Matthew Strupp
Traducción por M. García
Publicación original en: Cosmonaut (6 de abril de 2020)
Este artículo apareció en Cosmonaut, publicación de la organización estadounidense Marxist Unity Group (MUG) a comienzos de 2020 a raíz de las tensiones entre la primera Administración Trump e Irán.
En abril de 1964, en un lujoso hotel con vistas al lago Lemán, un joven Jean Ziegler, entonces militante comunista, le preguntó al Che Guevara, para quien trabajaba como chófer, si podía acompañarlo al Congo como combatiente en la próxima campaña guerrillera del comandante. El Che respondió, señalando la ciudad de Ginebra: «Aquí está el cerebro del monstruo. Tu lucha es aquí»[1]. El Che Guevara, aunque ciertamente no era un chovinista del primer mundo, reconoció el papel crucial que los comunistas de los países imperialistas tendrían que desempeñar si el movimiento revolucionario mundial quería tener éxito. Entonces, ¿cómo podemos nosotros, como comunistas que estamos cerca del cerebro del monstruo, o en su vientre, como se dice que expresó el Che en otra ocasión, enfrentar eficazmente los intereses de «nuestros» gobiernos imperialistas? La respuesta a esa pregunta es la política del derrotismo revolucionario. Este artículo repasará los orígenes y el significado del derrotismo, examinará sus complejidades con ayuda de algunos ejemplos y abordará el desafío que le plantean las políticas tanto del tercermundismo como del tercer campismo.
Orígenes del derrotismo
La lógica del derrotismo revolucionario surge de la premisa marxista básica de que el proletariado es una clase internacional y que, para triunfar a escala global, necesita coordinar su lucha política internacionalmente. Esto significa que cuando los trabajadores de un país se enfrentan a acciones de «su» Estado que representan una amenaza para la clase trabajadora de otro país, deben ser leales a sus camaradas del extranjero en lugar de a sus amos locales. En lugar de conformarse con simples condenas, también deben llevar a cabo una política activa contra la capacidad de su Estado de atacar a los miembros de su clase en el otro país. Esto implica acciones de huelga en industrias estratégicas, difusión de propaganda derrotista en las fuerzas armadas y la organización de los soldados rasos contra sus oficiales. En caso de una guerra particularmente impopular o difícil, toda la política tiende a reorientarse en torno a la cuestión bélica y, si el Estado se ha desestabilizado por las exigencias de la guerra y la actividad derrotista en curso del movimiento obrero, esto puede conducir a una lucha inmediata por el poder y a la posibilidad de una victoria proletaria. Si no existen tales condiciones, la política derrotista puede servir para entrenar al proletariado y a su movimiento político para oponerse al comportamiento depredador de su Estado y, en términos prácticos, frenar las terminales económicas del imperialismo y mitigar sus devastadoras consecuencias para la clase trabajadora del extranjero.
Esta política del derrotismo se desarrolló junto con el crecimiento de la política de masas de la clase obrera a finales del siglo XIX y principios del XX, cuando el movimiento proletario creció hasta el punto de que su política internacional se convirtió en una cuestión viva e importante. Hubo muchas posturas discutidas en este período, algunas más o menos derrotistas, otras que situaban al movimiento obrero firmemente detrás de la defensa nacional. Muchas figuras socialistas, incluidas Marx y Engels, variaron en su defensa de una u otra. Una expresión temprana de una política de derrotismo revolucionario se puede ver en la carta de Engels a August Bebel de 1875, en la que critica al recién redactado Programa de Unificación de Gotha del Partido Socialdemócrata Alemán (SPD) por restar importancia a la necesidad de unidad internacional del movimiento obrero. Engels escribe:
el principio de que el movimiento obrero es internacional es, a todos los efectos, completamente negado en lo que respecta al presente, y esto por hombres que, durante cinco años y en las condiciones más difíciles, defendieron ese principio de la manera más loable. La posición de vanguardia de los trabajadores alemanes en el movimiento europeo descansa esencialmente en su actitud verdaderamente internacional durante la guerra; ningún otro proletariado se habría comportado tan bien. Y ahora ¡este principio va a ser negado por ellos en un momento en que, en todas partes del extranjero, los trabajadores lo están enfatizando aún más debido a los esfuerzos de los gobiernos por suprimir todo intento de su aplicación práctica en una organización! ¿Y qué queda del internacionalismo del movimiento obrero? La vaga perspectiva —ni siquiera de una cooperación posterior de los trabajadores europeos con vistas a su liberación—, sino de una futura «hermandad internacional de los pueblos» —de los burgueses de su Liga de la Paz, los «Estados Unidos de Europa».[2]
