La Superliga: una nueva amenaza para los valores del fútbol tradicional

Artículo escrito por Endika Gómez González ( @EndiGomez95 ), doctorando en Sociología por la UPV/EHU.

Constantemente estamos siendo invadidos por una oleada de noticias e información relacionadas con el covid-19, un virus que a día de hoy ya forma parte de nuestra cotidianidad y con el que nos hemos malacostumbrado a vivir. Pero en estos últimos días se ha abierto un claro entre todas estas noticias con uno de los temas más debatidos, relacionado, como no podía ser de otra forma, con el futbol, la Superliga.

No es necesario explicar el poder y la universalización del fútbol como deporte y tema cotidiano, únicamente con este ejemplo ya se puede apreciar su gran potencial. Pero antes de adentrarnos a hablar sobre el tema de la Superliga, y para dar inicio a este texto, haremos una breve introducción con el fin de conocer los orígenes del fútbol y su constante evolución hasta convertirse en lo que actualmente es, uno de los mayores fenómenos sociales, culturales, económicos y políticos de la historia moderna.

Orígenes y evolución del fútbol: del entretenimiento al mercado

En sus inicios, y a través del auge de la industrialización, el deporte fue uno de los mecanismos para que España se introdujera en la modernidad. Prácticas como la esgrima, la hípica, las carreras de coches, la caza o el excursionismo eran los deportes estrella en los primeros años del deporte, acompañados de un deporte que por aquel entonces se mantenía al margen del resto, el futbol. Fue entonces cuando comenzaron a aparecer los primeros equipos de futbol ya que en Inglaterra comenzaba a ser un deporte popular. En España se trataba de un deporte elitista practicado por universitarios de clase media, lugar del que surgió el Madrid F.C. cuando la clase trabajadora todavía no había sido engullida aun por el deporte debido a las largas jornadas de trabajo y los bajos salarios. El futbol fue introduciéndose paulatinamente desde la élite, pasando por la clase media y finalmente llegando a la clase trabajadora cuando se instauró la jornada de trabajo de ocho horas y el aumento del sueldo de los trabajadores. En los años siguientes a la aparición del deporte en el país se dio un aumento en los procesos de socialización de la población, y las competiciones locales y regionales se oficializaron hasta llegar a la creación de un campeonato nacional, la Copa de España, y en 1913 la Federación española de futbol. A partir de estos años, el futbol se coronó como deporte rey ya que el número de equipos se multiplicó en gran medida, se llenaron los campos de futbol y los mejores jugadores se convertían en los nuevos héroes.

Los mejores equipos de futbol comenzaron a construir nuevos estadios para ampliar la capacidad de sus espectadores ante la gran demanda por formar parte del espectáculo, de esta manera se cubrieron los estadios y aumentaron los ingresos por la venta de localidades para entrar al estadio. El futbol acorde a la demanda de la sociedad de masas se expandió en la sociedad urbana, siendo este más notorio en las ciudades con mayor crecimiento económico de principios del siglo XX, los centros industriales. Fue en Cataluña y el País Vasco donde llegó con antelación este deporte debido a la influencia inglesa en la siderurgia. Por lo tanto, equipo como el Athletic Club de Bilbao, la Real Sociedad de Donosti, el Arenas de Getxo o el Real Unión de Irún fueron los pioneros en lo que a la difusión del futbol se refiere. Seguidamente en Cataluña se siguieron estos mismos pasos con la aparición del F.C. Barcelona y el Espanyol, y pronto la comunidad de Madrid fundó sus equipos Madrid F.C. la Gimnastica y el Atletico de Aviación. Y pocos años después se unieron al gran fenómeno futbolístico otras ciudades y territorios de España encabezados por Valencia y Andalucía.

El deporte y en concreto el futbol, también se extendió entre los trabajadores que durante los años veinte fueron creando equipos de barrios, oficios y empresas. El deporte por parte de los socialistas era visto como medio de organización de los jóvenes obreros ya que promovía el espíritu de camaradería y compañerismo. Promovía la identidad obrera a través de la conquista del barrio, la empresa o el lugar de trabajo de los que se apropiaban haciéndolos suyos y no espacios vacíos de solo trabajo. A su vez, durante la segunda República el deporte también se utilizó como medio de socialización para las mujeres las cuales practicaban cada vez más deportes.

