A league of their own – Ser amigas puede significar muchas cosas distintas

Texto escrito por Rebeca Ponce de León (@peliculitas.de.lesbianas // @rebeponce00): Graduada en Psicología por la UCM y cursando el Máster en Psicología General Sanitaria en la UAM.
Creadora de la plataforma de instagram @peliculitas.de.lesbianas, donde sin pretensión
ninguna comento y opino sobre, literalmente, peliculitas de lesbianas. He colaborado en otras
revistas digitales como Popper, Visual404 y SantaMandanga, donde también comento y
opino sobre bolleras en el medio audiovisual, pero de manera menos… divertida.

“Las conexiones entre las mujeres son las más temidas, las más
problemáticas y la fuerza potencialmente más transformadora en el
planeta.” Adrienne Rich

¿Qué tienen en común la cárcel de Orange is the new black y el campo de béisbol de A
league of their own? Que son una cantera de lesbianas. Echaba de menos ver una serie de
lesbianas y no una serie en la que aparezca una pareja de chicas. Esta serie está dirigida e
interpretada por gente queer, y dejadme deciros una cosa: se nota. Es el POSE bollero,
amigas, representa no solo el lesbianismo de manera consciente y política, sino también otro
tipo de relaciones entre mujeres y lo ricas que pueden llegar a ser.

A league of their own (ALOTO) es una serie de comedia creada por Will Graham y Abbi
Jacobson y basada en la película homónima de Penny Marshall de 1992 sobre las Peaches, un
equipo de la primera liga femenina de béisbol de América (la All-American Girls
Professional Baseball League). Esta liga fue posible porque, durante la Segunda Guerra
Mundial, como muchos hombres estaban luchando en el frente, el béisbol profesional se vio
en peligro. Las mujeres empezaron a ocupar espacios que antes se les tenía vetados, y el
deporte fue uno de ellos. Como se muestra tanto en la serie como en la película, este cambio
no fue bien recibido por parte del público, pero entre ridiculizaciones y exigencias, estas
mujeres comenzaron a demostrar que sus partidos valían la pena por la calidad de su juego y
no por la largura de la falda con la que las obligaban a jugar. Además de a las Peaches, la
serie nos presenta la historia de Maxime Chapman, una pitcher excluida de la liga femenina
por ser negra y del equipo de su fábrica por ser mujer. No es este personaje el único nuevo
respecto al largometraje, de hecho, podría decirse que todos los personajes son nuevos.
Distintos nombres y distintas historias, aunque con innumerables guiños a los personajes de

la película que inspiraron los de la serie. Se produce así una bonita conversación entre las dos
versiones. Por ejemplo, durante toda la temporada Carson debe aclarar que no es una chica de
granja, incluso que nunca ha estado en una, porque, aunque a veces lo pueda parecer, ella no
es la fílmica Dottie, the queen of diamonds. Esta serie no es pues exactamente un remake,
sino que es algo completamente nuevo.

En la serie, además del béisbol, hay tres factores clave que vertebran los ocho capítulos y que
en la película original pasan extremadamente desapercibidos, y son las cuestiones de raza,
género y sexualidad. Es en esas cuestiones en las que me gustaría profundizar más en las
líneas que siguen, concretamente, me centraré en los diversos vínculos entre mujeres que se
reflejan en la serie: parientes, amigas, amantes y todo lo que hay en medio.

Una vez descubres que no eres la única bollera del mundo, no puedes parar de verlas. Esto es
lo que le sucede a Carson Shaw, una de las protagonistas de esta serie de Amazon Prime.
Cuando Carson reconoce su deseo hacia Greta, su compañera de equipo, poco a poco
empiezan a aflorar ante sus ojos las disidencias de otros personajes. Como en las crónicas de
Spiderwick, en las que solo las criaturas mágicas se ven entre ellas bajo la ceguera de los
humanos, la gente queer históricamente ha desarrollado unos códigos, jerga y espacios para
ser reconocidas por “los suyos” pero permanecer invisibles para el resto de la sociedad. Es
muy emocionante ver cómo Shaw descubre que, a parte de otro tipo de amor (en sus palabras,
más parecido a comer pizza que comer pan de mantequilla) hay un mundo de criaturas
mágicas que ahora puede ver.

Paralelamente tenemos a Max, otro de los personajes más relevantes. Su vida entera es el
béisbol, y las continuas barreras para poder jugar en un equipo por ser una mujer negra la
arrojan a un limbo identitario, ¿quién soy si no juego a béisbol? Por si fuera poco, en ese
puzzle de sí misma también tiene que encajar las piezas que corresponden a su deseo hacia
las mujeres. En medio de todo este cacao se encuentra con su tía Bertie, personaje
interpretado por Lea Robinson que nos recuerda mucho a las Butches [1] que Leslie Feinberg
nos presentó en su fascinante novela Stone Butch Blues. Al comienzo de esta novela, Jess, la protagonista, entra a un bar lésbico y, después de fijar su atención en una de las lesbianas
masculinas, se dice lo siguiente: “Quería conocer a Rocco. Quería hacerle un millón de
preguntas. Quería ver el mundo con sus ojos. Pero, sobre todo, quería encontrar las
diferencias entre ella y yo. Me asustaba reconocerme en Rocco.” Este desconcierto, interés y
miedo es lo que nos transmite la reacción de Max al ver a su tía con el pelo corto, traje y una
mujer como esposa. Como si de un destino fatídico se tratase, Max huye de todo lo que
representa Bert, pero la infinidad de puertas abiertas al conocerle y, sobre todo, las millones
de preguntas por responder la llevan de nuevo ante su puerta. A partir de ese momento,
empieza el tierno amadrinamiento que se produce al introducir a alguien en el mundo de las
criaturas mágicas y el vertiginoso camino por el espectro del género.

En este proceso de de-generación [2] , como en tantos otros, las amigas se convierten a la vez en
bote salvavidas y en faro. Cuando nadie de tu alrededor entiende (muchas veces ni tú misma),
tener una cómplice y aliada se convierte en algo vital. Es el caso de las escapadas al bar de
ambiente de Jess y Lupe, de las reglas compartidas de Jo y Greta y de las conversaciones
sobre la expresión de género entre Max y Shaw. También se ve en la serie otro tipo de
soporte, aquella amistad de toda la vida que no entiende, pero cuyo apoyo es incondicional: la
confianza ciega de no saber qué está haciendo la otra persona pero saber con seguridad que
está haciendo lo correcto. Clance es esa persona para Max, una amistad vibrante e íntima
entre dos personas aparentemente muy diferentes.

Y es que si algo deja claro A league of their own, es que, en palabras de Greta, “ser amiga
puede significar muchas cosas”.

[1] La definición que aporta H. M. Zubieta en la traducción de Stone Butch Blues de una Butch
es la siguiente: “Lesbiana que interpreta una masculinidad destinada a atraer mujeres y a
sentirse cómoda consigo misma”.

[2] Con de-generación me refiero a la deconstrucción del género como algo impuesto pero
también a la creación de otras formas de experienciarlo.

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