Escenarios de futuro para el Gobierno de coalición progresista tras la crisis del Covid-19:

Más allá de la actualidad inmediata copada por la pandemia del coronavirus y la gestión del gobierno sobre la misma (lo que es del todo lógico y no podría ser de otra forma, dadas las cifrasde contagios y fallecidos diarios, más bajas, pero aun insoportables), queremos invitar a la reflexión sobre los principales retos que deberá afrontar este gobierno durante la presente legislatura. El futuro parece un espectro intangible y lejanísimo, pero en realidad se convertirá presente en cuestión de escasos meses, una vez que hayamos conseguido estabilizar esta situación y se haya reanudado el sistema productivo, en particular, y la vida de todo un país en general.

Siendo enormemente exigente dicha empresa desde un punto de vista político e insólita/inaudita desde una perspectiva histórica, a la crisis sanitaria y política provocada por el coronavirus le seguirá una crisis económica brutal, que ya no solo nadie cuestiona, sino que equiparan o incluso consideran más grave aún que la de 2008 (entre otros motivos por la parálisis económica global, completa al principio y parcial conforme avancen los días, y las dificultades en poner de nuevo en marcha las cadenas productivas en todos los sectores). Y, como la anterior crisis, estará acompañada de una quiebra social dramática en tanto que ruptura de los consensos previos y de la cohesión que garantiza la estabilidad de una comunidad política.

No es nuestro objetivo entrar a profundizar sobre cuestiones económicas, algo que dejamos a los expertos en esa materia, además de que resulta del todo impredecible lo que ocurrirá en los próximos meses y años más allá del evidente periodo de recesión que ya ha comenzado.

En este sentido, solo queremos señalar algunas tendencias o hechos que agravarán la convivencia de nuestra sociedad en todos los órdenes y pondrá a prueba la capacidad de resiliencia de nuestra economía: por un lado, nuestro mercado laboral es el que mayor tasa de temporalidad cuenta en la UE (26/ 27%), por lo que estos empleos temporales serán los primeros en perderse, dejando en situación de extrema vulnerabilidad a estas personas. En segundo lugar, nuestra economía, especialmente en algunas zonas como los archipiélagos, el sur y sureste español está poco diversificada y dependen prácticamente en exclusiva del turismo, la hostelería y otros servicios de escaso valor añadido. Todos ellos son sectores especialmente afectados por esta pandemia, ya que la campaña de verano se da prácticamente por perdida y la de Navidad se encuentra en el aire. Por último, tal y como señala El Confidencial en un artículo del 25/04[1], nuestro país se encuentra fracturado en un noreste dinámico desde el punto de vista económico, con capacidad de resistir los vaivenes producidos por esta crisis (gracias a la diversificación productiva, servicios de alto valor añadido e importancia de la exportación al mercado exterior que garantiza la demanda) y un suroeste que articula su economía en torno al turismo y la hostelería, frágil ante la incertidumbre creciente y sin capacidad de responder a “un coma económico” que puede durar meses.

Una vez descritos brevemente y de forma muy superficial algunos de los retos que habrá de tratar de solventar el gobierno de PSOE-UP, pasamos a la parte que más nos interesa,acerca las expectativas políticas depositadas en dicho gobierno. En este apartado queremos llamar la atención sobre la inmensidad de la tarea política de los próximos meses y años que, pese a que por ahora el coronavirus haya dejado en suspenso y aplazado para un futuro indefinido, no deja deplanear inexorablemente en el horizonte.Pero junto a esta dimensión política, se halla otra de carácter simbólico igual de relevante y sobre la que queremos poner el acento y que tiene que ver con la satisfacción de esperanzas, cumplimiento de expectativas y las implicaciones que este logro o fracaso pueda tener para el campo de la izquierda, particularmente.

Desde un punto de vista realista, este gobierno no nació con la etiqueta de ‘gobierno del cambio’, movilizador de grandes pasiones políticas y abanderado de una voluntad progresista arrasadora, como sí podía haberse erigido en los años 2015 o 2016. Entre otras razones, porque tuvimos que esperar a las segundas elecciones y a que el fantasma de Vox irrumpiera con 52 diputados para que Pedro y Pablo de pusieran de acuerdo; a esto hay que sumar el hecho de que el Podemos o UP del gobierno no es el de los 69 o 71 escaños, sino uno de treinta y tantos mucho más modesto al que el asalto a los cielos le puso los pies en la tierra y en la moqueta roja del Congreso.

Aun así, no fueron pocos (casi diez millones de españoles en conjunto, unos 6´75 al PSOE y 3,1 a UP) los que confiaron en estos partidos para revertir toda una forma de hacer política practicada por el Partido Popular y basada en la austeridad y los recortes, la renuncia al diálogo en Cataluña, la destrucción de la estabilidad en el mundo del trabajo con la reforma laboral, así como de la vida digna de muchas familias con los desahucios diarios, el aumento de la represión y el estrechamiento de la libertad de expresión con la Ley mordaza, el olvido del reto ecológico, etc.