Dicho esto, en 1936 el futbol había traído consigo un enorme aumento del grado de socialización de la sociedad española al son de lo que ocurrió en Europa, se crearon nuevas formas de sociabilidad al mismo tiempo que beneficiaban el sistema económico acompañado de nuevos horarios y aumentos salariales ideales para dedicar tiempo al ocio. Poco a poco el futbol se convirtió en un espectáculo de masas hasta convertirse en uno de los fenómenos más relevantes del siglo XX, a pesar de que la guerra civil y la dictadura franquista interrumpieran el proceso y el crecimiento de este ámbito ya que, al contrario que la Italia fascista o la Alemania nazi, el culto al cuerpo y al deporte no existía durante el régimen franquista.

Con el paso a la modernidad el sentido del futbol y su práctica cambiaron totalmente comenzando a concebirse este como un medio de movilidad social, lo que hizo que este fenómeno se masificara en Europa. Pero a diferencia de esto, para las elites el sentido del futbol residía en considerarse una actividad física de tiempo libre basada en el honor y el respeto, en cambio las clases bajas comenzaron a verlo como un mecanismo para acceder al dinero y salir de la pobreza, un medio para cambiar su estatus. Por lo tanto, a través del capitalismo surge el futbol profesional, y es a partir de esta nueva categorización cuando surge un replanteamiento de la práctica deportiva en base a conseguir un rendimiento más eficaz y obtener así un mayor número de victorias, éxitos y dinero. Se ensalza la victoria por encima de todo y se compite con el objetivo único de ganar para obtener una gran recompensa económica y prestigio social, representando una patria, una raza, una bandera e incluso una ideología. Como dice Esparza Ontioveros (2010):

“hemos subsumido al sistema deportivo y todos sus fenómenos observables bajo el concepto de proceso de producción deportiva para significar, por un lado, que el sistema deportivo depende de un modo de producción económico dado (capitalista) y, por otro, que el propio sistema deportivo produce mercancías muy particulares: campeones, espectáculos, récords y competencias.” (Brohm, 1982: 14)

Dicho esto, hoy en día no solo se quiere ganar sino también ser el mejor en el tiempo y a largo plazo dejando una prueba cuantitativa que perdure más allá de la propia vida del deportista, el record. Actualmente el deporte y en concreto el futbol contiene una fuerte carga de valores de producción, plusvalía y culto al dinero en torno a conseguir nuevos y mejores espectáculos, de ahí la creación de la Superliga.

La Superliga y sus poderes «curativos»

Respecto a la Superliga, esta se trata de una competición enfocada a lo que el autor Critcher (1979) denomina “aficionado cliente”, el cual se diferencia en que es más indiferente y busca la satisfacción de intereses particulares sin mostrar ninguna lealtad o dependencia sobre qué equipo apoyar. Se trata de un espectáculo meramente mercantil que tiene como objetivo atraer a potenciales inversores, clientes y una clase de espectador artificial o “chaquetero” acostumbrado a ver a los “grandes”, dejando de lado todo el entramado social e intangible propio de los valores tradicionales del futbol: sentimientos, emociones e identificación. Convirtiéndose así este supuesto campeonato en una nueva maquinaria de negocio más y que tan habituales han sido en los últimos años de este deporte. Entre ellas el último invento de la UEFA, la Conference League, una futura competición continental oficial de clubes considerada la tercera más prestigiosa de Europa, tras la Liga de Campeones y la propia Liga Europa, conformada por los equipos que logran ocupar la séptima plaza de sus respectivas ligas.

Entre los argumentos de la necesidad de llevar a cabo la Superliga, las cuales iremos analizando, se encuentran los tres principales citados por el presidente del Real Madrid Florentino Pérez:

En primer lugar, se habla de llevar a cabo este campeonato debido a que se celebrarían partidos más competitivos e importantes los cuales generarían más dinero. Se habla de partidos grandes cuando los últimos años los clásicos Barcelona vs Madrid han sido mera publicidad dejando mucho que desear en lo futbolístico. Todo ello se debe a que el futbol es un deporte imprevisible en el que todo es posible y que por ello atrae, el ver grandes partidos y las gestas que realizan los equipos más humildes. Como cuando recientemente el Leicester ganó la Premier League en Inglaterra sin que nadie lo esperara, esa es la verdadera esencia del futbol y no el acto de crear un campeonato que incluye a los equipos de futbol más ricos y excluye al resto. Ante la supuesta crisis económica que sufren este tipo de equipos, parece ser que tampoco les interesa vender a sus mejores jugadores para recuperar la falta de dinero del club, lo cual paradójicamente les daría la oportunidad que tanto desean de tener partidos más competitivos contra cualquier rival.

