El barrio ya no es lo que era

Artículo escrito por Emilio Puga Pérez (@empuper47), sociólogo por la Universidad Pablo de Olavide y estudiante del Máster en Urbanismo, planeamiento y diseño urbano en la Universidad de Sevilla.

I. Esto ya no es lo que era

“…kiyo esto ya no es lo que era…” Así empezaba hace ya casi once años el vídeo de mundoficción, con sus entrañables personajes, el culebra y el cabeza, que hacían un recorrido, con un humor impecable, acerca de como había cambiado Sevilla en comparación con su juventud y lo que era el barrio en ese momento. Lejos de ser una crítica solo humorística, el mensaje que promocionaban nuestros “compadres” era una realidad que a día de hoy sigue persistiendo en las conversaciones cotidianas. La ciudad ha cambiado radicalmente en su forma de organización y en su forma de expresión, transformando diferentes formas de entender la convivencia y haciendo de “la vida del barrio” algo residual en la mayor parte de los mismos. En los años 60, Henri Lefebvre (1901-1991), filósofo y sociólogo precursor de la sociología urbana como campo de investigación para los sociólogos advertía de este proceso con la explicación de la dialéctica entre hábitat y habitar. De la realidad urbana en la que los ciudadanos habitaban, siendo participes de la ciudad y generando en ella una vida interna intrínseca e independiente se pasó en cuestión de dos o tres décadas a un hábitat en el que el ocio, marcado siempre por la mano del mercado, era la guía de actuación en las ciudades. Este proceso cambió la dialéctica urbana/rural por la de centralidad/periferia, trayendo con el mismo esa dicotomía entre el lugar donde se trabaja (centro) y lugar donde se descansa (periferia).

 La realidad urbana ha cambiado, es un hecho, e incluso ha traído mayores comodidades para aquel que disfruta de la ciudad: mejoras en las líneas de transporte, un centro peatonal para poder hacer turismo en la propia ciudad, una mejora de los equipamientos, mayor énfasis en la calidad medioambiental del entorno etc. Sin embargo, es habitual encontrar a jóvenes adultos y a personas de mediana edad tener largas conversaciones acerca de aquel barrio “que era otra cosa” y rememorar aventuras con melancolía y añoranza. Y es que si, el barrio ha cambiado, y el cambio se ha llevado la identidad del barrio, aquella identidad de la que hoy queda entre el recuerdo y el reducto de tiempos pasados. La vida urbana, en una España no muy lejana pasaba por la vida en comunidad, los residentes de los bloques de viviendas se conocían y fomentaban cierta vida comunal que iba desde las verbenas de barrio, hasta la constitución de la “casa vecinal”, que era un espacio para uso de los residentes, en donde se organizaban actividades culturales, eventos y reuniones. Pero llegó la globalización. La vida se volvió mucho más rápida, las políticas neoliberales liberaron ciertos sectores y los grandes holdings económicos no tardaron en aparecer para hacerse con el mercado. Las grandes superficies no sólo se impusieron, sino que hicieron su marca más local generando establecimientos pequeños que sustituyeran a los comercios autóctonos. Y poco a poco la vida de consumo que vaticinaba Bauman (1925-2017) fue haciéndose efectiva. Lejos de que esto quede como una crítica hacia la globalización per se, quiero dejar claro que el problema no existe en el hecho de esa globalización positiva, en la que las personas alcanzamos conocimiento y reconocimiento de otras culturas, sino más bien de la globalización empresarial y la consolidación de los grandes capitales en la vida urbana. Y es que este es un proceso que a priori considero irreversible, y que en gran medida está matando, si es que no lo ha matado ya, a ese espíritu del barrio.

II. Cómo, cuándo y por qué cambió todo

David Harvey en su obra ciudades rebeldes demuestra -o trata de demostrar- la vigencia del análisis materialista histórico dentro de los procesos de urbanismo actuales. La tesis que recoge Harvey tiene como origen la visión dialéctica de la ciudad que, entre otros, expone Lefebvre en varias de sus obras (Materialismo dialéctico, La producción social, etc.) pero que tiene como origen Engels (Contribución al problema de la ciudad y Dialéctica en la naturaleza). Si bien el análisis se había retrotraído de manera habitual a la ciudad industrial y a la elaboración de una distinción marcada entre los barrios proletarios y los barrios de los burgueses, ese modelo de ciudad en gran medida está sobrepasado en la sociedad occidental, Harvey trata de demostrar que no ha habido una desaparición de estas relaciones antagónicas, sino que existe una actualización dentro de las mismas a causa de la forma en la que el capitalismo se ha reinventado.

En todo el mundo, se producen choques dialécticos entre los grandes imperios económicos, que se sustentan en los diferentes estados modernos y que conforman las formas de producción a nivel geopolítico, estos choques entre las diferentes facciones del capital suscitan diferentes formas de entendimiento del urbanismo, con un final impuesto en aquellos sectores que tengan más fuerza en el momento de los conflictos de intereses. Así, un planeamiento en Alemania tenderá a ser controlado por las grandes empresas energéticas, mientras que en Latinoamérica la tendencia será muy diferente, siendo en última instancia diferentes empresas de los mismos conglomerados. Esos imperios económicos, son conformados y sustentados por países que fueron pioneros en las revoluciones industriales, y en el desarrollo de sus burguesías nacionales, propiciando así, que la dialéctica entre los países desarrollados, y los que están en vías de desarrollo, se resuelva con una expoliación de los primeros a los segundos en recursos y de mano de obra barata, generando en consecuencia la denominada «clase media» en los primeros. Y con la aparición de la misma, la consecuencia del mayor poder adquisitivo del grueso de las sociedades occidentales y un nuevo paradigma de pensamiento en las potencias desarrolladas, incluyendo cambios en la visión de la ciudad y las necesidades que requieren las ciudades. Ante esta sinuosa travesía entre países, conflictos e intereses monetarios, Harvey destaca las ciudades rebeldes, que son aquellas que resisten al capitalismo financiero y globalista.

