos.

¿No es Inglaterra u otros países imperialistas martirizadores de pueblos igualmente dignos y aún así se toman un día de celebraciones por el simple hecho de existir bajo un único estado burgués y unas fronteras consolidadas largo tiempo atrás? Pese a los intentos de focalizar en una especie de mal primigenio la nación española, no es más que parte de unas naciones con unas oligarquías que no se detienen a robar el trabajo de sus paisanos como lo serían de unos extraños al otro lado del mundo. La diferencia de esas clases bajas frente a países menos desarrollados es la coordinación y lucha colectiva con la que han conquistado derechos a lo largo de la historia.

Hay que prestar atención tanto a aquellos fanáticos chovinistas que lanzan loas a un imperialismo rancio como a los que intentan desprestigiar y apartar al pueblo del mismo poder como retroceso de la politización de la clase obrera e idealizar una libertad y una espiritualidad falsa que los separe de ser gobernadores de su misma tierra.

Cuando los trabajadores no son dueños de su propio país, viven realmente de prestado mientras se les infla de un sentimentalismo patrio, de un chovinismo purulento que carga contra el que superficialmente es distinto, pero sobre todo si es más vulnerable, se debe concienciar que esa fiesta es un arma contra su propia existencia.

El español medio no es responsable de actos históricos, la mayoría son herederos de la posguerra, criados bajo una dictadura con miles de muertos, que no ha hecho más que demostrar que el pueblo español es capaz de reflotar y reconstruir toda una nación con sus manos, en las peores condiciones, y dejar bien visible una clase solidaria pese a lo poco que tiene ante otros de igual o peor situación durante su corta democracia reciente.

Hay muchas razones por la que celebrar entre todos un día con estas características, pero queda demasiado por hacer. Para realizar una fiesta nacional, primero debería ser una nación de todos y cada uno de los trabajadores que la forman, y la única alternativa es bajo una democracia popular, haciendo de este estado suyo, apropiándoselo.

Por Darío  – @Tripo_1 en Twitter.

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