Engels felicita al movimiento obrero alemán por su comportamiento internacionalista en la guerra, pero lo critica por retroceder de este internacionalismo en su programa político. La guerra a la que se refiere es la franco-prusiana de 1870-1871. Marx había sido inicialmente defensor de Alemania en esta guerra, pero cambió de postura después de que las tropas alemanas pasaran a la ofensiva[3]. El movimiento obrero alemán en su conjunto, sin embargo, se opuso mayoritariamente a la guerra de manera admirable, y Engels afirma que esta fue la razón de su estima en el movimiento internacional. No solo sus líderes políticos condenaron la guerra, sino que sus organizaciones también llevaron a cabo huelgas en industrias bélicas vitales en Renania. Esta postura activa de oposición a la guerra y de coordinación activa de la actividad política internacional por parte de la clase trabajadora es lo que Engels pensaba que faltaba en esta parte del Programa de Gotha, y consideraba que era un paso atrás con respecto a la perspectiva verdaderamente internacional de la Asociación Internacional de los Trabajadores. Sus redactores incluyeron el vago lenguaje internacionalista de la «Liga de la Paz burguesa», pero no mencionaron las tareas prácticas del movimiento en este aspecto. Engels argumentó que el movimiento obrero necesitaba coordinar sus actividades a escala internacional, y eso incluía actuar de manera internacionalista en tiempos de guerra.
Engels no limitó su expresión de un precursor del derrotismo revolucionario a las guerras dentro de Europa, donde había un movimiento de clase trabajadora desarrollado que podría ser destruido en otro país por una invasión del propio. Pensaba que también era aplicable en asuntos de «política colonial», y que los trabajadores de los países imperialistas tenían la tarea política de oponerse organizadamente a la explotación imperialista. Creía que si fracasaban en esta tarea se convertirían en cómplices políticos de su burguesía. En una carta a Marx de 1858 escribió:
el proletariado inglés se está volviendo cada vez más burgués, de modo que el objetivo final de esta nación, la más burguesa de todas, parecería ser la posesión, junto a la burguesía, de una aristocracia burguesa y un proletariado burgués. En el caso de una nación que explota al mundo entero, esto está, por supuesto, justificado hasta cierto punto[4].
Estos escritos de Engels expresan dos características importantes de la política derrotista revolucionaria de Lenin en la Primera Guerra Mundial y de la Komintern después de la guerra. A saber: la importancia de los esfuerzos activos y organizados para obstaculizar la capacidad del propio Estado de llevar a cabo las tareas de la guerra y el imperialismo, y la aplicabilidad de esta política tanto a las guerras interimperialistas como a las guerras coloniales y semicoloniales/depredadoras imperialistas.
La Segunda Internacional Socialista recibió la primera gran prueba de su capacidad para llevar a cabo una política derrotista con el inicio de la Primera Guerra Mundial, y fracasó estrepitosamente. Hasta ese momento, el SPD alemán, el partido modelo de la Internacional, había seguido una política admirable de votar en contra de todos los presupuestos estatales del Imperio alemán en el Reichstag bajo el lema «¡Ni un hombre ni un penique para este sistema!», como declaró Wilhelm Liebknecht en la constitución del Reich bismarckiano[5]. Esta política permitió al partido alemán pensar en su actividad parlamentaria desde la óptica de oposición radical, a través de la cual se veían a sí mismos como infiltrados en el campo enemigo, con la intención de causar tantos problemas como fuera posible al Estado y a su capacidad de gobernar, y asegurar las medidas que pudieran para beneficiar al movimiento fuera del parlamento. Hacían uso de todos los recursos procesales que tenían a su disposición y usaban su inmunidad parlamentaria para denunciar abusos como la violencia contra el movimiento obrero y las guerras coloniales alemanas de maneras que de otro modo serían ilegales, aunque esto no impidió que August Bebel y Wilhelm Liebknecht, durante muchos años los dos representantes del SPD en el Reichstag, fueran condenados por traición y encarcelados durante dos años por su oposición a la guerra franco-prusiana, particularmente por vincular la oposición a la anexión alemana de Alsacia-Lorena con el apoyo a la Comuna de París[6]. Esta no era una política derrotista revolucionaria en sí misma y el comportamiento de los socialistas en relación con las fuerzas armadas en tiempos de guerra permaneció sin teorizar, pero era una actitud importante para un partido de revolucionarios hacia su propio Estado y su capacidad de lucha bélica. Los políticos que el DSA (Democratic Socialists of America)[7] ha elegido en Estados Unidos, desafortunadamente, no parecen ver su actividad en la legislatura de esta manera y parecen pensar que están allí más para «hacer cosas» que para «entorpecer» en beneficio del movimiento. El DSA tampoco han logrado adoptar una postura de «ni un penique» en el presupuesto militar. En la convención de 2019 se presentó una resolución para hacerlo, pero ninguna de las facciones principales la apoyó.
