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El Ejército Fantasma de los 3 millones de huelguistas

Chêco

Traducción por M. García

Publicación original en: Tribuna Pública de Coletivo Ruptura

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Este artículo se difundió el 1 de julio como tribuna pública en la página web y las redes del grupo comunista portugués Coletivo Ruptura con motivo de la huelga general convocada el 3 de junio de 2026. Se trata de la segunda convocatoria de este tipo en poco más de seis meses.


Han pasado 11 meses desde que el gobierno de la AD [Aliança Democrática] manifestó su intención de consagrar en la ley laboral un nuevo equilibrio entre trabajo y capital. Dos huelgas generales ensayadas, negociaciones en el diálogo social llevadas a callejones sin salida, manifestaciones y marchas, conversaciones y tensiones en el centroderecha y la extrema derecha, y el caldo en ebullición desembocó finalmente en la derrota del paquete laboral, el viernes 19 de junio. El peso del futuro sobre las espaldas de las clases trabajadoras y el amargo desagrado de la derrota prometida en vísperas dieron paso, con asombro, a las lágrimas mal contenidas del secretario general de la CGTP [Confederação Geral dos Trabalhadores Portugueses] en las galerías de la Asamblea de la República. Nos reconocemos en ellas, el alivio es también nuestro.

En la frágil y fabricada constitución de la opinión pública, en un contexto mediático adverso, de ascenso de la misoginia como proyecto político reaccionario y de profundización de la segregación racial de las capas más proletarizadas de las clases trabajadoras, la acción concertada de los sindicatos logró abrir una brecha desestabilizadora de disenso, capaz de generar alarma y empujar a sectores de la población hacia la antipatía y hostilidad hacia la reforma. El paquete, apto para cosechar entusiasmo solo en la corte de los empresarios y entre las clases más acomodadas, contaría a su favor, en el mejor de los casos, con la reserva y apatía de todos los demás; disposiciones que fueron frustradas por la acción agitadora de los trabajadores sindicalizados.

Para la derrota también contó, de manera decisiva, el peso (para la clase dominante) de la crisis del régimen, que deja expuestos sus flancos. La descomposición del viejo pacto social del Estado burgués con las clases medias en el altar del chovinismo europeo, anclada en el ascenso de Chega y arrastrando a todo el centroderecha con la derecha a la cabeza, se expresa en la fragmentación de fuerzas y en el recrudecimiento de la disputa por los puestos de mando. El proyecto de Ventura, comprendido socialmente como resultado político inmanente al declive de las clases medias y a la incapacidad del Estado de encuadrarlas en los mismos moldes que antes, lo reviste de un carácter antisistema que lo hace particularmente permeable a la presión de la opinión pública. En los episodios de contradicción entre los fondos que lo financian y las clases medias empobrecidas que dan cuerpo a su fuerza y vitalidad (junto a amplios estratos de las clases trabajadoras masculinizadas y blancas, empeñadas en la perpetuación de la división social del trabajo), es en estas últimas donde puede encontrar, en la búsqueda de su eventual consolidación como futuro del régimen, la continuidad de su relevancia y, con ella, la justificación del interés de los primeros. La división y reestructuración de la clase dominante fueron la pareja que el movimiento sindical encontró para ganar este tango.

Es importante señalar, sin embargo, que frenar una derrota más no equivale a hacer avanzar la causa de la clase trabajadora. Enmascarar el alivio con fantasías de triunfo es eludir el reconocimiento de que los términos del debate siempre se fijaron en el terreno de las concesiones, de las cuales escapamos por la debilidad y división transitoria del enemigo. El equilibrio de fuerzas es el mismo que antes de la votación, favorable al capitalista y a la explotación de la trabajadora.

Ahora que el proyecto de ley de Montenegro yace en la cuneta, es momento de hacer balance de cuentas. Este texto, incómodo para el consenso aparente que se ha formado en nuestro campo, de fuerzas inagotables y de grandes mayorías, conscientes y combativas, viene a cuestionar y disputar el cuadro pintado como un espejismo fantasioso y a proponer un diagnóstico que creemos menos optimista pero más sobrio. Sin derribar las ilusiones que buscan enmascarar la debilidad real de la clase y del movimiento en el actual período histórico, no es posible afrontar las tareas a las que no podemos escapar si, más que cavar trincheras de refugio ante la artillería capitalista, pretendemos montar el contraataque.

El lugar de la guerra de números en el universo de la clase trabajadora en Portugal

En el transcurso de ambas huelgas, en diciembre y en junio, observamos por segunda vez la que ya habitual guerra de números entre sindicatos y gobierno. Por parte del gobierno, sin falta, se adelantó una puesta en escena de desvalorización del impacto de la huelga, buscando afianzar la intransigencia en la intención de aprobar el paquete laboral y preservar su propia legitimidad social. En ese sentido, procurando proyectar fuerza y confianza, que se declaraba indiferente ante los dos momentos de lucha y caracterizaba la huelga como residual.