En segundo lugar, se hace alusión a un segundo argumento a cerca de la Superligar como elemento a través del que se pretende recuperar a los jóvenes, ya que actualmente los jóvenes de entre 14 y 24 años conocen otras aficiones distintas al monopolio del futbol. Además de ser verdadero este dato, que cada vez los jóvenes se centran más en otro tipo de aficiones como los videojuegos, existe un factor todavía más influyente en el abandono del futbol por parte de las nuevas generaciones. Este factor se trata de la disparidad y desigualdad entre equipos, los jóvenes cada vez crean identificaciones más débiles con los respectivos equipos de sus ciudades debido a que los equipos económicamente más capitalizados cada vez son más grandes, son prácticamente imbatibles por los equipos más humildes. Y es esa cierta imposibilidad, entre otras, creada por la mercantilización del futbol la que hace que este deporte resulte cada vez menos atractivo para los jóvenes.

Además, con la pandemia estos clubs están perdiendo millones debido a sus fichajes a través del pago de salarios desorbitados los cuales ven que no pueden pagar y a través de los cuales se endeudan cada vez más. En cambio, los equipos humildes fichan sin gastar por encima de sus posibilidades, fichan jugadores que les son cedidos o fichan gratis. Por lo tanto, los equipos llamados “grandes” son equipos totalmente endeudados y como se ha podido ver a través de la situación actual, cuando la ruleta del merchandising, las entradas a precios inimaginables y toda la economía que rodea al equipo dejan de girar sale a la luz toda la deuda que estos equipos llevan detrás. La cual desean solventar y corregir utilizando argumentos como los de la pérdida de interés de la juventud o aludiendo a la desaparición del futbol para poder crear su nueva fuente de ingresos, la Superliga. Todo ello al mismo tiempo que estos equipos construyen sus nuevos estadios o realizan obras millonarias en los mismos. Los clubes por tanto, no se preocupan de obtener beneficios, sino que gastan lo que sea necesario para ganar partidos y poder continuar manteniendo la competitividad en el área deportiva, de manera que “el fútbol se convierte en una suerte de carrera armamentística: todos los clubes gastan demasiado por miedo a sus vecinos” (Kuper y Szymanski, 2010:117).

El tercer y último argumento genera, es el de que los equipos tendrán que vender a sus mejores jugadores y entonces todo cambiará, el futbol no será lo mismo y podría desaparecer. Todo este argumentario más que una llamada de socorro para salvar el futbol, suena a que no quieren quedarse con un equipo más humilde que tenga que luchar con dientes y garras cada partido. Al fin y al cabo la esencia del futbol es esa, intentar salir adelante con el equipo más humilde y trabajado posible, los más fácil es la costumbre que tienen estos clubs  de fichar a los mejores para poder ganar lo máximo posible. A priori, por parte de sus creadores la Superliga se ensalza como un proyecto inclusivo y de reconstrucción del futbol, y la realidad es que excluye aún más al resto de equipos posicionando el foco de atención en tan solo los 12 “grandes” de Europa.

La mercantilización del fútbol

Todo el panorama descrito hasta ahora en este artículo se debe a que el fútbol ha sufrido una mercantilización sin precedentes en los últimos años que lo está desnaturalizando. Además, la mayoría de los clubes se han resistido a aplicar criterios económicos lógicos y han gastado mucho más de lo que tenían con el objetivo de conseguir victorias y continuar compitiendo al máximo nivel. En consecuencia, se ha producido un aumento irreal y desmesurado de los precios de los traspasos y de los salarios de los futbolistas, creando así una “burbuja futbolística” insostenible, por lo que se debería exigir una mayor regulación y control en las cuentas de los clubes.