A mi parecer, acierta en esta forma de análisis porque intenta imbricar las diferentes cuestiones que a priori se están contemplando en el ámbito del urbanismo, como bien son la ecología, los sistemas más eficientes energéticamente y el problema paisajístico dentro de la planificación urbanística, unidos a los problemas relacionados tanto con el acceso a la vivienda por las personas, como la importancia de una convivencia saludable y que proyecte una vida comunitaria. Es decir, la conjunción entre la problemática social en el entorno urbano y la cuestión medioambiental. El autor, trata de exponer estas problemáticas desde una tensión dialéctica constante en estas tomas de decisiones. Esta reflexión apunta a que hay diferencias entre los intereses de personas que quieren sacar un rendimiento económico del diseño urbano, en contraposición a personas que entienden el medio urbano como una forma de convivencia y que reclaman unos intereses que favorezcan su vida en comunidad.

Encuadrando esta visión tan global, Harvey apunta a la ciudad para describir el cambio del proceso de tratamiento de los barrios pobres en las ciudades que han pasado de ser sistemáticamente sustituidos y mandados a las afueras, a conformar un concepto clave en la distribución de los barrios, el «tablero de ajedrez» de la pobreza y la exclusión social. Si bien la distribución de las ciudades en los países en vías de desarrollo gozan de una condición especial por su recepción de la producción mundial y la necesidad de lo que en España se denominaron «barrios obreros» que estuvieran separados de forma marcada de los burgueses, lo que encontramos actualmente en Europa es un proceso distinto; los barrios pobres son, aquellos que estando dentro de la ciudad, tienen una posición geográfica determinada, en la cual se concentran todos los problemas de la ciudad: suciedad, drogas, violencia etc. La idea de ingeniería social que proponen ciudades como Barcelona, con un diseño urbanístico altamente elaborado, en el que siguen existiendo conflictos tan preocupantes como la falta de integración de ciertas zonas de la ciudad, una alerta social muy latente en estos momentos de crisis como son los desahucios, o la paulatina disgregación de la clase trabajadora a la periferia de la ciudad, siendo el centro de la ciudad en donde se encuentra el empleo. Este paradigma de la crítica al intento de ingeniería social que se estaba empezando a plasmar en Europa en los años 60 y 70 ya fue criticado por Lefebvre. El concepto de «Derecho a la ciudad» es retomado y actualizado por Harvey a una sociedad globalizada, en donde los problemas son más visibles, pero paradójicamente menos resueltos. Las ciudades occidentales han cesado el intento de construir una ciudad más grande, para dar prioridad a otras cuestiones como el funcionamiento de los núcleos financieros como motores de la economía de las ciudades y de los países. El proceso de externalización de la industria produce un cambio en el paradigma del urbanismo y del planeamiento. Las ciudades quedan como la base necesaria para que se produzcan negocios a nivel global, y en clave especulativo. Es por ello habitual el nuevo fenómeno del capitalismo financiero de la figura del CEO, o lo que es lo mismo, un gestor que no tiene por qué ser de la ciudad o el país en el que se encuentre la sede de la empresa a la que pertenece, pero que ejerce la potestad de administrador de las acciones que lleva a cabo la misma.

III. Un problema sin solución a la vista

Ante este contexto cabe preguntarse, a quién encuentra en esto un problema claro, qué soluciones existen y cuales plantean las administraciones. Sin embargo, el problema en este caso no es la falta de soluciones, sino que no hay ninguna intención de solventar este mal. La sociedad, en términos generales, sigue yéndose a una deriva individualista e independiente alejada de cualquier anhelo de comunidad. La soledad es uno de los males de nuestros tiempos, y es una pandemia que a día de hoy no tiene vacuna. Con la facilitación del consumo han introducido ideología, y una ideología que no tiene partido político ni simbología, pero que si está latente en las acciones del día a día. Ante toda esta situación y la vista puesta en un futuro lleno de incertidumbres, sólo cabe apelar a la esperanza de una respuesta de la humanidad, haciendo posible que volvamos a ser aquello que siempre hemos sido: humanos.

Bibliografía

Bauman, Z. (2007). “Vida de consumo”. Madrid: Fondo de cultura económica de España.

Engels, F. (2006). Contribución al problema de la vivienda. Madrid: Fundación Federico Engels. [Edición original 1873].

Harvey, D. (2013). “Ciudades rebeldes: del derecho de la ciudad a la revolución urbana”. Madrid: Akal.

Harvey, D., & González Arenas, M. (2014). “Urbanismo y desigualdad social”. Siglo XXI de España.

Lefebvre, H. (1968). “El derecho a la ciudad”. Barcelona: Ediciones península.

Lefebvre, H. (2003).“The Urban Revolution”. (2003, Univ Of Minnesota Press). [Edición original 1970].

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