En absoluto contraste, los sindicatos pintan el retrato de un país paralizado por la acción económica de una clase trabajadora organizada, movilizada y consciente de sus intereses e instrumentos de lucha, fuerza esta que habría sido decisiva para la derrota del paquete. Este retrato, que cuenta con la aceptación de toda la izquierda e incluso de varios círculos marxistas en su periferia, se cristalizó en un número redondo e imponente avanzado por la CGTP: en Portugal, se habrían sumado a ambas huelgas «más de 3 millones de trabajadores»[1].

Antes de nada, es necesario constatar la dimensión relativa de este número, cuantificándolo con respecto a los datos oficiales (evidentemente, con sus propias lagunas y ángulos muertos). Existen en Portugal, según los datos recogidos por el INE, un total de 4,47 millones de trabajadores por cuenta ajena, es decir, asalariados[2]. El relato de la central sindical apuntaría, por tanto, a cerca del 70% de adhesión de este total, un número estruendoso. Pero para entender la dimensión real del número anunciado, importa aún situar ese universo de 4,47 millones de trabajadores, descontando los trabajadores de descanso regular en los dos días, así como los trabajadores de vacaciones y también los trabajadores con baja médica o los distintos tipos de permiso previstos en la ley.

Sabemos que, según Eurostat, en 2025, cerca del 19,5% de los trabajadores trabajaban los fines de semana, disfrutando de los dos días de descanso durante la semana[3]. Asumiendo una distribución igual de los descansos entre los restantes días de la semana, algo como el 7,8% del total o 348 660 trabajadores estarían de descanso en las fechas de huelga. En relación al número de trabajadores de baja médica, es posible hacer una aproximación, teniendo en cuenta los datos de la Seguridad Social más recientes, de abril de 2026, relativos a los beneficiarios del subsidio de enfermedad, que serían 174 852[4]. Este número no considera situaciones como bajas cortas, normalmente hasta cuatro días, sin derecho a subsidio. En cuanto al número de trabajadores de vacaciones, no nos es posible hacer una estimación porque esos datos no son públicos, aunque es de señalar el festivo del jueves, día 4 de junio, como un elemento generalmente propicio para la reserva de vacaciones en esa semana. Finalmente, es preciso tener en cuenta el absentismo normal, así como los varios tipos de permisos (de paternidad/maternidad, matrimonio, duelo gestacional, por asistencia o fallecimiento de familiar, etc.).

Todo esto nos apunta a un universo real del total de trabajadores elegibles para hacer huelga que parece estar más cerca o incluso por debajo de los 4 millones. El porcentaje de la clase que se habría sumado sube de unos ya elevadísimos 70% a algo como cerca del 75%, ¡es decir, 3 de cada 4 trabajadores!

Las contradicciones de los informes de la CGTP

A quien nos lee podemos preguntar si el porcentaje anterior refleja, siquiera aproximadamente, su propio entorno de compañeros de trabajo, antiguos compañeros de trabajo, amigos, familiares, etc. Creemos que la respuesta será casi siempre negativa. Pero, para escudriñarla de forma más objetiva, la contrastaremos con los dos informes producidos por la propia CGTP con motivo de las huelgas generales de diciembre y junio, y teniendo en cuenta lo que sabemos sobre la distribución de la clase trabajadora en Portugal[5]. Son, al fin y al cabo, estos documentos los que supuestamente justificarían la solidez y objetividad de las proyecciones de números avanzados por la central sindical, en detrimento de las evaluaciones del gobierno.

Los informes recopilan todos los lugares de trabajo ―a veces subdivididos en los varios sectores profesionales, departamentos, proyectos o divisiones que lo constituyen― que cerraron o tuvieron una adhesión igual o superior al 45%[6]. Antes de nada, el primer aspecto que salta a la vista es que, contrariamente a lo que afirmó la central sindical, el número de lugares que se sumaron a la huelga general del 3 de junio de 2026 fue sustancialmente menor que en el 11 de diciembre de 2025. Si en diciembre se contabilizan 1 123 lugares de trabajo (correspondientes a 845 entidades, es decir, empresas e instituciones públicas y sociales), en junio el número se reduce a 808 (correspondientes a 610) – una bajada muy sustancial del 28%.

De cualquier modo, ya sea en una u otra fecha, el segundo punto más notorio es la prevalencia de la función pública y del sector empresarial del Estado en el conjunto de los lugares de trabajo cerrados, en servicios mínimos o con una adhesión significativa. En junio, de 808 lugares de trabajo, solo 162 (20,05%) pertenecen a empresas privadas (incluyendo el sector social, como IPSS [Instituciones Particulares de Solidaridad Social] y beneficencia), mientras que 646 (79,95%) son de la función pública o sector empresarial del Estado. La situación es similar a la del informe de diciembre, que contaba con un 77% de entradas correspondientes al sector público.

Este es el primer indicio preocupante. En el total de la población trabajadora por cuenta ajena en Portugal, la función pública y el sector empresarial del Estado corresponden respectivamente a cerca del 17,2% (767 094) y al 4,2% (187 088) del total de trabajadores por cuenta ajena, o el 21,3% (954 182)[7]. La gran mayoría, o casi el 80% de los trabajadores en Portugal, no está, por tanto, incluida en este sector.