En total, señala Gay de Liébana, en la Primera División española la deuda ascendería a los 3.500 millones de euros. Pero por si estas cifras no son ya bastante impactantes, lo peor vendría al saber qué cantidad de esta deuda mantienen los clubes con Hacienda o la Seguridad Social: diversos medios de comunicación se han hecho eco que la deuda con Hacienda estaría próxima a los 800 millones de euros, mientras que por lo que respecta a la deuda con la Seguridad Social, las autoridades no han facilitado estos datos, pero entre ambos, la cifra podría ser muy elevada. Mientras la gente que se ha quedado en el paro y no puede pagar su hipoteca es desahuciada y se queda sin un lugar para vivir, los bancos renegocian constantemente la deuda de los clubes de fútbol o amplían el plazo para pagarla. A pesar de haber sufrido unos recortes sin precedentes en servicios públicos tan fundamentales como la educación y la sanidad, a los clubes de fútbol se les permite retrasar sus obligaciones, mientras se les conceden recalificaciones de terrenos, subvenciones o contratos publicitarios con el dinero de todos los ciudadanos.

En lo que se refiere al nuevo aspecto económico del futbol moderno, este deporte cumple sus funciones mercantiles basándose en el modelo neoliberal como puede verse en Aragón (2014) ya que este deporte ha dejado atrás su esencia y valores tradicionales para dar lugar a un nuevo futbol basado en el espectáculo televisivo que tuvo su debut como tal, en el Mundial de México en 1986. Desde este año toda la organización de este gigantesco evento, comenzaba a estar condicionada por las normas televisivas impuestas desde la perspectiva del negocio y los mercados europeos que estrictamente se encuentran vigilados por el “ojo que todo lo ve” de la FIFA. Es por ello que “sus políticas neoliberales, han logrado permear las tradiciones propias de las diferentes sociedades y han logrado desarticular los viejos paradigmas de organización identitarios de cada país en cuanto al fútbol se refiere” (Aragón, 2014: 8). A medida que avanzaban los años en las últimas décadas, tanto la globalización como el neoliberalismo comenzaron a instituirse futbolísticamente a través de la imposición  de reglas para establecer un tipo de organización de carácter estricto en todos los ámbitos. Por lo tanto, todas las emisiones e imágenes de televisión expuestas a la población, poco a poco comenzaron a girar en torno a un solo discurso universal y hegemónico. De esta manera nace una verdadera maquinaria de homogenización del pensamiento “siendo este uno de los `grandes éxitos´ del neoliberalismo a nivel continental, son los encargados de edificar toda idea que favorezca los intereses de los dominadores del campo social del fútbol” (Aragón, 2014: 10).

En definitiva, como señala Aragón (2014) podemos decir que desde finales del siglo pasado se han venido construyendo unos instrumentos bastante poderosos que han dado lugar a nuevas subjetividades con el objetivo final  de extenderse e institucionalizarse, como todas las nuevas competiciones que van emergiendo poco a poco al igual que lo ha hecho la Superliga este año. De esta manera, el instrumento principal que se ha utilizado para llevar a cabo una construcción cultural y de subjetividades ha sido sin duda la aglutinación de todos los medios de comunicación posibles para homogenizar y dar lugar a un discurso y pensamiento únicos. Es decir, paso a paso han podido instituir una maquinaria creadora de sentido común y de la opinión actual. Y en el caso del deporte y sobre todo en el fútbol, este proceso se ha convertido en la punta del iceberg que permite la invasión cultural de manera masiva logrando así una nula resistencia:

“Así pues podemos observar como los grandes eventos futbolísticos, principalmente los mundiales, se han transformado en una suerte de Coliseo Romano mezclado con Cirque du Soleil, convirtiendo al espectador en un ser que solo detenta el nihilismo de la presencia, reflejado en una inmensa pantalla de miles de pixeles en la cual querrá que su imagen se inmortalice al ser enfocado por las cámaras de televisión” (Aragón, 2014: 13).

El surgimiento de espacios de resistencia contra el fútbol negocio

Hechos como la aparición repentina de la Superliga dan pie a los defensores más fieles del futbol tradicional  denuncien, protesten, se posicionen y se movilicen en contra del panorama futbolístico descrito hasta ahora. Es a través del artículo escrito por Numerato (2015) donde se puede ver que desde la instauración de este deporte en la sociedad, los primeros descontentos con el denominado “futbol moderno” vinieron a través de protestas que se dieron durante la posguerra como respuesta al nuevo mercado de fichajes y a la irrupción de la burguesía en el futbol, es decir, a la intromisión del capitalismo masivo e innecesario.