En agosto de 1914, la disciplina antimilitarista del SPD se derrumbó, ya que muchos de sus representantes en el Reichstag votaron a favor de los créditos de guerra alemanes y gran parte del movimiento se alineó detrás del esfuerzo bélico. Lo mismo ocurrió en todos los demás partidos de la Internacional en los países beligerantes, con excepción de Rusia y Serbia. La división entre quienes apoyaban la guerra y quienes se oponían a ella no siguió las divisiones políticas previas a la guerra. Los socialistas de guerra provenían de la derecha, la izquierda y el centro de la Internacional. Algunos tomaron la decisión sobre la base de la «defensa nacional» o por la renuencia a volverse inaceptables para la política burguesa cuando estaban ganando tantas reformas para la clase trabajadora; otros para defender la libertad francesa del Káiser, o la libertad alemana del Zar; otros para derrotar el control del capital financiero británico sobre el mundo; o para provocar una revolución, o para entrenar al proletariato en el espíritu marcial para librar la lucha de clases[8]. Sin embargo, no importa cómo lo justificaran, todos estos socialistas estaban entregando al proletariado a la trituradora de carne de la guerra imperialista. No hubo beligerantes progresistas en la Primera Guerra Mundial. Las categorías de «agresor» y «víctima» no aplicaban. Era, como dijo Lenin, una «guerra imperialista por la división y el reparto» del botín de la explotación global[9].
La reacción inmediata de aquellos en el movimiento socialista opuestos a la guerra, tras la capitulación de tantos partidos nacionales, fue organizar una serie de conferencias en Zimmerwald (1915), Kienthal (1916) y Estocolmo (1917), para elaborar una política de paz socialista. En Zimmerwald surgió pronto una izquierda que favorecía una política de lucha de clases contra la guerra, esencialmente una posición derrotista revolucionaria, ya que llevarla a cabo restaría coherencia y capacidad de combate a las fuerzas armadas. Lenin se puso del lado de esta izquierda, pero dijo que no habían ido lo suficientemente lejos; no solo era necesario plantear una política de lucha de clases contra la guerra, o como él la llamó: derrotismo revolucionario, sino que los socialistas leales al proletariado internacional tenían que organizarse por separado para poder llevarla a cabo[10]. Esta lucha sería política, dirigida a las fuerzas armadas del Estado capitalista y apuntando a su desintegración bajo la presión de la propaganda derrotista y la confraternización entre las tropas de los países beligerantes. Sobre la forma concreta de esta lucha, Lenin escribió, en noviembre de 1914, en «La situación y las tareas de la Internacional Socialista»:
La guerra no es un hecho fortuito, no es un «pecado» como piensan los curas cristianos (que no son inferiores a los oportunistas en la predicación del patriotismo, la humanidad y la paz), sino una etapa inevitable del capitalismo, una forma tan legítima de la vida capitalista como lo es la paz. La guerra actual es una guerra popular. Lo que se deduce de esta verdad no es que debamos nadar con la corriente popular del chovinismo, sino que las contradicciones de clase que dividen a las naciones continúan existiendo en tiempos de guerra y se manifiestan en condiciones de guerra. La negativa a servir en las fuerzas armadas, las huelgas contra la guerra, etc., son tonterías, el sueño miserable y cobarde de una lucha sin armas contra la burguesía armada, un vano anhelo de la destrucción del capitalismo sin una guerra civil desesperada o una serie de guerras. Es deber de todo socialista realizar propaganda de la lucha de clases, también en el ejército; el trabajo dirigido a convertir la guerra de las naciones en guerra civil es la única actividad socialista en la era de un conflicto armado imperialista de la burguesía de todas las naciones[11].