Incluso en este dominio, donde el impacto de la huelga fue manifiestamente desproporcional, la adhesión está lejos de ser total. Véase, por ejemplo, el número de Cámaras Municipales representadas en la lista. Para estar representados, basta con que una única subcategoría profesional, identificada en el informe, tenga más del 45% de adhesión a la huelga, ya sean los técnicos, los trabajadores de una biblioteca, de recursos humanos o de tesorería. De las 308 Cámaras existentes en el país, solo 95 aparecen listadas en el informe. Lo mismo ocurre en los hospitales públicos, donde solo 66 de un total de 111 aparecen representados, y en las Oficinas del Ciudadano, donde aparecen únicamente 4, aunque existen más de 1000 en todo el país. En el sector de la Educación, sabemos que el impacto de la huelga fue significativo ―cerca de la mitad de los alumnos de cuarto y sexto curso no hicieron la prueba ModA [Monitorizaçao do Aprendizagem] de portugués, por ejemplo―. Pero, incluso aquí, esto se debe a la posibilidad de que, incluso en escenarios de adhesión relativamente pequeña, las huelgas puedan llevar al cierre parcial de la escuela o al cierre de algunos servicios[8]. En realidad, según la propia CGTP, hubo cierre total o adhesión superior al 45% a la huelga en solo 244 establecimientos públicos de enseñanza, de un total de 5 438 existentes en el país[9]. Es decir, solo el 4,49% de las escuelas y guarderías. Incluso contando el total de establecimientos de enseñanza con alguna adhesión a la huelga que resultara en al menos alguna pérdida de actividad lectiva, contabilizado por la FENPROF, estos suman 911, o el 16,75% del total[10].

Ahora bien, en el sector privado, que concentra casi el 80% de los trabajadores en Portugal y está compuesto, según los datos más recientes del INE, por cerca de 1,5 millones de empresas, el informe lista solo 162 lugares de trabajo, correspondientes a 141 empresas[11]. Estos lugares van desde grandes unidades industriales hasta algunos pocos establecimientos de menor dimensión, como dos tiendas de Rádio Popular o una gasolinera. Muchas de las empresas afectadas son concesionarias de servicios públicos o empresas privatizadas en las varias campañas de liberalización económica promovidas en las últimas décadas. Destacamos también, especialmente, la importancia del sector secundario, la industria, que representa más del 52% de las entradas en el informe dentro del sector privado y social, y la presencia de grandes unidades de producción como Bosch Braga, CIMPOR o Cabelte.

Al igual que en el caso de los trabajadores del sector público, este fenómeno va a contracorriente de las tendencias de recomposición de la clase trabajadora en Portugal ―en el total de la población trabajadora del país, los obreros fabriles y el resto del personal empleado en el sector industrial representan solo el 25%[12]―. Sabemos que la fuerza de trabajo está concentrada en las pequeñas y medianas empresas, es decir, que más del 76% de los trabajadores están distribuidos en muchos cientos de miles de empresas que tienen hasta 250 personas empleadas[13]. Son tiendas, restaurantes, obras, almacenes, oficinas, hoteles, peluquerías o gimnasios que forman el mosaico que incorpora a gran parte de la fuerza de trabajo, que confronta directamente los abusos, la chantaje y prepotencia del patrón. Existen, de hecho, menos de 1000 empresas en Portugal con más de 250 trabajadores. Sabemos también que el sector terciario, de servicios, engloba al 72% de los trabajadores en el país. Incluso admitiendo que existe una expresión significativa de grandes empresas industriales entre los 162 lugares de trabajo, e incluso si asumiéramos la suposición absurda de que cada uno de estos lugares de trabajo representaría 1000 trabajadores ―y contrariamente a lo que dice el informe― con una adhesión a la huelga del 100%, estaríamos hablando de un máximo imposible de 162,000 huelguistas contabilizados en todo el sector privado y social.

El PCP y los círculos marxistas ante el reflujo

El escrutinio de los informes de huelga de la CGTP y su contextualización en el marco de la economía portuguesa indican que no existe base ni fundamento para la proyección de los «más de tres millones» de huelguistas lanzada por la central sindical con ocasión de las dos huelgas generales. Sin datos o recursos que nos permitan hacer una contraestimación rigurosa, se vuelve, no obstante, evidente que las huelgas se habrán situado en la casa de los cientos de miles y no en los millones: nos parece más plausible trescientos mil huelguistas que tres millones.

No sabemos por qué este fue el número avanzado ―si fue un número llamativo arbitrario forjado para navegar la guerra mediática, o intentar atraer trabajadores en torno a una idea proyectada pero no concretizada de fuerza, o aún ganar músculo negociador para el pulso con el gobierno―. Puede haber sido también un error genuino, una atrocidad estadística hecha a través de extrapolaciones infundadas.