Por tanto, el gobierno de coalición habrá de enfrentar sí o sí, de forma más o menos eficaz,al menos tres desafíos: uno, la derogación de dicha reforma laboral, con el objetivo revertir la tendencia de precarización creciente del mercado laboral; dos, la derogaciónde la ley mordaza y, tres, la regulacióndel mercado del alquiler para evitar subidas desproporcionadas e inasumibles para la gran mayoría de inquilinos. Todo ello,no podemos olvidar, en un contexto nada favorable marcado por una nueva recesión económica post-pandemia.

Y decimos que habrá de colmar dichas expectativas, porque de no hacerlo,la alternativa es una derecha envalentonada y sin pudor alguno a usar la mentira como arma política, con pulsiones golpistas llamando a “un gobierno de emergencia social” y que no parece muy dispuesta a colaborar en la tarea de reconstrucción nacional que se avecina, al menos, en los próximos dos años. En estas turbulentas aguas será donde el gobierno habrá de remar para evitar un naufragio que dejaría, por un lado, a la izquierda tocada y casi hundida (por mostrarse impotente para gestionar una situación que hipotéticamente le sobrepase) y, por otro, al país en un escenario desolador, volviendo a la incertidumbre y al descontento de los años 2012, 2013.

La combinación del vacío producido por las esperanzas progresistas frustradas, junto con una derecha extremada por el arrastre de Vox al PP, solo puede resultar en un nuevo ciclo de autoritarismo político, hegemonía cultural de la derecha y resquebrajamiento de la ya de por sí frágil estabilidad socioeconómica,marcada por una posible vuelta a las recetas austericidas que tan dramáticos resultados tuvieron en nuestro país y en el sur de Europa.El campo progresista de este país se convertiría en un auténtico erial de mostrarse renuente e incapaz el gobierno para dar una salida que no deje a nadie atrás de esta crisis.

No obstante, no queremos poner en entredicho al gobierno por actuaciones que aún no han tenido lugar, sino simplemente lanzar un mensaje de responsabilidad y esfuerzo para el cumplimiento de unas expectativas y un programa en forma de contrato con la ciudadanía que los votó y también con la que no lo hizo. Es más, hasta la fecha, las decisiones del gobierno en materia social y económica, impulsadas muchas de ellas por la Vicepresidencia de Derechos Sociales y, fundamentalmente, el Ministerio de Trabajo (el establecimiento del ingreso mínimo incondicional, las ayudas a los autónomos, la moratoria de hipotecas y alquileres, la gestión de los ERTEs, etc.) las consideramos no sólo acertadas sino valientes, por lo que lo instamos a continuar con esta tendencia.

Por otra parte, no se nos escapa que buena parte de estas medidas se están tomando gracias a la enorme presión que los ministros de UP están ejerciendo al ala más neoliberal, comandada por Calviño, y partidaria de seguir a pies juntillas los dictados de la UE. Parece obvio que, si bien el gobierno no está roto en dos como le gustaría a la derecha mediática y política, sí que existen dos pulsiones claras dentro del mismo: una de corte más socialdemócrata y centrada en blindar los derechos sociales, laborales y económicos de la ciudadanía (ya sea con propuestas como el ingreso mínimo de 500 euros o la moratoria de los alquileres) y otra pulsión más liberal, preocupada por garantizar un clima de confianza en los mercados y salvaguardar los intereses empresariales.

Nuestro artículo no persigue otro objetivo que el de poner el foco en esas cuestiones que si bien ahora no resultante prioritarias, en cuestión de meses estarán encima de la mesa de gobierno, ya que esperemos que, más pronto que tarde, esta crisis sanitaria pase y habrá que estar preparados para afrontar una de orden económico y social.En definitiva, en cuestión de meses las aguas volverán al cauce de la normalidad y esperemos que, para cuando eso ocurra, el gobierno tenga la determinación y la valentía política necesarias para no acabar cediendo ante dificultades que los pondrán a prueba y en las que buena parte de los ciudadanos de este país se jugarán su futuro.

Por último, si bien el terreno no es el más propicio, la crisis del coronavirus y sus repercusiones económicas no pueden servir de pretexto para dejar de afrontar reformas que, para un gobierno que se proclama a sí mismo como “progresista” y “que no deja a nadie atrás” (además que, de facto, es el más progresista desde la instauración de la democracia en 1978), resultan ineludibles. Se trata de empujar desde el afuera institucional o sociedad civil a los que empujan desde dentro del gobierno para consolidar la profundización democrática y que la crisis no vuelvan a pagarla los mismos.

Por Julio Lucena de Andrés – @julio_5lda en Twitter


[1] El artículo completo “La España a dos velocidades por la crisis del coronavirus”, de Javier G. Jorrín y Jesús Escudero, El Confidencial, está disponible en: https://www.elconfidencial.com/economia/2020-04-25/crisis-coronavirus-espana-dos-velocidades-provincias_2561520/?fbclid=IwAR3I3-ZklgCF-Gf4iUd3TphYzZ6jgZdk343-gvfmN4eK_4W6gFjZKYiM8Js Consultado por última vez el 26/04/20.

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