Lenin no pensaba que la adopción de una posición derrotista revolucionaria por parte de los comunistas en los países imperialistas fuera aplicable solo a las condiciones específicas de la Primera Guerra Mundial, donde el conflicto era reaccionario en todos los frentes y el proletariado tenía organizaciones políticas bien desarrolladas en todos los países beligerantes que podían convertir la lucha contra la guerra en una lucha inmediata por el poder. En respuesta a la objeción del líder socialista italiano Serrati a una resolución propuesta por la izquierda de Zimmerwald que abogaba por una lucha de clases contra la guerra, de que dicha resolución sería discutible porque probablemente la guerra terminaría pronto, Lenin dijo: «No estoy de acuerdo con Serrati en que la resolución aparecerá demasiado pronto o demasiado tarde. Después de esta guerra, se librarán otras guerras, principalmente coloniales. A menos que el proletariado se desvíe del camino socialimperialista, la solidaridad proletaria será completamente destruida; por eso debemos determinar una táctica común»[12]. Aquí, la política derrotista revolucionaria no es simplemente un camino hacia la lucha inmediata por el poder, como de hecho lo fue en el caso de la Primera Guerra Mundial, sino que está relacionada con la adopción de una actitud particular hacia las actividades del propio Estado en general. Para los comunistas en los países imperialistas, esto significa luchar contra las guerras que libra tu país para mantener su control sobre sus colonias y semicolonias, utilizando las mismas tácticas que usarían en el caso de un escenario de «derrotismo dual», donde los comunistas de todos los países beligerantes son derrotistas en relación con el esfuerzo bélico de su país, en una guerra interimperialista que es reaccionaria en todos los frentes.
Sin embargo, estos dos escenarios no deben confundirse. Aunque Lenin afirmó que la política aplicada en respuesta a uno debería plantearse en el caso del otro, esto no debería extenderse a los comunistas del país oprimido. No se trata de ser «derrotista» en relación con una guerra progresista de liberación nacional. La Internacional Comunista dejó esto claro en la condición 8 de sus 21 condiciones de afiliación:
Los partidos en países cuya burguesía posee colonias y oprime a otras naciones deben seguir una política muy definida y clara con respecto a las colonias y las naciones oprimidas. Cualquier partido que desee unirse a la Tercera Internacional debe desenmascarar implacablemente las maquinaciones coloniales de los imperialistas de su «propio» país, debe apoyar —de hecho, no solo de palabra— todo movimiento de liberación colonial, exigir la expulsión de sus compatriotas imperialistas de las colonias, inculcar en el corazón de los trabajadores de su propio país una actitud de verdadera hermandad con la población trabajadora de las colonias y las naciones oprimidas, y realizar una agitación sistemática entre las fuerzas armadas contra toda opresión de los pueblos coloniales[13].
El punto importante aquí es que el derrotismo revolucionario en una guerra imperialista depredadora es solo una prescripción para los comunistas y movimientos proletarios de los países imperialistas. Hoy esto significa aquellos que se benefician de un flujo de valor proveniente de la distribución salarial global y la superexplotación de los antiguos campesinos recién proletarizados del antiguo mundo colonial y semicolonial. En tal guerra, la cuestión del derrotismo o el defensismo en los países oprimidos, en el ámbito de la política práctica, es precisamente una cuestión para los comunistas de los propios países oprimidos. Esta cuestión debe decidirse sobre la base de cómo servir mejor a los fines de la liberación nacional y la revolución social, teniendo en cuenta las condiciones políticas nacionales particulares y las de la guerra, pero la victoria del país oprimido debe ser favorecida sobre la del país imperialista.
La propia Internacional Comunista puede haber ido demasiado lejos en la dirección del defensismo, no en el sentido de favorecer la victoria del país oprimido, que siempre debería ser el caso, sino en el sentido de la relación de los comunistas en los países oprimidos con su Estado y con otras fuerzas políticas. Su política del frente único antiimperialista se formuló de manera ambigua y su implementación a menudo implicó subordinar los partidos comunistas a los movimientos nacionalistas burgueses. El ejemplo más notorio es el caso de China, donde las directivas de la Internacional Comunista sobre la relación del Partido Comunista con el Kuomintang tuvieron que ser explícitamente rechazadas por Mao y sus coinvestigadores para que triunfara la Revolución China[14]. Esta lógica ha sido llevada al extremo en los últimos años por la Liga Espartaco, una secta de extrema izquierda que ha dedicado espacio en su periódico para presentar una postura de apoyo militar al ISIS: «Nos ponemos del lado militar del ISIS cuando ataca a los imperialistas y a las fuerzas que actúan como sus representantes, incluido el gobierno de Bagdad y las milicias chiítas, así como a las fuerzas peshmerga kurdas en el norte de Irak y a los nacionalistas kurdos sirios»[15]. Los casos de China y del Irak y Siria modernos muestran que a veces, en casos de desorden interno o cuando las fuerzas que «resisten a los imperialistas» son particularmente reaccionarias, ya sea el Kuomintang o el ISIS, la mejor opción para los comunistas y la lucha antiimperialista es que los comunistas del país oprimido libren una lucha militar tanto contra los imperialistas como contra las fuerzas reaccionarias que les «resisten».