En cualquier caso, lo que fuimos observando en los días posteriores a la huelga fue cómo la realidad ejercía su fuerza gravitatoria sobre los defensores de esa frágil ilusión de triunfo. De hecho, el PCP que compone la dirección de la CGTP, donde antes proclamaba una adhesión transversal a la huelga, refería ahora solo «decenas» de empresas del sector privado afectadas[14]. Donde antes insistía en millones, posteriormente ya hablaba de «miles de trabajadores movilizados por la huelga»[15]. Lo hizo, está claro, de forma discreta, sin reconocer o contradecir abiertamente la narrativa anterior, ni reconocer error alguno. Lo hizo, posiblemente, para no abrir más los flancos a ataques fáciles, o también porque el mensaje contradice en demasía la experiencia real de muchos militantes y sindicalistas sobre el terreno.

Es un caso ejemplar de esta tensión latente a la disociación de la propaganda y la realidad, el post «Una reflexión sobre la huelga general ―con un comentario para nuestros primos a nuestra izquierda»[16] de la página (R)Existencia Colectiva, redactado por militantes del PCP. A pesar de que, para marcar el paso, comienza con la nota casi apologética de que «la adhesión a la huelga […] fue significativa», inmediatamente reconoce que «para quien está en el terreno, en los piquetes y en la construcción de la huelga es obvio que estamos en una fase de retroceso y débil conciencia de clase» y justo a continuación, refiriéndose a la distinción en Lenin de conciencia política socialista (más avanzada) y de conciencia sindical (más elemental y rezagada frente a la primera), hace la lectura severa de que «basta una hora en el terreno en contacto con los trabajadores para llegar a la conclusión de que ni la conciencia sindical está presente», relatando varios ejemplos de frases pronunciadas por trabajadores que marcan reserva o rechazo a la huelga. Nos reconocemos plenamente en esta evaluación.

A partir de ahí, sin embargo, da un salto y responsabiliza a los mencionados «izquierdistas» por la reducida expresión que la huelga habría tenido, atribuyéndola a su propensión a la crítica, a su diminuta participación en el trabajo de campo sindical, a las fantasías en torno a un papel «revolucionario» frustrado de la huelga y, finalmente, a la construcción irrelevante e inconsecuente de grupos de lectura. Escribe esto, sin detenerse un solo momento para plantear siquiera la posibilidad de la ineficacia del sindicalismo tal como existe en Portugal, encuadrado por la CGTP y la UGT, de la inadecuación del abanico táctico establecido y de sus estructuras, o de de los problemas de la estrategia del PCP en este frente.

Lamentablemente, los grupos marxistas (es decir, la reducida y fragmentada extrema izquierda) que buscan constituirse como un polo revolucionario alternativo al reformismo del PCP y del BE [Bloco de Esquerda], son menos rigurosos aún que incluso estos militantes del PCP que, de forma contradictoria, reconocen los contornos de un período histórico de marea baja en la lucha de clases. Como ejemplo paradigmático de ello, en la huelga general del 11 de diciembre, con motivo de la manifestación espontánea en Oporto que reunió a algunos cientos de personas tras la concentración oficial convocada por la CGTP, el discurso de Unidad Popular tomaba la huelga como prueba del quiebre inminente de la economía capitalista en Portugal y otros colectivos clamaban la proximidad de la revolución venidera[17].

Otro caso ejemplar es Esquerda Revolucionaria, otro colectivo que no modera el optimismo de la voluntad por el pesimismo de la razón, sino que subsume la razón en el cultivo de una cosmovisión asentada en el sebastianismo de las falsas mayorías, con la insurgencia siempre a la vuelta de la esquina (o en la mañana de niebla). En una serie de artículos, sobre la solidaridad con la causa palestina, la resistencia a la violencia machista o el combate a la opresión de la población inmigrante, el grupo idealizaba las huelgas generales entonces venideras como el instrumento inmediato para articular estas luchas o poner como objetivo inmediato la «expropiación y control democrático de la banca (…) y de las grandes empresas»[18]. El eslogan de la huelga general surge aquí como un atajo mágico dentro de una caja negra, el mito soreliano, que permitiría esquivar mágicamente todas las tendencias chovinistas, las contradicciones y procesos estructurantes de estratificación que conforman la población asalariada o la hegemonía de las tendencias reformistas, liberales o reaccionarias en la clase trabajadora, haciéndola pasar, de forma furtiva, al campo de la revolución[19].

La ER reproduce, por tanto, naturalmente, sin cuestionamiento o duda, el retrato y los números de la CGTP, pero va más lejos[20]. Para el grupo, existiría una presión inmensa de las masas trabajadoras que clamaban por una acción más osada, más manifestaciones y huelgas generales en mayor número y duración ―un espíritu activista generalizado en la clase que sería contenido y sofocado por el corsé de la máquina burocrática de las estructuras sindicales y el autosabotaje maquiavélico y disimulado de sus direcciones―. Decían, por ejemplo, en marzo, que «El 11 de diciembre la clase trabajadora demostró su enorme fuerza y determinación para combatir a este gobierno. Pero sus direcciones se niegan a convocar una nueva huelga general. Si por un lado el sindicalismo burocrático es presionado para actuar por sus bases, por otro teme que la clase trabajadora se salga de su control con nuevas huelgas generales»[21]; o en abril que «el objetivo de las huelgas y manifestaciones, lejos de hacer avanzar la organización y conciencia de la clase trabajadora, es pervertido por las burocracias sindicales, se convierte en una válvula de escape y en una forma de avance de sus intereses burocráticos. Es necesario superar estas direcciones burocráticas y construir una nueva huelga general combativa, democrática y de clase contra la ofensiva de los patrones y de su gobierno»[22]. Aquí, de forma reveladora, el autoengaño fácil de la realidad lleva a la identificación de chivos expiatorios limpios y convenientes, que nos eluden de un análisis más profundo del movimiento sindical.