Según Martín y García (2011) a raíz de los cambios que se dieron durante estos años: la profesionalización, internacionalización y comercialización del fútbol; provocaron que este deporte se abriera a clases más amplias, principalmente a la clase media. Se instauró de esta manera una clara diferenciación entre el fan, de clase obrera, y el espectador, de clase media. La oposición contra el futbol moderno no comenzó a ser captada como una expresión colectiva posicionada en contra de los desarrollos futbolísticos modernos hasta finales de la década de los 90. De esta manera los hinchas empezaron a adquirir conciencia sobre los mecanismos neoliberales que escondía esta cultura futbolística, la cual está en contra de la experiencia de los hinchas en el juego percibida como elemento tradicional. Por lo tanto, comenzaban a darse ciertas luchas y protestas contra el impacto negativo de la lealtad del futbol a las empresas basadas en principios neoliberales, contra los medios de comunicación, y contra la corrupción y la mala gestión de los gobiernos del futbol. Por este motivo “puede decirse que las gradas de los estadios se han convertido en unos de los principales espacios de confrontación entre los valores tradicionales vinculados al futbol de la vieja escuela y sus aficionados, y el mercado” (Giulianotti and Robertson 2004: 546).

Según Schaerlaeckens (2015) el movimiento Against Modern Football no es algo nuevo, lo que pasa es que hasta ahora nadie había sido capaz de captar su esencia. El movimiento Against Modern Football había sido algo sin forma, como un conjunto de personas descontentas que vivían escondidos entre todos los tipos de aficionados. Esto se debe en parte a que «Against Modern Football” es más un sentimiento que un movimiento agrupado y con sentido. Principalmente es una expresión que se utiliza como muestra de honor al futbol tradicional por parte de los aficionados, es simplemente algo con lo que identificarse. Por lo tanto, este sentimiento puede entenderse como una especie de rechazo a la modernidad, una reacción a lo que se considera el crecimiento del deporte hacia un producto más artificial y menos popular.

El sentido de esta lucha reside en el origen del fútbol, ya que muchos equipos europeos fueron fundados hace más de un siglo por amigos, clubes sociales e industrias y fábricas. Muchos de estos clubes fueron poco a poco desapareciendo pasados los años, pero los que lograron tener más éxito optaron por profesionalizarse paulatinamente. En definitiva, cabe remarcar que estos equipos históricos no eran las franquicias lucrativas de hoy en día que tienen como objetivo ganar dinero en ligas profesionales. Entre los diversos desacuerdos que se mantienen con el modelo de futbol actual el movimiento pretende apoyar distintas medidas, entre ellas: reducir los precios abusivos de las entradas, permitir de nuevo beber alcohol en los partidos, habilitar de nuevo zonas para poder estar de pie en los estadios, hacer que los equipos sean únicamente propiedad de los aficionados o que al menos se les de voz a estos para opinar sobre los asuntos del club, y que se respeten y se conserven las tradiciones. En definitiva, recuperar el control del futbol como deporte y que los clubes sean de los aficionados y para los aficionados.

Un final abierto

Para concluir con este artículo, cabe mencionar que ante las reacciones surgidas debido a la emergencia de este tipo de campeonato, la mayoría de equipos que conformaban este selecto club han rechazado paulatinamente su participación en este. Entre ellos, los equipos ingleses, país fundador de este deporte, fueron los primeros en retirarse no sin antes recibir una oleada de críticas por parte de sus propios aficionados.  Después, lo harían los equipos italianos y finalmente el Atlético de Madrid, dejando en un limbo solitario, más que sugerente para los amantes del futbol negocio, al Barcelona y al Real Madrid. En este caso parece sorprender la no inclusión de equipos Alemanes de la Bundesliga, pero para todo conocedor de su sistema futbolístico la no participación de estos equipos no debería sorprender. Esto es debido a que Alemania actualmente es el equipo Europeo que más ha sabido cuidar el futbol y su esencia, es decir, los valores y sus aficionados, ensalzando por encima de cualquier intención mercantil un futbol del pueblo y para el pueblo. Gran muestra de ello son los bajos precios de las entradas a los estadios los cuales pueden verse reflejados en la cantidad de adeptos que abarrotan los estadios cada jornada desde la tercera división hasta la primera y más importante. Y sin olvidar la famosa regla 50+1 instaurada en 1998 para el beneficio de los aficionados. 50+1 Regel es un término informal utilizado para referirse a una cláusula de la Liga Profesional de Fútbol de Alemania, según la cual todos los equipos de la Bundesliga deben ceder la mayoría de los derechos de voto en manos del club y de sus socios, es decir, el 50% más uno. Concretamente, y a diferencia del resto de países en los que este tipo de medidas sería algo impensable, fue diseñada para que los clubes se mantuvieran bajo control de los aficionados en vez de depender de una sola persona física o jurídica, es decir, manteros lejos las garras de jeques, magnates, millonarios y empresas.