Vietnam
La aplicación más exitosa de las tácticas derrotistas revolucionarias en Estados Unidos fue en el caso de la guerra de Vietnam. Las imágenes más conocidas del movimiento contra la guerra en Estados Unidos son las de grandes marchas públicas y de la represión policial en los campus universitarios. La verdad es que estas cosas fueron bastante ineficaces para producir una derrota y retirada de Estados Unidos. Las grandes manifestaciones pueden hacer algo para cambiar la opinión pública contra la guerra, y los estudiantes universitarios pudieron llevar a cabo algunas acciones que marcaron una diferencia significativa aprovechando sus posiciones en una parte crucial de la maquinaria bélica: la universidad; pero estas cosas no fueron suficientes para detener el funcionamiento del ejército imperialista más destructivo de la historia. Podemos verificar esto comparando el movimiento contra la guerra de Vietnam con el de la guerra de Irak. Al igual que en Vietnam, la guerra de Irak fue rechazada por millones de manifestantes, incluidos entre 6 y 11 millones de personas en un solo día, el 15 de febrero de 2003, la protesta más multitudinaria en un solo día de la historia mundial; sin embargo, la guerra continuó[16].
¿Cuál fue la diferencia en Vietnam? La respuesta reside tanto en la brillante estrategia militar del movimiento de liberación vietnamita bajo el liderazgo del Partido Comunista, como en la aplicación práctica de una política derrotista revolucionaria por parte de sectores de la izquierda radical y el movimiento obrero estadounidenses. Esto significó interrumpir el reclutamiento de las fuerzas armadas estadounidenses y, especialmente, organizar la oposición dentro del propio ejército. Esto resultó en una situación donde las tácticas de «buscar y evadir» se convirtieron en el estado de cosas habitual para muchas unidades, ya que los soldados rasos evitaban deliberadamente el combate o simulaban la apariencia y los sonidos del combate para engañar a sus oficiales; más de 600 soldados llevaron a cabo fraggings, asesinatos o intentos de asesinato de sus oficiales, a menudo con granadas de fragmentación; y grupos de soldados ocasionalmente llevaron a cabo motines organizados. En junio de 1971, este estado de resistencia organizada generalizada a la guerra llevó al coronel e historiador militar Robert D. Heinl a escribir un artículo titulado «El colapso de las fuerzas armadas», en el que afirmaba que «la moral, la disciplina y la capacidad de combate de las Fuerzas Armadas de Estados Unidos son, con pocas excepciones notables, más bajas y peores que en cualquier otro momento de este siglo y posiblemente en la historia de Estados Unidos»[17]. Esto fue sin duda un factor clave en el colapso de la capacidad de combate estadounidense en Vietnam y la posterior retirada de Estados Unidos.
Algunos insisten en que el ejemplo de los resistentes a la guerra en el ejército estadounidense durante la ocupación de Vietnam, y por extensión, toda la premisa de una política de derrotismo revolucionario activo, es completamente inútil para el movimiento revolucionario actual porque la naturaleza del ejército estadounidense se ha transformado por completo con la transición a una fuerza de voluntarios a finales de los 70 y 80. Lo que esta postura no ve es hasta qué punto la afirmación de que el ejército estadounidense es una fuerza de voluntarios es en sí misma un artificio ideológico creado por el establishment militar estadounidense y el grado en que la pobreza misma sigue actuando como un reclutamiento forzoso. El ejército estadounidense no hace pública la información sobre los niveles de ingresos o las posiciones de clase de las familias de las que recluta, solo su distribución geográfica. El hecho de que las localidades de donde provienen los reclutas sean más acomodadas que el promedio no descarta que los propios reclutas puedan ser pobres. El mayor costo de vida en estas áreas puede ser de hecho un estímulo adicional para alistarse, y no es ningún secreto que los reclutadores militares utilizan regularmente incentivos materiales, como la promesa de una educación gratuita, para aprovecharse de los niños de clase trabajadora. Esto significa que la división de clases en las fuerzas armadas no se ha eliminado por completo, que los intereses de los oficiales aún entran en conflicto con los de los reclutas, y que la posibilidad de una resistencia masiva a la guerra desde dentro de las filas de las fuerzas armadas, especialmente como parte de una lucha de clases coordinada contra la guerra imperialista, sigue estando al alcance.