Esta aceptación acrítica de la narrativa de la potencia inagotable y de la expresión hegemónica de las dos huelgas se repite de forma más moderada en los análisis de Trabajadores Unidos o, en menor grado, del Colectivo Comunista Revolucionario, que exaltan de forma miope y excesiva la amplitud de la movilización de la primera huelga, reconociendo, a pesar de todo, limitaciones sectoriales que acaban por nunca definir de forma concreta[23]. Es necesario, de cualquier modo, señalar que estas reservas son más extensas en la evaluación que ambos hacen de la segunda huelga, que entienden como significativamente más débil[24]. La ER ni eso hace, evaluándola como igualmente «arrolladora»[25].

Aun así, los tres grupos trotskistas acaban convergiendo en el mismo esquema de propuesta general: más huelgas generales (reivindicadas de forma repetida y consistente por los tres en los años anteriores al anuncio del paquete laboral en el verano de 2025, y exigidas en el seguimiento inmediato de la huelga general de diciembre), plenarios y comités de huelga democráticos en todas las empresas y lugares de trabajo del país. Nunca admiten la posibilidad de que, aunque domesticada por su encuadramiento institucional en el aparato estatal burgués, por la inercia burocrática, por la legalidad vigente o por la financiación estatal y europea, la CGTP no deja de pulsar el botón mágico de la huelga general, no tanto por autosabotaje, estupidez o miedo a desatar, en la clase trabajadora portuguesa, amplias fuerzas revolucionarias subterráneas difíciles de contener, sino porque es consciente de la dificultad, en el periodo histórico actual, de mantener activa y movilizada a la masa de trabajadores a la que pretende convocar a la acción. De esto es ejemplo la dificultad de sostener la adhesión, ya de por sí muy limitada como se expuso anteriormente, de la primera huelga a la segunda. Del mismo modo, se eximen del ejercicio lógico de reconciliar la admisión de la baja densidad sindical en el sector privado con la exigencia de la formación de órganos democráticos de lucha en todas las empresas en vísperas de una huelga, buscando sustituir un trabajo de hormiga de arraigo y reorganización que solo puede concebirse, fuera de una crisis revolucionaria, en el plano temporal de años y décadas, por la ilusión de un blitzkrieg de última hora de contacto con los trabajadores, que la central sindical podría, de algún modo, efectivamente activar[26].

Incluso el Coletivo Ruptura, más atento a las contradicciones reales que atraviesan y constituyen a la clase, pecó por un entusiasmo sin raíces en el contexto real del movimiento. En vísperas del 11 de diciembre, afirmaba que «esta huelga puede transformarse en un verdadero punto de inflexión en la lucha de clases en Portugal, cerrando el largo ciclo postroika y abriendo una nueva fase en el enfrentamiento entre el trabajo y el capital»[27]. En la publicación lanzada en vísperas del 3 de junio, de análisis de la primera huelga general, ya moderaba el optimismo y admitía que «Es aún incierto si esta huelga general constituye un punto de inflexión en la lucha de clases, la apertura de un nuevo ciclo de luchas con todo lo que eso implica […] o solo una excepción en la secular tendencia de pérdida de relevancia del movimiento sindical en la sociedad portuguesa»[28]. Aun así, admitiendo el contexto de reflujo y la escasa movilización entre los sectores más proletarizados de las clases trabajadoras en Portugal, en particular, los inmigrantes o la población racializada de las periferias, asumía una postura agnóstica en la evaluación de la fuerza de la huelga. Es decir, abdicaban de proponer un análisis sobre la posible dimensión de la huelga, necesaria para, a partir de ella, fundamentar sus tareas como marxistas. Hacían esto apelando a la separación de calidad y cantidad, como si la incapacidad de la huelga de extenderse numéricamente a los vastos sectores más afectados por la precariedad y el empobrecimiento no fuera ya expresión de la dificultad de hacer emerger nuevas subjetividades proletarias. Esta fue, nos parece, una posición políticamente cobarde.

¿Por qué son importantes los números?

