Extrema Derecha, Fascismo y Populismo de Derechas; Una aproximación.

Introducción

El fervor de la política parlamentaria española ha traído de vuelta ideologías minoritarias a la palestra política, con acusaciones de fascismo y comunismo a distintas formaciones políticas, con mayor o menor acierto y efectividad. Este artículo trata de alejarse de estos maniqueísmos, en él trataré de realizar una revisión de los conceptos fascismo, extrema derecha y populismo de derechas vislumbrando las diferencias (que existen) entre estos términos, y porque debemos saber usarlos correctamente si queremos hacer un análisis serio y sereno de las diversas ideologías autoritarias que existen. En este artículo trataré de no realizar juicios de valor alguno ni valoraciones personales a esta ideología, ya que uno de los graves problemas metodológicos a la hora de definir estos conceptos es que en ellos se proyecta todo lo que el emisor odia. De ahí nace que se pueda afirmar que China es un país fascista, que Podemos es fascista o que Saddam Hussein o Israel sean fascistas, lo cual es un error a todas luces.

El esquema de este artículo será confrontar los dos primeros conceptos y dejar el tercero para finalizar el artículo, por considerarlo algo más alejado y contemporáneo que los otros. En este artículo pretendo usar la empatía metodológica para tratar de profundizar en estas ideologías, espero que no se confunda con un apoyo tácito a los proyectos políticos que se plantean desde estas ideologías.

Entonces, ¿Fascismo y Extrema Derecha no son sinónimos?

La respuesta corta y concisa sería un simple “No”, pero en las ciencias sociales todo siempre es algo más complejo y es por ello que creo que este artículo es de interés. No son conceptos similares porque sus orígenes son temporalmente distintos. La división izquierda-derecha data de la Revolución Francesa, quedando en el lado izquierdo los partidarios del progreso y a la derecha los partidarios de la monarquía. En el lado de la “Extrema Derecha” podemos encontrar a los más fervientes reaccionarios y conservadores, que retrotrayéndonos a esta época podría estar representado por Joseph de Maistre, el exponente de la restauración monárquica francesa. La extrema derecha nace como reacción a las fuerzas izquierdistas o liberales tras la Revolución de 1789. Esta extrema derecha era una simple reacción, pero que se desarrollaría ideológicamente durante el siglo XIX y primer tercio del XX.

Las diferencias son más amplias de lo que la estética pudiera mostrarnos. La mística cultural de la extrema derecha o de la derecha autoritaria es la religión[1] frente al vitalismo o irracionalismo fascista, que se alejaba de las concepciones religiosas sobre el ser humano. De ahí que las respuestas teóricas que han dado por lo general los teóricos derechistas sean reaccionarias o tradicionalistas frente a la respuesta revolucionaria del fascismo[2] (no en términos marxistas) que propugna una ideología que es una religión laica.

El papel del ejército es un punto poco comentado en esta diferencia teórica, pues la extrema derecha tiende a apoyarse directamente en el ejército, usar el sistema militar con fines políticos, o incluso llegar a apoyar el gobierno de los militares (pretorianismo)[3]. En cambio el fascismo siempre tuvo dificultades para anexarse a las fuerzas armadas, más allá de veteranos y algunos militares conocidos, pues las fuerzas armadas se decantaron por las derechas conservadoras y radicales. En este sentido la relación entre el fascismo y las FF.AA fue de búsqueda de su pasividad o apoyo tácito, pues sabían que el gobierno pretoriano no era compatible con su programa. De ahí nacen los ejércitos paralelos y las camisas (negras, pardas, plateadas, etc…), que son unas fuerzas de choque que si están controladas por el partido político, que posteriormente deberían cobrar aún más fuerza que el ejército regular ya existente. Todo fascismo es siempre militarista (en el sentido de usar su propia milicia militar), pero no todas las dictaduras militares son siempre fascistas[4]

La extrema derecha y el fascismo son partidarios de acabar con el Estado liberal y de establecer una dictadura, pero en el caso de la extrema derecha esta se apoyará en figuras ya existentes como el ya mencionado Ejército, la monarquía o la Iglesia, en el caso del fascismo emergen figuras nuevas como el Caudillo (de ahí el principio de caudillaje) o el partido de masas.

También las bases de apoyo y su uso son distintas en estos movimientos, el fascismo era hijo de la política de masas, de ahí su interés en su movilización constante y su apoyo en estas. En cambio la extrema derecha dependía mucho más de estructuras ya existentes y de las élites político culturales. La extrema derecha a pesar de su retórica fascistizada no aceptaba la movilización total interclasista propugnada por el fascismo (las masas en su casa o en la iglesia) ni los cambios culturales y económicos que el fascismo quería implantar[5].