Irán y el tercer-campismo
Con el asesinato a principios de este año[18] del alto general iraní Qassim Soleimani a manos de Estados Unidos, la perspectiva de una guerra con Irán se convirtió en una posibilidad muy real. De hecho, un sector del establishment de la política exterior estadounidense está empeñado en bombardear o invadir Irán desde la revolución islámica de 1979 que estableció el actual régimen iraní, y Estados Unidos ha impuesto duras sanciones a Irán que en sí mismas constituyen una forma de guerra. Estas sanciones sin duda han contribuido a la gravedad del brote de COVID-19 en Irán, que ha matado a 988 personas e infectado a más de 16 000, aproximadamente 9 de cada 10 casos en Oriente Medio[19]. Aunque la preocupación inmediata por una invasión ha disminuido desde enero, sigue siendo importante que los comunistas determinen cuál sería su respuesta ante tal invasión, porque la amenaza sigue sobre la mesa.
La cuestión principal es si se debe llevar a cabo una política derrotista revolucionaria en relación con una guerra con Irán o si se debe plantear una posición tercer campista de «Ni Washington ni Teherán». La idea del tercer-campismo, en este caso, es que los regímenes políticos de Estados Unidos e Irán son tan reaccionarios que el proletariado no tiene interés en la victoria o la derrota de ninguno de los dos bandos en la guerra y, por lo tanto, no debería apoyar ni oponerse activamente a su prosecución por parte de los imperialistas. Este enfoque es erróneo. Si estuviéramos considerando una guerra entre dos países imperialistas en igualdad de condiciones, ambos con gobiernos reaccionarios, lo que esto omite es el beneficio que el proletariado de ambos países beligerantes podría obtener con una búsqueda activa de una política derrotista revolucionaria. O bien podría abrir el camino a la toma del poder por el proletariado en uno o ambos países beligerantes, o bien podría servir para entrenar al movimiento proletario de cada país en el arte de llevar a cabo una lucha contra «su propio» Estado.
Sin embargo, en el caso de un ataque estadounidense a Irán, esta «posición tercer-campista blanda» del derrotismo dual, como la que implica la Corriente Comunista Internacional de izquierda comunista, cuando describe Oriente Medio tras el asesinato de Soleimani como «dominado por [un] todos contra todos imperialista», también sería errónea porque considera tanto a Estados Unidos como a Irán como imperialistas[20]. Una guerra así no sería reaccionaria e imperialista en ambos bandos; sería una guerra reaccionaria de Estados Unidos para la reconquista de una de sus semicolonias. No es casualidad que Estados Unidos se volviera hostil al gobierno iraní solo después del derrocamiento de su títere, el Sha, lo que significa que el esfuerzo bélico iraní contendría elementos de una lucha progresista de liberación nacional. En caso de una invasión estadounidense, el enemigo principal para los iraníes no está en casa, su principal enemigo es el imperialismo. Los comunistas en Irán, por supuesto, se oponen al régimen político de la República Islámica por su brutal represión del movimiento obrero y sus organizaciones políticas, su postura regresiva sobre los derechos de la mujer y su trato a las minorías nacionales, pero no creen que luche con demasiado vigor contra el imperialismo estadounidense[21]. Los comunistas en Estados Unidos deberían adoptar la postura: «mejor la derrota de las tropas estadounidenses que su victoria», y su tarea sería llevar a cabo una política activa de derrotismo revolucionario contra una invasión de Irán. La tarea de los comunistas en Irán sería repeler a los invasores imperialistas por cualquier medio necesario, incluida la oposición a cualquier esfuerzo del gobierno iraní por desarmar al proletariado iraní mientras se prepara para resistir una invasión.
Tercermundismo
Hay otra corriente política que resta importancia a la política derrotista revolucionaria activa en los países imperialistas: el tercermundismo. En este caso, no se cuestiona la conveniencia de que el proletariado de los países imperialistas lleve a cabo una política derrotista revolucionaria, sino su inclinación política a hacerlo. Todo lo que esto nos deja es una política de mirar desde fuera o de animar desde la barrera, vitoreando a los grandes revolucionarios y a los grandes movimientos revolucionarios, pero que siempre ocurren en otro lugar. Esto convierte al tercermundismo en una profecía autocumplida: la negación de la capacidad del proletariado de los países imperialistas para desafiar a la burguesía imperialista que los explota a ellos (generalmente racionalizado diciendo que los proletarios de los países imperialistas son igualmente explotadores) y a sus compañeros trabajadores de todo el mundo se convierte en una razón para no organizarse para hacerlo. Por supuesto, una fracción de las superganancias del imperialismo se distribuye a veces a los trabajadores de los países imperialistas con el objetivo de comprar su lealtad al Estado burgués. Nuestro punto es construir un movimiento capaz de ofrecer creíblemente algo mejor que eso: el comunismo.