Los datos que cuentan la historia reciente de la organización económica de los trabajadores en Portugal no dejan margen a dudas sobre el escenario real de retroceso y debilidad del movimiento. Si en 1977 la tasa de sindicación se situaba en el 63%, en 2020 ya había bajado drásticamente a cerca del 13,9%[29]. Los informes más recientes apuntan aún a una tasa del 7% de sindicación en el sector privado en 2024[30]. Admitimos que los números de afiliación formal de la década de 1970 eran anormalmente altos y resultaban simultáneamente de la herencia del modelo corporativista fascista y del legado de la crisis revolucionaria de 1974/1975, pero debemos estar atentos a los patrones que la bajada de la marea dibujó en la arena. Son precisamente los sectores más pobres, segregados y precarizados los que quedaron huérfanos de la organización de masas clasista, y los segmentos cualificados y corporaciones profesionales tendencialmente más privilegiados los que se mantienen en mayor importancia bajo el amparo sindical[31].

Los datos sobre la actividad huelguística refuerzan, de forma aún más concreta, el escenario desolador. La serie de números oficiales de que disponemos comienza solo en 1986, cuando ya se encontraba en curso la contracción y ruina de sectores sustanciales de la industria nacional y, con ella, la descomposición de la clase y del movimiento obrero. Aun así, la dimensión de la caída es claramente visible: de 382 mil días de huelga perdidos en ese año, a 89 mil en 2024, en el pico del ciclo económico pospandémico, pasando aún por años de actividad residual, como 12, 27 o 47 mil días perdidos en 2016, 2017 y 2022, respectivamente[32]. Hablamos de una caída del 77%, en el mejor de los casos, tomando 2024 como referencia; o de cerca del 97%, si tomamos los números de 2016[33]. ¡El cuadro de declive se agrava tanto más si tenemos en cuenta que, en el mismo período, el número de trabajadores asalariados en Portugal aumentó más del 52%! Y se vuelve casi brutal si, en lugar de tomar 1986, año ya de reflujo, como punto de referencia, recurrimos a las estimaciones de 1979, que apuntaban a algo así como unos casi incomprensibles 1,632 mil días perdidos en huelga[34].

Si nada de esto basta para convencer de que el rey va desnudo y que los tres millones de huelguistas son una fábula fantástica, que sirva entonces la memoria de la huelga general de 1982. La primera convocada después del 25 de Abril ―en un contexto en el que más de la mitad de la población trabajadora estaba formalmente organizada, en el que las huelgas atravesaban a ritmo recurrente los varios sectores de la economía y la memoria de la revolución era cercana y presente― habría movilizado, de acuerdo con los números naturalmente maximalistas de la propia CGTP (y también en aquel entonces disputados), cerca de 1,5 millones de trabajadores de un total de 2,74 millones, o cerca del 54,7%. Número que, según las fuerzas de la izquierda, pudo ser superado por las 2 huelgas generales recientes en un contexto en el que la propia organización y conciencia sindical se ha ido desgastando hasta el hueso[35].

Por último, es importante dejar una nota sobre el proletariado inmigrante. Es un sector que es especialmente invisibilizado por los datos oficiales, por la multiplicación de casos de residencia en Portugal en situación ilegal o no regularizada ―una situación que solo tenderá a aumentar con la nueva ley de inmigración, que precisamente dificulta la regularización y facilita los abusos de los patrones―. Constituyen uno de los sectores más vulnerables y explotados, por un lado, y de los menos abarcados por las organizaciones formales económicas de la clase, por otro[36].

No queremos con este artículo desmerecer la convocatoria de las huelgas generales como instrumento de lucha de los sectores organizados de las clases trabajadoras contra la ofensiva de los patrones representada en el paquete laboral, y que se mostró, por lo demás, suficientemente eficaz en el condicionamiento político de los partidos de la oposición. Como apuntamos al principio, nos parece claro que la huelga general abrió un polo de disenso en la fachada burguesa de la opinión pública y articuló fuerzas de oposición con mayor efectividad de lo que podría cualquier diputado de izquierda en las tribunas del parlamento. A pesar de su naturaleza de hecho sectorial y de su expresión social limitada, tuvo un impacto relativo en los circuitos rutinarios de acumulación capitalista ―a actividad económica tuvo una caída del 6,3% el 11 de diciembre y del 5.1% el 3 de junio― lo que no ha dejado de representar una piedra en el zapato de la burguesía portuguesa[37].

Pero el hecho es que, ante la fuerza de la voracidad y del hambre del capital, para hacer más que frenar los intentos de un gobierno frágil asentado en un parlamento dividido, para impedir que el enemigo reagrupe fuerzas, para forzar concesiones o imponer la retirada de la armada capitalista de las posiciones avanzadas que ocupa, se necesita realmente más que una piedra en el zapato. Tal vez sea necesario un canto en la cabeza o, como mínimo, gangrena en la pierna. La proyección de números inflados, buscando la admiración de los telespectadores del telediario, no nos parece útil ni consecuente para este fin.

El papel de los marxistas no es negar la realidad, proyectando escenarios de ascenso victorioso de la lucha de clases en el que es el largo ciclo histórico de reflujo del movimiento emancipatorio del proletariado. Meter la cabeza en la arena nos impide trazar las tareas esenciales para anclar las fuerzas diminutas que subsisten y desarrollar una estrategia que les permita desplegarse y crecer. Más aún, la ilusión y la impostura conducen a la negación de las transformaciones necesarias y de la corrección de errores de raíz, como en el caso del PCP, o a la identificación de las tareas equivocadas, como en el caso de varios de los grupos marxistas. En el caso de estos últimos, que se sitúan en el mismo campo que nosotros, las anteojeras autoimpuestas reducen sustancialmente el terreno de las tareas a la disputa de la dirección de las organizaciones de masa, negándose a reconocer que su carácter de masa y de clase está puesto en cuestión por el devenir del curso de la historia.