En lo referente al panorama descrito a lo largo de este escrito, autores como Verdú (1980) ya nos hablaban hace años de cómo el futbol se iba amoldando al formato de un negocio-espectáculo, un nuevo modelo que reproducía las características de la actual sociedad capitalista y tendía la mano al modelo neoliberal. Nos encontramos hoy en día ante un panorama de futbol negocio en el que impera la máxima “vender espectáculo”: las marcas, la publicidad, el merchandising, la tecnología, los servicios, las redes sociales, los móviles y las cámaras han colonizado todo el espacio futbolístico acabando con su esencia más sentimental. En este sentido, se puede decir que “hoy, el nuevo futbol globalizado es de usar y tirar. Como la sociedad que lo cobija. Como las hamburguesas del McDonalds. Los jugadores bailan al son que les imponen las multinacionales. Clubes y federaciones son meros intermediarios”. (Solar y Reguera, 2008: 28)

Una vez destapada la cortina de humo de la Superliga, visto el ruinoso panorama futbolístico actual y conociendo las intenciones de la oposición a este modelo cabe añadir que este no es el final, tan solo estamos al principio de unos acontecimientos que de aquí en adelante se podrán ver con mayor frecuencia. Por lo tanto, en un futuro no muy lejano saldrán a flote en los próximos años muchos más campeonatos, torneos, espectáculos, circos o teatros deportivos con distinto nombre pero con la misma esencia: romper con los valores tradicionales que dieron origen a este deporte y al deporte en general.

BIBLIOGRAFÍA:

  • Aragón, Silvio. (2014). “Fútbol Argentino y Mexicano en el Contexto del Neoliberalismo”. Des-encuentros, vol. 12, 6-14.
  • Bhrom, Jean Marie. (1982) Sociología Política del deporte, FCE, Méjico.
  • Critcher, C. (1979). Football since the war. Working Class Culture: Studies in history and theory. (Eds. J. Clarke, C. Critcher and R. Johnson), London: Hutchinson
  • Esparza Ontioveros, M. A. (2010). “El deporte moderno y el ejercicio físico antiguo. Comentarios sobre sus diferencias”. Revista Digital – Buenos Aires – Año 15 – Nº 144 [en linea] disponible en: http://www.efdeportes.com/ [Consultado el: 8 de Marzo de 2021].
  • Giulianotti, R. y Robertson, R. (2004). “The globalization of football: a study in the glocalization of the ‘serious life’”. The British Journal of Sociology, vol. 55 no. 4, pp. 545–568.
  • Joan Úbeda Colomer y Juan Pedro Molina Alventosa. (2014). “El control del balón de oro: crónica crítica sobre la mercantilización del fútbol”. Actividad física y deporte: ciencia y profesión, Nº. 20, págs. 37-45
  • Kuper, S. y Szymanski, S. (2010). El fútbol es así (soccernomics): Una explicación económica sobre mitos y verdades del deporte. Barcelona: Empresa activa
  • Martín Cabello, Antonio. y García Manso, Almudena. (2011). “Construyendo la masculinidad: fútbol, violencia e identidad”. Revista de Investigaciones Políticas y Sociológicas (RIPS), vol. 10, nº 2, 73-95.
  • Numerato, Dino. (2015). “Who Says “No to Modern Football?” Italian Supporters, Reflexivity, and Neo-Liberalism”. Journal of Sport & Social Issues, 39(2), 120-138.
  • Schaerlaeckens, Leander. (2015). “Againts Modern Football, el movimiento que pide un deporte alejado del capitalismo” en Vice [En línea], disponible en: https://sports.vice.com/es/article/8qpj5x/against-modern-football-el-polmico-movimiento-que-pide-un-deporte-fuera-del-capitalismo-enloquecido-futbol [Consultado el 20/12/2018].
  • Solar, Luis V. y Reguera, Galder. (2008). Cultura(s) del fútbol. Editorial: Bassarai.
  • Verdú, Vicente. (1980). El fútbol: mitos, ritos y símbolos. Madrid: Alianza editorial.

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