La cuestión que hace que el público general confunda ambos conceptos (junto al de dictadura, autoritarismo o nacionalismo) reside en la “fascistización” retorica y propagandística que se extendió por toda la derecha, tanto en la más autoritaria como conservadora. El éxito del fascismo hizo que numerosos movimientos que competían por las mismas masas y electorado acabaron tomando las innovaciones propagandísticas que usó el fascismo, haciendo difícil su diferenciación estética. Aun así, tras lo comentado anteriormente debemos tener claro que las dictaduras militares (de extrema derecha) son más comunes que un movimiento o régimen fascista, esto es debido a que es más probable que el descontento desemboque en un levantamiento o golpe de Estado militar que en el encuadramiento en un grupo interclasista que finalice tomando el poder mediante la movilización[6].

Otra gran diferencia entre ambos es el interés del fascismo de intentar reducir la esfera privada de las personas mediante su encuadramiento en las estructuras del Partido (juventudes, secciones femeninas, eventos oficiales). En cambio la extrema derecha puede llegar a respetar las organizaciones sociales ya existentes como la iglesia, notables locales, cárteles económicos y demás poderes externos al partido de gobierno. Esa motivación por dejar a la población desmovilizada y pasiva ante la política es totalmente contraria a lo que propugna el fascismo, que busca su movilización continua (de ahí los referéndums mediatizados) y la gran cantidad de apariciones del líder carismático.  

Creo preciso completar este apartado con definiciones del fascismo, algo extremadamente complejo por la cantidad de autores que han tratado la materia. Aún así creo que es necesario realizarlo y he ido a dos definiciones que dan eminencias sobre la cuestión para hacer énfasis en los aspectos que ellos destacan al respecto:

Roger Griffin afirma sobre el fascismo que “es un género de ideología política cuya esencia mítica, en sus diversas variantes, es una forma palingenésica de ultranacionalismo populista”[7]. Esta definición parece muy abstracta y que usa conceptos algo extraños para los recién llegados a la materia, por eso la fragmentaré de forma didáctica para que todos podamos comprenderla en profundidad y sepamos a que se refiere:

  1. Género de ideología política. Griffin se refiere al concepto de fascismo genérico, el cual propugna que el fascismo debe ser tomado como cualquier otra ideología política, cuya motivación final es llevar a cabo su visión.
  2. Sus diversas variantes. El fascismo no es una camisa de fuerza estrecha, este se puede manifestar de formas muy variadas, de hecho es la ideología que más lo hace debido a su fuerte componente nacionalista, que hace que cada movimiento base sus mitos en la historia y orígenes nacionales, que varían de un país a otro.
  3. Esencia mítica. La ideología fascista parte y está basada en ese mito central que fundamenta la ideología. Y esas variantes se pueden comprender debido a la diversidad de mitos utópicos que propugna.
  4. Ultranacionalismo. Totalmente idealizada, la nación tiende a estar en peligro de desintegrarse –“Alemania está enferma, España ha sido deshonrada”- y esta fuerza vanguardista representada por los fascistas está dispuesta a dejar su vida para salvarla y combatir por ella.
  5. Populista. Gracias a estos mitos se puede generar y motivar energías populistas renovadoras (de ahí el concepto de palingenesia) para conseguir salvar la nación y hacerla renacer mediante un nuevo orden revolucionario[8].

Stanley G. Payne en su obra Fascismo analiza esta ideología y realiza una tabla definitoria de esta ideología que reproduciré de forma literal e íntegra porque apunta a otro tipo de análisis, mucho más concreto y dividido en diversos grupos de características que debe tener un movimiento fascista:

Otros aspectos, como el autoritarismo, el imperialismo, la exaltación de la violencia o la oposición frontal al comunismo o cualquier variante izquierdista hacían que ambas ideologías conectasen. De hecho hubo colaboraciones entre movimientos de extrema derecha y fascistas, esto también ha ayudado a asemejar ambos conceptos. Pero a pesar de estas similitudes creo que he podido exponer que ambos conceptos no deberían usarse de forma tan imprecisa y que si tenemos diversos términos es necesario que al hacer análisis escojamos bien nuestras palabras.

¿El populismo de derechas es la vuelta del fascismo?

En una entrevista en 1976 Giorgio Amendola, dirigente del PCI, en el que militó desde 1930, se le preguntó sobre el abuso de la palabra “fascismo” en el debate político. Amendola contestó firmemente: “Sin duda. Todo lo que está a la derecha se convierte en fascista. Yo no me canso de decir, en cada ocasión que conservador, reaccionario, autoritario o fascista son términos que corresponden a varias formaciones políticas, a distintas realidades. Así que no apruebo ciertas equiparaciones genéricas y superficiales. (…) Hay que acostumbrar a las generaciones el arte de la distinción”[9].

La asimilación de fascismo-populismo de derechas viene de lo que yo considero un error analítico que Gentile catalogó como la historia-que-nunca-se-repite-pero-que-siempre-vuelve-bajo-otras-formas[10]. Este error proviene de una escasa renovación teórica llevada a cabo por la izquierda, que no termina de comprender lo que es la democracia actualmente y que peligros que puede traer (reales) el populismo de derechas a nuestras democracias. Que el populismo de derechas no sea fascismo no significa que no puedan suponer un peligro para la democracia y nuestras instituciones.