Nos parece que nos queda abrazar el carácter revolucionario de la verdad, por muy desmoralizante que su espectro pueda parecernos. Proponemos desarrollar en el futuro un análisis que sitúe los procesos del reflujo sindical en un estudio más detallado de la transformación histórica de la clase y a través de él sugerir algunas de las tareas que se plantean. Pero, por ahora, creemos que están reunidos elementos suficientes para afirmar que urge reorganizar y reconstruir la tierra de nadie, porque, sin devolver al proletariado las armas para luchar por el presente, ningún ejército fantasma nos llegará para vencer el futuro.


[1]https://www.rtp.pt/noticias/pais/cgtp-estima-que-mais-de-tres-milhoes-de-trabalhadores-aderiram-a-greve-geral_n1703727 e https://sicnoticias.pt/pais/2026-06-03-greve-geral-fecha-metro-de-lisboa-suprime-comboios-cancela-voos-e-afeta-setor-da-saude-2f540823 ↩︎

[2] (Datos de 2025) https://www.pordata.pt/portugal/populacao+empregada+total+e+por+situacao+na+profissao+principal+-35 ↩︎

[3] https://ec.europa.eu/eurostat/web/products-eurostat-news/w/ddn-20260501-1 ↩︎

[4] https://www.gep.mtsss.gov.pt/documents/10182/37639/siess202604.pdf/9038f765-af60-449b-82f5-a9409d7c20c0 Por otra parte, si preferimos destacar la estacionalidad, podemos utilizar, a título provisional, las cifras de junio de 2024 y 2025 sobre los beneficiarios de la prestación por enfermedad, que ascienden a 168 688 y 156 947 personas, respectivamente:

https://www.gep.mtsss.gov.pt/documents/10182/37639/siess202406.pdf/8adc4b1f-7bb1-4319-be38-abf15be07af4 https://www.gep.mtsss.gov.pt/documents/10182/37639/siess202506_final.pdf/0ecead05-ca2b-4fe6-ade6-7179f9f1a14d ↩︎

[5] Informe sobre la huelga general de diciembre: https://www.cgtp.pt/images/images/2025/12/Listagem_19h20.pdf y de junio: https://www.cgtp.pt/images/images/2026/06/LISTAGEM18H00.pdf ↩︎

[6] El recorte de los informes en un 45 % no nos parece algo inocente. Un trabajador tenderá a tener más confianza (y a sentir una presión social positiva) para ir a la huelga cuando la presencia sindical en su lugar de trabajo sea más fuerte y se sienta seguro gracias a la fuerza del número y a la solidaridad colectiva. Por el contrario, los trabajadores aislados, aunque puedan estar de acuerdo con las reivindicaciones planteadas, al no poder contar con el apoyo de sus compañeros y carecer del marco que proporcionan la organización y la acción colectivas, tenderán a sentirse más vulnerables ante las represalias patronales y tendrán una mayor tendencia a no sumarse a la convocatoria de huelga. La excepción la constituyen los militantes, más convencidos e intrépidos, pero que forman una minúscula minoría, con un impacto, por consiguiente, muy marginal en las cifras generales. Los datos de la CGTP lo confirman. Si en el informe de junio figuran 204 centros de trabajo con un 100 % de adhesión a la huelga (excluyendo aquí los centros de trabajo que simplemente cerraron) o 86 con una adhesión entre el 90 % y el 99 %, los centros de trabajo con menos del 50 % de adhesión son solo 5. ↩︎

[7] De hecho, el porcentaje real podría ser menor si tenemos en cuenta la superposición de relaciones contractuales; por ejemplo, más de la mitad de los médicos del SNS compaginan su trabajo con el sector privado.

https://www.cfp.pt/uploads/publicacoes_ficheiros/cfp_rel-09-2025.pdf  https://www.dgaep.gov.pt/index.cfm?OBJID=ECA5D4CB-42B8-4692-A96C-8AAD63010A54
↩︎

[8] El impacto en un examen nacional es especialmente notable, ya que una participación relativamente baja de profesores, auxiliares operativos, técnicos administrativos o personal necesario para la supervisión puede impedir que muchos alumnos realicen el examen.