La idea de que la política fluye directamente del movimiento del dinero es un error economicista; si fuera cierta, toda política comunista carecería de sentido, porque ese factor nunca estará a nuestro favor. Más bien, la conciencia de la clase trabajadora internacional será necesariamente un producto subjetivo de la lucha común, incluida la lucha antiimperialista. Es probable, como argumenta Trotsky en su Historia de la Revolución Rusa, que, por razones de desarrollo combinado y desigual, la revolución mundial estalle primero en los países oprimidos, pero ese proceso no tendrá éxito definitivo si la revolución no llega también a los países imperialistas[22]. La mayoría de los grandes revolucionarios tercermundistas han sido claros al respecto, ciertamente el Che lo fue. De hecho, como escribió el difunto comunista egipcio Samir Amin en El imperialismo y el desarrollo desigual:
el tercermundismo es estrictamente un fenómeno europeo [podemos decir un fenómeno de los países imperialistas]. Sus defensores se apoderan de expresiones literarias, como “el viento del Este vencerá al viento del Oeste” o “los centros de tormenta”, para justificar la imposibilidad de la lucha por el socialismo en Occidente, en lugar de comprender que la lucha necesaria por el socialismo pasa, en Occidente, también por la lucha antiimperialista en la propia sociedad occidental… Pero en ningún caso el tercermundismo fue un movimiento del Tercer Mundo o en el Tercer Mundo[23].
El tercermundismo comenzó como una reacción optimista a las exitosas luchas de liberación nacional en los países oprimidos a mediados del siglo XX, pero en la medida en que existe hoy, es simplemente un síntoma de nuestra derrota. El tercermundismo puede producir artefactos divertidos como That Hate Amerikkka Beat, pero no ofrece nada a la lucha práctica por la revolución proletaria mundial porque se niega siquiera a considerar lo que podría ser necesario hacer para hacer la revolución en los países imperialistas. Nada de esto es para descontar el trabajo de los comunistas en el Tercer Mundo, que están haciendo su parte en la lucha contra el imperialismo y su burguesía. El problema del tercermundismo es que es una forma pobre de solidaridad que no mira las formas en que uno puede asegurar más prácticamente el triunfo final de aquellos con quienes se solidariza.
La próxima batalla
El objetivo de los comunistas en los países imperialistas debería ser crear, citando una vez más al Che Guevara, «dos, tres… muchos Vietnam»[24], no en el sentido que usó el Che de campañas guerrilleras foquistas, sino en el sentido de aplicaciones exitosas de la política derrotista revolucionaria de lucha de clases contra la guerra imperialista, que mató la capacidad del ejército estadounidense para mantener la ocupación de ese país. Esto significa, en el caso de una guerra no progresista, huelgas en industrias bélicas, difusión de propaganda derrotista en las fuerzas armadas y organización de los soldados rasos contra sus oficiales y el esfuerzo bélico. También debemos luchar por una política militar verdaderamente democrático-republicana en tiempos de paz, rechazando la intervención extranjera de Estados Unidos y luchando por el armamento universal y el entrenamiento militar del pueblo y el derecho a organizarse libremente en milicias para el proletariado, así como por la libertad de expresión y asociación para las bases de las fuerzas armadas actuales. «La guerra es la continuación de la política por otros medios»[25] y ahora es un tiempo de paz relativa, un tiempo para la política, un tiempo para construir nuestras fuerzas, para entrenarlas para que se conviertan en un arma afilada de la lucha de clases, y «no para malgastar esta fuerza de choque cada vez mayor en escaramuzas de vanguardia»[26]. Pero se acerca un tiempo de guerra, y debemos tener esos «otros medios» a nuestra disposición, debemos estar preparados para aplastar a nuestros enemigos y utilizar las guerras destructivas y atroces conjuradas por la burguesía como oportunidades para convertir la guerra imperialista en una guerra civil, para hacer la guerra a la clase dominante como un camino hacia la toma del poder por el proletariado y el triunfo del comunismo.
[1] Bollag, Burton. “For One Swiss Professor, Vexing His Fellow Citizens Is a Duty and a Delight.” Chronicle of Higher Education, www.chronicle.com/article/For-One-Swiss-Professor/32353.