Y es que el problema es que actualmente desde corrientes socioliberales y en general de izquierdas el fascismo se ha convertido en el chivo expiatorio de todo lo malo que nos ocurre. El populismo de derechas (en la mayoría de los casos) debe ser analizado como un “movimiento político de defensores de unas formas concretas de políticas democráticas de derechas que atacan el multiculturalismo, la libre circulación de personas con fines laborales, la islamización de la sociedad, los gobierno grandes y organismos internacionales como la Unión Europea y las Naciones Unidad, pero realizado de forma democrática, esto es, desde dentro de las instituciones de gobiernos representativos que no tienen ninguna intención de desmantelar”[11].

En el populismo de derechas no encontramos nada del motor palingenésico del fascismo, ya que su motor ideológico y movilizador es otro, es el desencanto y la anomia social. Si analizamos a los votantes de muchos partidos populistas veremos que sienten la amenaza constante (real o no) de que le han quitado sus raíces, de ser extranjeros en su propio país, o que quieren volver a tener una identidad clara de la que sentirse orgullosos, de ser dueños de su propia vida. Estos “lugares comunes” no les llevan a enfrentarse a la democracia de forma directa y radical, sino a que quieran asegurar la democracia para los nacionales, que los derechos humanos sólo sean disfrutados por los nacionales y que se pueda realizar políticas para evitar la contaminación de de la cultura nacional. Es por ello que creo que debemos diferenciar totalmente el fascismo del populismo de derechas, tanto a nivel ideológico como a nivel psicológico, hecho que no resta veracidad a que muchos partidos populistas de derechas hayan reclutado votos de fascistas.

Y tras afirmar esto voy un poco más allá y puedo afirmar que muchos programas y declaraciones de partidos populistas de derechas no buscan ni suprimir elecciones (si acaso podemos entrever una desconfianza del parlamentarismo), la búsqueda de un régimen de partido único, ni tampoco encontramos elitismo fascista. De hecho, muchos de estos partidos son hiperdemocráticos hacia fuera, tienden a exigir elecciones con leyes electorales más proporcionales, mayor multipartidismo y que los referéndums sean vinculantes, es decir, realmente son los ultras del régimen democrático, tal y como afirma Gentile[12].

Conclusiones

Finalizar un artículo como el que acabo de escribir es bastante difícil, ya que he ido a contracorriente en varias opiniones aquí escritas. Pero para concluir voy a incidir en las últimas ideas sobre el populismo y su diferencia con los extremismos y el fascismo y que nos depara el futuro. El fascismo y la extrema derecha consideran que la sociedad puede ser modificada mediante la violencia, en el caso del fascismo se puede construir el “nuevo hombre” mediante esta. En el opuesto los populismos (también los de derechas) rechazan esta idea, ellos participan (por lo general) en el juego democrático, con mayor o menor crítica a esta. Pero lo que no se puede negar es que reivindicando al pueblo desean transformar la sociedad en la que están insertos.

El  triunfo del populismo actual es fruto del “Fin de la Historia” de Fukuyama, de la descomposición de los ejes políticos izquierda-derecha y de la erosión que han sufrido categorías como socialista, liberal o conservador. Actualmente, y lamentablemente para los más nostálgicos y tradicionales, el debate se ha desplazado de izquierda-derecha a globalización-soberanía y libertad-seguridad, donde el populismo de derechas se siente totalmente cómodo y puede marcar la agenda política. En este momentum político el progreso (expansión sin límites del capital, falsa economía colaborativa) es el realmente reaccionario, y la reacción y rechazo a ello, es el verdadero progreso. En este contexto de inseguridad y reacción social (el llamado Momento Polanyi) los vencedores serán los que ofrezcan mejores formulas de protección, seguridad y estabilidad.


[1] Payne, S (2014). El Fascismo, p.27. Alianza

[2] Le Gal, C (2020) Un acercamiento a la distinción de los conceptos de fascismo, extrema derecha y populismo de derechas. Revista Digital de Educación y Formación del profesorado. nº17

[3] Payne, S (2014). El Fascismo, p.31. Alianza

[4] Paxton, R (2019) Anatomía del fascismo, p.409. Capitán Swing

[5] Payne, S (2014). El Fascismo, p.34. Alianza

[6] Paxton, R (2019) Anatomía del fascismo, p.409. Capitán Swing

[7] Griffin, R (2018). Fascismo, p.70. Alianza

[8] Griffin, R (2018). Fascismo, p.71. Alianza

[9] Gentile, E (2019) ¿Quién es fascista?, p.123, Alianza

[10] Gentile, E (2019) ¿Quién es fascista?, p.122, Alianza

[11] Griffin, R (2018). Fascismo, p.20. Alianza

[12] Gentile, E (2019) ¿Quién es fascista?, p.122, Alianza

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