[9]https://www.pordata.pt/portugal/estabelecimentos+nos+ensinos+pre+escolar++basico+e+secundario+publico+total+e+por+nivel+de+ensino-1241 ↩︎

[10]https://www.fenprof.pt/a-fenprof-e-os-professores-nao-se-remetem-ao-papel-de-meros-espectadores ↩︎

[11] https://www.pordata.pt/portugal/empresas+total-2854 ↩︎

[12]https://www.cig.gov.pt/wp-content/uploads/2024/12/BE-2024_11_26_FINAL-trabalho-emprego.pdf ↩︎

[13]https://www.ine.pt/ngt_server/attachfileu.jsp?look_parentBoui=734566092&att_display=n&att_download=y ↩︎

[14]https://x.com/pcp_pt/status/2062182438663545344 https://www.abrilabril.pt/trabalho/os-trabalhadores-do-sector-privado-nao-queriam-esta-greve-fomos-avaliar ↩︎

[15] https://www.instagram.com/p/DZdefAakrqm/ ↩︎

[16] https://www.instagram.com/p/DZSx53zAsNJ/ ↩︎

[17] https://www.instagram.com/p/DSfrrZxjUdz/ ↩︎

[18] Por ejemplo, aquí:

https://www.esquerdarevolucionaria.net/index.php/nacional/politica/greve-geral-gaza-detidos-flotilha o https://www.esquerdarevolucionaria.net/index.php/feminismo/8m-2026 o https://www.esquerdarevolucionaria.net/index.php/anti-racismo/trabalhadores-imigrantes-greve-geral ↩︎

[19] George Sorel, ideólogo francés para quien la huelga general de masas servía como mito para movilizar de forma fanática y religiosa a las masas hacia la lucha. Muchos de sus discípulos acabaron convirtiéndose en partidarios del fascismo.

[20]https://www.esquerdarevolucionaria.net/index.php/nacional/movimento-operario/gg-11-dezembro ↩︎

[21] https://www.esquerdarevolucionaria.net/index.php/nacional/politica/editorial-45 ↩︎

[22]https://www.esquerdarevolucionaria.net/index.php/nacional/movimento-operario/sindicalismo-greve-geral ↩︎

[23]https://trabalhadores-unidos.pt/2025/12/22/e-depois-da-greve-geral/
o https://www.comunistasrevolucionarios.pt/uncategorized/a-greve-geral-um-cata-vento-reacionario-e-o-barometro-da-luta-de-classes/ ↩︎

[24]https://trabalhadores-unidos.pt/2026/06/10/depois-da-greve-geral-continuar-a-luta/ y https://www.comunistasrevolucionarios.pt/trabalho/o-pacote-nao-foi-ao-chao-e-agora/ ↩︎

[25]https://www.esquerdarevolucionaria.net/index.php/nacional/movimento-operario/queda-pacote-laboral-passar-a-ofensiva En este último artículo, publicado ya durante la fase de cierre y envío de nuestro texto, la Izquierda Revolucionaria va aún más lejos, inventándose cifras exageradas y algo extrañas, que ni siquiera la propia CGTP defiende, sin citar en ningún momento ninguna fuente.

[26]https://www.esquerdarevolucionaria.net/index.php/nacional/movimento-operario/sindicalismo-greve-geral  https://www.esquerdarevolucionaria.net/index.php/nacional/politica/editorial-44  https://www.comunistasrevolucionarios.pt/uncategorized/viva-a-greve-geral/ https://trabalhadores-unidos.pt/2025/11/10/preparar-a-greve-geral-para-vencer/ ↩︎

[27] https://coletivoruptura.wordpress.com/2025/12/09/a-greve-e-so-o-inicio/ ↩︎

[28]https://coletivoruptura.wordpress.com/2026/06/02/reflexoes-sobre-a-greve-geral-de-dezembro/ ↩︎

[29] https://expresso.pt/economia/trabalho/2023-03-19-Sindicalizacao-cai-de-63-para-153-em-quatro-decadas-b5815832 y https://www.oecd.org/content/dam/oecd/en/data/datasets/oecd-aias-ictwss/Portugal.pdf ↩︎

[30] https://www.gep.mtsss.gov.pt/documents/10182/10925/befev2026.pdf/2ba87663-9596-4ecd-aec1-0e26e4f0ce63 ↩︎

[31] https://www.publico.pt/2025/12/10/sociedade/noticia/ganha-sindicaliza-explicase-2157529 ↩︎

[32] Admitimos la posibilidad de que la paz social negociada en el marco de la «Geringonça» haya servido para frenar en cierta medida la actividad sindical en los años concretos de 2016 y 2017, aunque, incluso en este caso, cabe señalar que la actividad de huelga siguió los patrones observados en 2014 y 2015 bajo el Gobierno del PSD/CDS. ↩︎

[33]https://www.pordata.pt/portugal/greves+dias+de+trabalho+perdidos+por+setor+de+atividade+economica-70 ↩︎

[34] https://run.unl.pt/entities/publication/8421dfb7-867d-40f0-a7c3-a45c53f963a3 ↩︎

[35] https://avante.pt/pt/1734/emfoco/18454/Greve-geral-fez-25-anos.htm ↩︎

[36] La participación de los trabajadores inmigrantes también es significativa en sectores en los que la formalización laboral sigue siendo un proceso en curso, como es el caso de los repartidores de las aplicaciones, que no pueden afiliarse a un sindicato.

[37]https://www.rtp.pt/noticias/economia/dia-da-greve-geral-atividade-economica-teve-quebra-de-51-a-3-de-junho_n1746492 ↩︎

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