[2] Engels, Friedrich. “Letter to August Bebel In Zwickau” London, March 18-28, 1875, Marxists Internet Archive https://www.marxists.org/archive/marx/works/1875/letters/75_03_18.htm
[3] Mulholland, Marc. “‘MARXISTS OF STRICT OBSERVANCE’? THE SECOND INTERNATIONAL, NATIONAL DEFENCE, AND THE QUESTION OF WAR.” The Historical Journal, vol. 58, no. 2, 2015, pp. 615–640. p. 625 ↩
[4] Engels, Friedrich. “Engels to Marx In London” Manchester, Marxists Internet Archive, 7 October, 1858 https://marxists.catbull.com/archive/marx/works/1858/letters/58_10_07.htm
[5] Steenson, Gary P. “‘Not one man! Not one penny!’: German Social-Democracy, 1863-1914” University of Pittsburgh Press, 1981, https://digital.library.pitt.edu/islandora/object/pitt%3A31735057897393/viewer#page/12/mode/2up
[6] http://ghdi.ghi-dc.org/sub_image.cfm?image_id=3987 ↩
[7] Organización política socialista de EEUU en la que convergen distintas facciones y tendencias con programas muy diferenciados, N. del T.
[9] Lenin, V. I. “The State and Revolution” Marxists Internet Archive, August 1917 Preface https://www.marxists.org/archive/lenin/works/1917/staterev/preface.htm
[10] Macnair, Mike. “Revolutionary Strategy” 2008, November Publications, Chapter 4 ↩
[11] Lenin, V. I. “The Position and Tasks of the Socialist International” Marxists Internet Archive, November 1, 1914 https://www.marxists.org/archive/lenin/works/1914/oct/x01.htm
[12] Lenin, V. I. “The First International Socialist Conference at Zimmerwald” Marxists Internet Archive, September 3-8, 1915 https://www.marxists.org/archive/lenin/works/1915/aug/26.htm
[13] Lenin, V. I. “Terms of Admission Into Communist International” Marxists Internet Archive, July 1920, https://www.marxists.org/archive/lenin/works/1920/jul/x01.htm
[14] Mao, Zedong. “On the Ten Major Relationships” Marxists Internet Archive, April 25, 1956 https://www.marxists.org/reference/archive/mao/selected-works/volume-5/mswv5_51.htm
[15] “U.S. Out of Near East Now” Workers Vanguard No. 1065, 3 April, 2015 https://www.icl-fi.org/english/wv/1065/neareast.html
[16] Blumenthal, Paul. “The Largest Protest Ever Was 15 Years Ago. The Iraq War Isn’t Over. What Happened?” Huffington Post, 17 Mar. 2018 www.huffpost.com/entry/what-happened-to-the-antiwar-movement_n_5a860940e4b00bc49f424ecb
[17] Seidman, Derek. “Vietnam and the Soldiers’ Revolt.” Monthly Review, 27 June 2016, https://monthlyreview.org/2016/06/01/vietnam-and-the-soldiers-revolt/#fn20
[18] 2020, N. del T.
[19] Hasan, Mehdi. “Coronavirus Is Killing Iranians. So Are Trump’s Brutal Sanctions.” The Intercept, 17 Mar. 2020, https://theintercept.com/2020/03/17/coronavirus-iran-sanctions/
[20] “Soleimani assasination: Middle East dominated by imperialist free-for-all” World Revolution 385, Spring 2020 https://en.internationalism.org/content/16809/soleimani-assassination-middle-east-dominated-imperialist-free-all#_ftn3
[21] Mather, Yassamine. “Explaining the Longetivity of the Theocratic Regime” Weekly Worker October 5, 2011 https://weeklyworker.co.uk/worker/884/explaining-the-longevity-of-the-theocratic-regime/
[22] Trotsky, Leon. “The History of the Russian Revolution” 1930 ↩
[23] Amin, Samir “Imperialism and Unequal Development” Monthly Review Press, 1977, p. 11 ↩
[24] Guevara, Ernesto “Che”. “Message to the Tricontinental”Marxists Internet Archive, April 16, 1967 https://www.marxists.org/archive/guevara/1967/04/16.htm
[25] Clausewitz, Carl von (1984) [1832]. Howard, Michael; Paret, Peter (eds.). On War [Vom Krieg] (Indexed ed.). New Jersey: Princeton University Press. p. 87 ↩
[26] Engels, Friedrich. “Introduction to Karl Marx’s The Class Struggles in France 1848 to 1850” Marxists Internet Archive March 6, 1895 https://marxists.catbull.com/archive/marx/works/1895/03/06.htm

